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Sat, Sep

“Ordenanza de la sinrazón: en Villa son pocos los árboles que morirán de pié”

Carta de lectores
Tipografía

El vecino Luis García cuestiona la polémica Ordenanza que regula la altura de los árboles y de la vegetación cercana a las viviendas, hecho que ya fue rechazado por la Junta Vecina de Puerto Manzano. 

 

Sr. Director:

Esta nota no es una evocación a la conocida obra del dramaturgo español Alejandro Casona, sino una reacción de perplejidad ante la Ordenanza aprobada por el Consejo Deliberante de Villa La Angostura que fija una altura máxima de 3 mts. “para toda aquella vegetación que rodee en un perímetro de 6 mts. a una vivienda o estructura edilicia implantada en un predio determinado” (art. 1), dispone emplazar a los propietarios de terrenos a ajustarse a ese límite (art. 2) (no indica si por poda o apeo), conmina con multas (art. 3), y dispone control por inspecciones anuales (art. 4).

La mayoría de los árboles en estado de naturaleza mueren de pie, otros son tumbados por la misma fuerza violenta de la naturaleza (tempestades, inundaciones, movimientos telúricos, erupciones, rayos, incendios espontáneos) o por su acción insidiosa (erosión, degradación de suelos, pestes y podredumbres por diversas causas). Cada vez más árboles son tumbados por la acción directa del hombre, a veces por necesidades razonables, otras por la irracionalidad, la imprudencia o la malicia. La Ordenanza que me mueve a perplejidad anuncia necesidades pero no supera a mi un control de racionalidad.

He de advertir que rescato sin pudor mi lado animal y no adhiero a teologías conservadoras del medio ambiente. No me mueve a inquietudes de conciencia modificar la naturaleza por necesidades de alimentación, abrigo o seguridad. Mi límite es la necesidad, lo que presupone –como animal racional- evaluar si los medios para modificar la naturaleza se encuentran en una proporción razonable con la necesidad. Si se me permite, no soy como el inefable autor e intérprete de música popular argentino (rock nacional) que alguna vez –a tontas y a locas- emprendió a martillazos contra los muros de su casa y los cubrió de grafitis. Cuido mi casa y sólo la modifico por necesidad.

En un sentido egoísta podría decir que el planeta es “mi” casa y que no la emprendería contra ella a martillazos sino en caso de una justificada necesidad. Soy consciente de que tengo a “mi” casa de prestado junto con todos mis congéneres, y me propongo no alterarla, aunque crea que la alteración no me afecte, si afecta a mis congéneres, nuevamente, salvo que busque satisfacer una necesidad justificada. Acepto entonces reconocer autoridad a otro que no soy yo para que ponga límites a la satisfacción de mis necesidades considerando las mías y las de los demás.

Acepto así que la autoridad –digamos el Consejo Deliberante en este caso- por la finalidad de la seguridad de todos, defina esos límites, al que sólo le exijo racionalidad si va a poner límites a lo que es mío –en sentido estricto- y a lo que es de goce de todos, en sentido más lato. Esta autoridad legítima se llama en nuestro medio jurídico “poder de policía”. El Consejo deliberante ha confundido los límites de lo público y lo privado, y no ha presentado de manera consistente ninguna razón de su acto de restricción de derechos de propiedad.

Una de las promotoras de la ordenanza se ha encerrado en una declaración de auto estima: estamos convencidos de que se votó algo bueno”, disfrazada de buenas razones “hay que tener en cuenta lo que pasó muchas veces con el tema árboles y las víctimas que hubo”, y ha despreciado a la opinión pública “no nos podemos guiar por los comentarios periodísticos o la gente que comenta en los diarios, como Estado debemos prever situaciones". Humildemente pido al Consejo que revise su decisión y si no lo hiciere, como ciudadano tengo el derecho político de exigirle que dé buenas razones de la ordenanza que ha aprobado.

En los considerandos de la ordenanza se invocan dos fundamentos, de distinta naturaleza, uno de derecho privado y otro de derecho público. Así se reproduce a la letra el art. 1982 del Código Civil y Comercial de la Nación, que regula límites al dominio sobre los inmuebles –derecho real de propiedad- en atención exclusiva a intereses privados de los propietarios de inmuebles linderos. Se trata de especies vegetales plantadas –inmuebles por accesión al suelo- que turban el uso y goce de la propiedad del dueño lindero bajo la forma de “molestias que exceden de la normal tolerancia”. Sin perjuicio de señalar que la ordenanza no ofrece ningún criterio para definir cuáles son las “molestias” comprendidas en el art. 1982 CCyCN, lo cierto es que el Consejo no tiene autoridad para emitir una norma general y obligatoria para todos los propietarios con base en esa disposición en una materia civil que es disponible, pues “el dueño afectado puede exigir que sean retirados o al menos que el corte de ramas sean suficientes para evitar las molestias” y también “puede cortar” las raíces del árbol o planta que penetran en su inmueble. Estas molestias no se reducen a razones de seguridad y se trata de un derecho “potestativo”, que, como la mayoría de los derechos reconocidos por el derecho privado, puede ser ejercido o resignado. En esto la autoridad pública no tiene nada que imponer mediante una norma general.

