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“El papel de los ciudadanos no es ser sumisos ni pasivos, sino críticos y participativos”

Carta de lectores
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Luz Ricardes expresa "el papel de los ciudadanos no es ser sumisos ni pasivos, sino críticos y participativos; dispuestos a hacernos escuchar para que se haga la voluntad mayoritaria".

 

Sr. Director:

Señor Intendente, en reiteradas ocasiones usted ha exigido respeto, por lo general, debido al reclamo de los ciudadanos que reivindican una legítima necesidad ante el Gobierno. Esto deja entrever que usted cree pertenecer a una casta privilegiada, a la que el pueblo debe un respeto reverencial. Sobre esta realidad no importa que hablemos de ciudadanos que exigen sus derechos o políticos que son votados para hablar entre ellos por y para los ciudadanos y se atascan las orejas de la verborrea que mana de sus bocas.

Respetar es una palabra que se esgrime con más soltura de la que se maneja y, para muestra, la más rabiosa actualidad, parece ser que todo va sobre el respeto: respetar a quien es diferente; respetar las reglas del juego democrático; respetar a aquellos que no piensan como nosotros…

Pero pedir respeto desde la intolerancia carga en su seno con el peligroso germen del totalitarismo: si no podemos escuchar al prójimo, ni este hará el esfuerzo de atender a nuestras palabras, ni podremos avanzar como sociedad. Ya lo dijo Churchill: «Valor es lo que se necesita para levantarse y hablar, pero también es lo que se requiere para sentarse y escuchar»

El respeto se basa en el mutuo reconocimiento de nuestra igual dignidad, como miembros de una comunidad humana, de la que depende nuestra vida y en la que cada uno asume y cumple con un papel concreto y diferenciado, que nos permite a todos sobrevivir y vivir mejor. Un médico cura, un maestro enseña, un obrero construye, un agricultor produce, un científico innova, un artista crea, etc., cada uno es respetado en la medida que contribuye, según una función libremente determinada, al bienestar colectivo.

Este respeto no es incondicional, lo pierde quien incumple su papel ante la comunidad y pone en peligro la vida, en un sentido material, económico y espiritual, de todos.

En la política democrática, el pueblo (como soberano) le delega poder a un intendente que asume el papel de servidor y está obligado a obedecer la voluntad popular, en pos del bien común. El respeto en la política se obtiene al cumplir con el mandato del pueblo, sirviéndole y obedeciéndole con honesta pretensión de justicia, como su deber ante la comunidad.

Pero, el político se corrompe cuando se cree dueño y centro del poder; cuando piensa que él es el soberano a quien el pueblo debe someterse. Cuando busca servirse del pueblo, y gobierna no como un deber, sino como un favor que le hace a sus “súbditos”, quienes deben agradecerle y rendirle pleitesía.

El papel de los ciudadanos no es ser sumisos ni pasivos, sino críticos y participativos; dispuestos a hacernos escuchar para que se haga la voluntad mayoritaria, y exigir y fiscalizar el uso justo de los bienes que nos pertenecen a todos.

Si esto le incomoda, entonces usted se equivocó de vocación.

Luz Ricardes

DNI 23835738

 

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