20
Sun, Sep

“El ingreso de segunda residencia contribuiría de modo genuino a la economía languideciente”

Carta de lectores
Tipografía

Luis Garcìa, quien tiene una propiedad en nuestra localidad como segunda residencia, expresa "el verano está a la vuelta de la esquina y si no empiezan ya a entrever alternativas tal vez sea tarde y el estío se les venga encima".

 

Sr. Director:

Según el Libro del Apocalipsis Jesús abrió cuatro sellos de un pergamino sostenido por Dios en su mano, liberando a cuatro jinetes: el jinete de la conquista, el jinete de la guerra, el jinete del hambre y el jinete de la muerte. Según se dice, “Se les dio poder sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con la espada, con el hambre, con la peste y con las fieras de la tierra” (Biblia de Jerusalén, Apocalipsis 6, 8).

Es altamente disputable si el Apocalipsis es un adelanto profético del fin de la humanidad en la tierra, tal como la conocemos, que anuncia catástrofes frente a las que nada podemos hacer salvo convertirnos y propagar una determinada fe. En cualquier caso, allí se describen dos actitudes: convertirnos a una determinada fe, aferrarnos a una esperanza sobrenatural, o salir en huida abatidos y aterrorizados y refugiarnos en cuevas en la roca, que también aplastará a los temerosos (Ap. 6, 12).

El COVID-19 ha irrumpido en nuestras vidas a grupas del cuarto jinete del Apocalipsis.

Tengo una casa en la Villa, aunque no resido de modo permanente, paso en ella largas temporadas que suman aproximadamente cinco meses al año. Mi casa en la Villa es mi segunda morada, y todo lo que sucede en ella es de mi interés. Leo las noticias y tengo la impresión de que las autoridades locales y una parte importante de los residentes permanentes están paralizados frente al cuarto jinete del Apocalipsis, y la única respuesta sistemática que han tenido es cerrar las puertas a los extraños, como en las ciudadelas medievales, y esconderse en sus cuevas, en la esperanza de que el jinete de la Peste no traspasará las murallas y que tal vez algún día habrá una vacuna.

Todas las medidas de flexibilización del confinamiento tomadas hasta ahora tienen efecto sólo entre los habitantes de la Villa, las puertas de las murallas siguen cerradas. Es engañoso pensar que las recientes flexibilizaciones habilitando el tránsito de personas en una micro región son algo superador. En realidad lo que se ha hecho es ampliar las murallas, conteniendo a los habitantes de poblaciones de zonas libres de virus. Las murallas siguen cerradas para los no residentes en la micro región. Las únicas excepciones se fundan en razones egoístas: bajo estrictísimos protocolos pueden entrar extraños que proveen de alimentos, medicamentos y otros elementos esenciales para sobrevivir.

Mi impresión es que las murallas no podrán permanecer cerradas por tiempo indefinido, porque los efectos económicos de la falta de circulación de bienes y de personas ya se sienten en los comercios en general y en particular en las ramas de gastronomía, hotelería y otras dependientes del turismo. También habrán de sentirse en la merma de ingresos públicos locales y provinciales, ya sea por la caída de la facturación, sea por los subsidios o excepciones de tasas que se dan para aliviar en parte la situación de los contribuyentes.

Catorce filiales de la Región Patagonia de la Federación Empresaria Hotelera Gastronómica de la República Argentina (FEHGRA) han clamado que la hotelería “se encuentra en estado terminal” y que la gastronomía “agoniza”, han pedido leyes especiales, subsidios estatales y otras dispensas; además han reclamado un ordenamiento nacional "urgente" con definiciones "claras y reales" sobre la apertura de rutas y la actividad aerocomercial. La situación de los comercios, hoteles y empresas gastronómicas y turísticas de la Villa no escapa a ese clamor general.

¿Qué pueden hacer las autoridades de la Villa para superar la situación? Mantener cerradas las murallas y alentar a sus residentes a recluirse en sus cuevas, a la espera de que aparezca una vacuna o que el virus desaparezca por evolución espontánea, o tomar medidas progresivas y racionales, en coordinación con las autoridades provinciales y nacionales, para volver a alguna forma de normalidad. Rechazo el uso del término “nueva normalidad” porque éste es un eufemismo que encubre un estado excepcional o de emergencia que nada tiene de normal.