La autoridad que tienen los poderes constituidos, en cuanto aquí interesa el Municipio, no proviene de esa disposición del derecho civil, sino que es inherente a su “poder de policía” para garantizar la seguridad pública. De este orden es el segundo argumento expresado en el considerando de la ordenanza.

Se invoca que incumbe al Estado municipal el deber de “gestionar todos los mecanismos que hacen a la seguridad de vida de nuestra ciudadanía” y a continuación se afirma que “han sucedido diferentes eventos de incendios en predios domiciliarios, en donde el elemento catalizador del mismo fue la vegetación circundante, poniendo en riesgo las vidas y propiedades de los vecinos colindantes”, al tiempo que se declara que “la vegetación no controlada en su dimensión puede producir fuentes ignífugas de difícil contención primaria”.

Con licencia por la exageración, podría sugerir que la mejor manera de evitar incendio de bosques y de otras conglomeraciones vegetales sería talar todos los bosques y hacer tierra rasa. Sin embargo, la necesidad de evitar incendios forestales no justificaría racionalmente tal decisión pública desde un punto de vista de proporcionalidad, que pone en contexto la necesidad.

El argumento de la necesidad de evitar “fuentes ignífugas de difícil contención primaria” carece de toda base objetiva y empírica. Desde el punto de vista empírico, ninguno de los eventos de incendio acaecidos en zona urbanizada de los que en los últimos tres años han dado cuenta los medios de prensa de Villa La Angostura se ha iniciado en especies arbóreas, salvo la caída de un rayo en una zona del Parque Nacional Arrayanes en Qetrihué el 04/02/2015, al que evidentemente no aplica la Ordenanza. La enorme mayoría de las incidencias de incendio han tenido inicio en el interior de viviendas o comercios, por defectos de artefactos o falta de precaución de los habitantes, cuando no han sido sospechados de intencionales.

Así pueden evocarse los siguientes que registra la crónica periodística: 08/06/2018, incendio en una vivienda en Primeros Pobladores y Dacker, Bº Las Margaritas, presumiblemente originado en una salamandra; 17/01/2018, incendio en una casilla rodante ubicada en el predio de una obra en construcción a la altura de la curva de Vera, por causas no esclarecidas; 07/01/2018 incendio en Cervecería Los Lagos sobre Av. Arrayanes originado en la cocina, que se extendió a otras unidades del mismo edificio; 18/09/2017 incendio en vivienda de Av. 7 Lagos, Bº Norte, aparentemente originado en aparatos calefactores; 15/09/2017, trágico incendio con fallecimiento de uno de los moradores en Collón Curá 230, Bº Norte; 26/07/2017, el sospechoso incendio total de una vivienda precaria de madera y de una casa rodante en un terreno ocupado y en conflicto en calle Los Charcanes. Bº Villa Correntoso; 19/04/2017 principio de incendio en el salón parroquial, junto a la Municipalidad, por quema no controlada de ramas y cartones; 21/01/2017; principio de incendio en complejo de cabañas sobre Cacique Antriao, Bº Epulafuen, sin aclaración de causas; 09/12/2016, incendio en grupo de viviendas en Calafate esq. Cerro Bayo, Bº El Once, originado en una cocina; 25/05/2016 incendio en una casa familiar en Nahuel Huapí al 1.300 aparentemente originado en la explosión de un calefón; 22/03/2016 incendio intencional de una casa en construcción en Barrio Norte; 14/02/2016 principio de incendio en calle Primeros Pobladores, Bº El Mallín, originado una sartén olvidada sobre una hornalla de cocina encendida; 26/01/2016 principio de incendio en sector de la cocina del comercio Cáscara Roja, Av. Arrayanes al 100; 18/12/2015 principio de incendio en una vivienda del barrio Peumayén, no se aclararon causas; 29/11/2015 incendio en vivienda de Catalanes al 300, Bº Las Margaritas, se informó que habitantes había dejado un tender con ropa cerca del calefactor donde se originó el fuego; 20/11/2015  incendio total de una vivienda en playa del Lago Espejo, originado en una estufa; 19/11/2015, trágico incendio con fallecimiento de dos niños y un adulto en vivienda ubicada en Tolosa al 800, Bº Peumayén, se informó se habría originado en la proximidad de ropa tendida con una estufa a gas comprimido; 01/09/2015 incendio total de una casilla en el asentamiento de la comunidad Paicil-Antriao al pie del cerro Belvedere, originado en una estufa de fabricación casera dejada encendida por su habitante; 27/07/2015 principio de incendio en una vivienda Pedro Vidal al 700, Bº El Mallín, no se aclararon causas; 29/06/2015 incendio en cocina del restaurante Vientos Verdes, ubicado en Av. Arrayanes; 08/05/2015 incendio en vivienda ubicada en Calle Lolog al 1934, Bº Epulafquen, originado en el conducto de una chimenea; 29/01/2015 incendio originado en un grupo electrógeno en Club Andino; 29/01/2015 principio de incendio de residuos forestales en Bandurrias que habrían sido alcanzados por las chispas en ocasión de que un vecino se encontraba soldando metales; 16/10/2014 incendio en un gimnasio del Bº Las Piedritas; por hipótesis la ignición se inició por un par de guantes de boxeo puestos a secar sobre un calefactor.

