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Sun, Feb

Carta de despedida a mi padre, Emilio Molla

Carta de lectores
Tipografía

Emilio Molla (h) escribe una sentida carta al cumplirse una semana de la partida de quien fuera un querido y respetado vecino de esta comunidad.  

 

Sr. Director:

El día Viernes pasado mi padre, Emilio Molla, dejó esta vida. Desde Julio pasado su salud había sido presa, lentamente, de una tormenta, debimos entregarnos de lleno a navegarla, transitarla palmo a palmo, jugando al gato y al ratón con la COVID. Finalmente, cuando veíamos la costa no tan lejana, la tormenta no lo dejó salir, lo atrapó la ola que tanto evitamos y lo llevó consigo. Mi consuelo es aquello que quisiera que fuera cierto, que así pudo reunirse una vez más con mi madre, así como el extraño cielo de sábado siguiente fuera su entrada a él. Pero son sueños, creados por el amor, el dolor, la impotencia.

Muy pronto para escribir sobre él, no sólo un par de carillas podría escribir sobre él, más bien unos cuantos cientos de páginas. Complejo, inquieto, dejó una gran colección de memorias escritas, apuntes y ayuda memoria, en una forma única en las que acomete la narración sin pronunciar un solo YO. Quizá muchos no tengan idea de quien era, sólo conocían al señor mayor que casi siempre vestía ropa grafa, fumador constante que tomaba su café en la esquina de calle Inacayal. Venido aquí por un proyecto de ruta concretado y materializado del que mejor no voy a hablar, dispuso asentar la suerte y destinos familiares en Villa La Angostura.

Agradezco a todos aquellos que enterados de su suerte me han escrito, agradezco también a quienes a pesar de saber no lo han hecho ya que lo exime de todo nexo. Personas y partido en que militó con su pasión característica, instituciones y organismos en los cuales se desempeñó. Una historia de vida en esta localidad vió escurrirse veloz como el agua este verano sin calma ni piedad. Agradezco la dedicación, calidad humana y gestión de todos los profesionales médicos del ámbito privado que lo trataron y aquellos del ámbito público, no pudiendo dejar fuera ni uno solo de los miembros del personal de salud del hospital local.

Sin dudas mi padre amaba vivir, había devorado la vida, y había experimentado los mejores sentimientos y los más profundos sinsabores. Como dijera alguien hace muy poco, lo único que tenía en común con los tipos simples eran sus hombros anchos. Perspicaz e inteligente siempre supo que tan difícil tenía las cosas y cuantas posibilidades habían de escapar a este destino.

En Angostura deja mucho trabajo realizado, con la convicción de que al presente queda algo mejor a lo que fue, sin embrago esto no disminuye la tragedia del fin de la vida. Para quienes aún no lo saben, ha muerto mi padre, su vecino.

Emilio R. Molla (hijo)

Villa la Angostura