La primera opción radica en una actitud optimista sin base objetiva, esto es en la creencia o esperanza de que sin nuestra intervención la vacuna aparecerá, o el virus se extinguirá naturalmente. Esta es una confianza irracional sobre hechos ajenos a nuestro dominio. La segunda opción radica en otra forma de esperanza, no en una sobrenatural, ni en una vana confianza, sino en usar nuestro coraje para asumir que estamos en el mundo como agentes, y que podemos entrever alternativas para convivir con el virus, acotando los riesgos de contagio. Es necesario estimular la resiliencia en las autoridades y residentes, es decir, estimular actitudes que permitan superar creativamente situaciones adversas o dolorosas.

Es necesario reemplazar el terror al contagio por la precaución y prevención. No menosprecio el hecho de que en la Villa hubo inicialmente sólo cuatro casos “importados” que se han superado, y que recientemente se ha confirmado un caso de una residente cuyo origen de contagio no ha sido aún determinado.

El desafío es cómo convivir con el virus, aislando a los contagiados o a los casos sospechosos, para evitar la circulación comunitaria. Tan bajo número de casos puede ser entendido por algunos como una bendición, pero se transformará en una maldición para la Villa en su conjunto si se cree que la única medida practicable es mantener cerradas sus murallas hasta que aparezca la vacuna o el virus se extinga.

Hace varias semanas el Secretario de Turismo anunció que se examinaban las condiciones bajo las cuales podría autorizarse el ingreso de propietarios no residentes. Como suele suceder, las burocracias tapan con silencios de radio los sonidos alentadores. Es de alentar que se avance en esa línea. Esta iniciativa, además de satisfacer los deseos individuales de muchos propietarios, que siguen pagando a la Provincia y a la Villa impuestos, tasas y servicios por bienes de los que no pueden gozar, podría ser un paliativo a la sequía económica.

El ingreso de segunda residencia contribuiría de modo genuino a la economía languideciente de sus comercios. Me adelanto a los eventuales residentes que objeten que mi visión es interesada porque soy un propietario no residente. En todo caso, es tan interesada como la del residente, porque éste no es un observador externo al problema.

Mi propuesta es que, sin embargo, mis intereses no deberían ser antagónicos con los de los residentes, sino cooperativos, porque ni ellos ni yo tenemos interés en ser contagiados y en propagar el virus que no distingue entre residentes y no residentes, de modo que las medidas de distanciamiento y eventual aislamiento no deberían ser diferentes entre unos y otros. En todo caso es responsabilidad de las autoridades locales ocuparse de establecer protocolos razonables y promover ante las autoridades nacionales la adopción de medidas específicas para autorizar la circulación a la segunda residencia.

Ese sería un comienzo, aunque por cierto insuficiente. Las autoridades locales anuncian que tienen “esperanzas” de que habrá temporada de verano. Lo que tienen que hacer es poner manos a la obra, ya y ahora, para elaborar protocolos que permitan admitir alguna clase de turismo, porque el verano está a la vuelta de la esquina y si no empiezan ya a entrever alternativas tal vez sea tarde y el estío se les venga encima.

Para eso no sólo deben escuchar los cascos del corcel del jinete del Apocalipsis, deben interactuar con comerciantes, empresarios gastronómicos, hoteleros, y de servicios turísticos para identificar cuáles serían las medidas de apertura factibles, y deben empatizar con los no residentes interesados en venir a la Villa, explicando y comunicando claramente las restricciones que deberán observar. Juan Aubert ha publicado hace poco en este diario una exhaustiva hoja de ruta que vale la pena examinar.

Al jinete del Apocalipsis no se lo vence ocultándonos en cuevas. La Villa ha dado cabal muestra de coraje y resiliencia frente a la erupción del año 2011 y el Apocalipsis no aconteció, puede hacerlo nuevamente imaginando alternativas a la parálisis y el miedo.

 

Luis M. Garcìa 

D.N.I. 13.410.464

Olivos 

 

Nuestros comentarios son un espacio de conversación y debate. Recibimos con gusto críticas constructivas, pero nos reservamos el derecho a eliminar comentarios o bloquear usuarios agresivos, ofensivos o abusivos.