Tal vez la lista no sea exhaustiva, pero todos los incidentes de incendio tienen en común la intervención de la mano del hombre, defectos de funcionamiento de artefactos usados por él, imprudencias o incluso algunos sospechados de intencionales y todos se iniciaron dentro de viviendas o edificios. No he encontrado ninguna información de que se hubiesen propagado esos incendios a árboles situados a menos de seis metros de distancia, ni que amenazaran extenderse a través de éstos.

Un criterio de racionalidad republicana exige que el Consejo Deliberante explique a qué incidentes se ha referido cuando afirmó que “han sucedido diferentes eventos de incendios en predios domiciliarios, en donde el elemento catalizador del mismo fue la vegetación circundante, poniendo en riesgo las vidas y propiedades de los vecinos colindantes”. Por cierto, puede afirmarse que de modo general algún riesgo de propagación del fuego iniciado en una construcción por árboles de proximidad siempre existe y no que es necesario que alguna vez se concrete para tomar medidas regulatorias preventivas. Pero entonces se requiere de un argumento empírico que demuestre por qué es necesario limitar a 3 mts. la altura de los árboles ubicados en lotes privados y a una distancia de 6 mts. de las construcciones, explicar por qué no se adopta una regulación análoga respecto de los árboles situados en el espacio público, explicar qué sucederá con los árboles de Av. Arrayanes que se encuentran sobre las aceras a menos de 6 mts. de la línea de edificación, o por qué no representan un riesgo de extensión de incendios los añosos Pinos Oregon del Boulevard Nahuel Huapi que tienen portes que exceden largamente los 30 mts. de altura.

Si el Consejo Deliberante persigue garantizar la seguridad común limitando sólo los derechos de los propietarios de los fundos privados, lo menos que puede exigírsele es un esfuerzo de racionalidad con suficiente justificación empírica. Para ello bueno sería que se hagan públicos los reportes estadísticos, y los datos periciales que explican distancias, alturas y las demás especificidades de la decisión. También sería deseable que explicaran si existe alguna regulación análoga en otras municipalidades, o en el derecho comparado, o que explicasen si han investigado si alguna regulación de este tipo existe en algún país del mundo y se ha probado sustancialmente eficaz.

Si se invoca una gestión racional hay que hacerlo de buena fe. Ello requiere que las autoridades municipales competentes tomen todas las medidas necesarias en su propio campo de dominio público para prevenir incendios de graves dimensiones como los que ya han acaecido el 22/01/2015 por quema descontrolada en Lomas del Correntoso y por quema descontrolada de residuos forestales en parque industrial; o el acaecido el 14/01/2015 en zona de chacras en Altos de Manzano, de origen no establecido que se extendió al lindero donde había rollizos de apeo y residuos forestales; o los incendios de 16/02/2016 y 11/12/2017 en el basurero municipal, y el voraz incendio originado por las altas temperaturas que se desató el 17/01/2013 en el entonces Parque Industrial que era utilizado como depósito de residuos forestales con aquiescencia de las autoridades.

Los incendios y los riesgos de propagación deben ser tomados en serio. ¿Es ésta la mejor forma de afrontarlos en el ejido urbano de la Villa? ¿Por qué no pensar en alternativas más razonables apoyadas en datos empíricos, campañas de concientización sobre el uso y mantenimiento de calefactores, cocinas, chimeneas y herramientas, inspecciones y requerimientos periódicos de certificados sobre el funcionamiento de los artefactos de calefacción y cocinas y su ventilación, regulaciones, control estricto del modo en que se dispone de los residuos forestales y sanciones en caso de incumplimiento, etc.

Porque soy propietario de una casa en la Villa me involucro. No imitemos a la estrella de rock nacional; no la emprendamos a martillazos contra las paredes de nuestra casa a tontas y a locas. Si no es estrictamente necesario tumbarlos dejemos a nuestros árboles morir de pie.

 

Luis  M. García

DNI 13.410.464.

Villa la Angostura

 

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