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Mon, Dec

Historias angosturenses: “Ser pobre no es una excusa, ni mucho menos un impedimento”

Carta de lectores
Tipografía

El joven Ramiro Vidal escribe sobre todas las peripecias y sacrificios que debió superar para cumplir finalmente una meta, recibirse de Profesor de Educación Física. 

 

Sr. Director:

Todo empezó a los 9 años, en un pueblito llamado Villa la Angostura.

Vengo de una familia súper humilde y de escasos recursos, me crié en piso de tierra y con calefacción a leña, donde a las 7 de la mañana acompañaba a mi abuela a darle maíz a sus gallinas y comida a sus animalitos (perritos).

Nunca entendía lo que me quería decir mi abuela, Selvia Vidal antigua pobladora de Villa La Angostura, con eso de que: “estudie hijito así la vida no le cuesta tanto…”

A los 9 años tuve una charla muy profunda con una de mis maestras de la escuela 104, recuerdo patente su nombre, seño Eleonora. Ella siempre me preguntaba cuál era mi sueño, el cual yo no podía responder desde la razón, pero sí desde la fantasía, y siempre respondía algo nuevo, ella se reía con mis ocurrencias, pero me decía: "vos viniste para cosas lindas a esta vida…"

Fueron pasando los años, la vida era un poco difícil, fui creciendo, trabajando y estudiando paralelamente, no podía dejar de trabajar ya que, si no lo hacía, era sinónimo de que algo faltaría en casa, igual reconozco que no me gustaba hacerlo mucho (risa), pero, en fin, tenía que hacerlo.

Recuerdo que siempre trabaja con un tío, el cual me enseñó muchos valores de la vida, sobre todo ser responsable y respetuoso, pero sobre todas las cosas agradecido y educado, recuerdo que me decía  “yo te llevo a trabajar, pero a la tarde te vas a la escuela”. Yo, enojado, lo hacía… hasta que con el correr del tiempo, lo terminé adoptando como forma de vida, trabajar y estudiar era algo lindo, sano y que me agradaba hacerlo, costó, pero lo automaticé (risas)

Así fui creciendo, poco a poco, con altos y bajos, incluso pensaba que la vida era injusta conmigo, pero todo tenía un propósito, aprender.

A los 16 años comencé con una actividad que sin duda me cambiaría la vida, el deporte, específicamente el atletismo, deporte que me dió todo, alegrías, tristezas, debilidades y fortalezas, sobre todo este último, espiritual. Tuve la bendición de encontrarme en el camino a un gran ser humano, que no solo fue mi entrenador, sino, que un padre, al cual agradezco eternamente, al sr. Carlos Quintana, fue mi guía, mi protector, fue gracias a quien logramos llegar a lo más alto del deporte de alto rendimiento en atletismo, consagrándonos campeones argentino en la categoría de menores, año 2008, digo campeones porque sin él no hubiera llegado a ningún lugar, yo ponía el cuerpo, las garras , la genética, y él, el conocimiento y el amor por un deporte.

Fueron pasando los años, y aun las cosas costaban, costaba estudiar (terminar el secundario), porque tenía que seguir trabajando y estudiado, pero recuerdo que llevaba el material para estudiar y leer mientras descansaba a la hora de la comida, terminaba de leer comía rápido, y a las 4 de la tarde, tenía que estar en la pista de atletismo, porque para mí entrenar era más sagrado que cualquier cosa. Terminaba de entrenar, iba a casa, me pegaba un baño y tenía que salir corriendo al colegio, gracias que estudia en un colegio nocturno, Cpem n° 17, en el cual, también me protegían, los porteros que me tenían la merienda lista, los profesores que esperan porque sabían que siempre llegaba tarde, fue hermoso, no puedo decir nada negativo al respecto.

Terminaba mi etapa en el nivel medio, y algo había que hacer, si: ¡trabajar! Jaja!

Trabaja por todos lados, desde cortar pasto, pintar casas, ayudante de construcción, lo que fuere, algo había que hacer, hasta que por esas cosas de la vida conocí gente hermosa, que me dieron una mano tremenda. Quienes me protegieron y me acobijaron en la capital neuquina, la familia Jure y Obreque, grandes amigos y hoy por hoy una familia más de mi vida, quienes me enseñaron de valores, de lealtad, amor y solidaridad, así innumerables cosas. Fueron años hermosos, trabaje durante muchos años en mundo del petróleo, en vaca muerta, gracias a esta familia que me dio la posibilidad de hacerlo.

Se me prendió la lamparita! Dije "esta es mi oportunidad", todo el mundo sabe que, en este rubro, las remuneraciones y salarios son elevados, en comparación a otros rubros, entonces dije: "tengo que aprovechar, invertir y ahorrar para hacer lo que siempre me gusto, estudiar".

Así fue, ahorré durante muchos años, peso por peso, moneda tras moneda, e hice una locura para muchos, pero para mí era un paso importante en la vida, renuncié a mi trabajo, casi me matan, pero yo siempre fui un loco soñador, y sabía que tenía a Dios de mi lado, una familia hermosa (mama, hermanos/ hermanas) y un grupo de amigos que sabía que jamás me iban a abandonar, pero siempre lo hice con fe y con amor, con errores, aciertos, como cada situación y decisión de la vida…

Comencé mis carreras universitarias, me enamoré de las letras y de la lectura, traté de dar lo mejor de mí siempre, en cada paso que daba, pasé necesidades de toda índole, pero jamás me permití caer, y cuando lo pensaba hacer tuve a personas maravillosas que jamás me dejaron caer, desde mi familia, amigos/as, docentes, y personas maravillosas que conocí en la vida, siempre tuve ese aliento que necesité, siempre tuve esas ganas de ir tras mis sueños, con la certeza de que algún día , este pobre soñador, podría cumplir algunos de sus tantos sueños, agradezco infinitamente a las personas que voy a mencionar al finalizar el escrito, porque sinceramente sin ellos/as, no hubiera logrado nada, fueron, son y serán, siempre importantes para mí.

Hoy solo me queda agradecer, arrodillarme ante Dios y decirle "Gracias por nunca dejarme caer, y poner a estos seres maravillosos en mi vida, seres que marcaron mi carrera, mi vida, seres que me enseñaron a no caer, a no desistir, a no bajar los brazos".

Mediante esta carta de lectores, quiero animar a todos los jóvenes y jovencitas, que muchas veces creen que la vida es dura, y si, es muy dura y a veces injusta, pero ¿sabes qué? No te rindas, que nada te limite a alcanzar tus sueños y anhelos, que nada se convierta en utopía, porque todos los sueños se logran, te lo digo por experiencia propia, sé humilde y las puertas se te abrirán, escucha y vas a oír el llamado a una nueva oportunidad…. No te canses de buscar tus sueños, que nada te impida alcanzarlos, que ser pobre no sea una excusa…

Hoy solo me queda pensar en devolverles un poco de todo lo que me ha regalado la vida, a todas esas personas que Dios puso en mi camino, hoy vuelvo a mi pueblo con más ganas que nunca de trabajar con y para el deporte, sea el lugar que me toque, pero prometo trabajar incansablemente porque cada chico/a, niño/a, joven, tenga la oportunidad de cambiar su vida, mediante esta disciplina hermosa, el deporte!

Para finalizar, agradezco el espacio que siempre me brindó La Angostura Digital, para expresar mis palabras, gracias Yayo, solo me queda agradecer, cada oportunidad de la vida, y esta nueva que me dio, de poder recibirme como Profesor de Educación Física, créanme que se puede, intenten una y otra vez, no se cansen de hacerlo.

Agradezco a todas estas personas que estuvieron en los momentos más difíciles de mi vida, y que por ellos/as puede transformarlos en momentos hermosos de aprendizaje. Gracias.

Familia (mama, hermanos y hermanas), familia Jure/Obreque, Docentes de IFES Zapala (Silvia Cáceres, Paula Lagos, Rubén del Pino, Karina Méndez), familia Báez- Guzmán, Diego Enrique Alvarado, Marcelo Riffo, Agostina pigliacampi, Familia Domenella- Oscar Etayo y familia.

 

Ramiro Vidal

DNI 35.835.010

Zapala