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Turismo: “Cuidemos nuestra salud y la de todos, pero también recuperemos nuestras actividades productivas”

Carta de lectores
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Eduardo Riquelme escribe ante la situación que se da entre la habilitación al turismo y los riesgos de poder tener nuevos casis de coronavirus.

 

Sr. Director:

Es preocupante pero entendible que se produzca en nuestra comunidad, claras diferencias de criterios y opiniones entre los vecinos respecto de la apertura del turismo.

En primer término, creo que no podemos desconocer que desde hace varios años, somos uno de los destinos del país que mejor valoración tiene por parte de los viajeros tanto internos como del exterior. Nuestra economía doméstica se ha desarrollado preponderantemente en torno a esta actividad.

Ello significa que, si no acordamos esta premisa, todos los análisis que hagamos con posterioridad tendrán una base de partida incorrecta con conclusiones que carecerán de la objetividad que requiere cualquier determinación que se adopte.

Dicho esto, lo segundo a analizar son las consecuencias sociales positivas y también negativas que han producido históricamente en el conjunto de la sociedad, el haber tenido temporadas con una afluencia turística más o menos importante, respecto de las que por el freno total de la actividad hemos debido soportar y superar en el pasado reciente.

Esto evidencia la dinámica propia de pueblos que dependen en gran medida de un solo factor de generación de riqueza.

Estamos en un lugar tan maravilloso como frágil.

Hemos debido sortear en estos últimos 10 años una importante cantidad de contingencias, la mayoría de ellas de orden natural, que nos han golpeado económica y socialmente de manera muy potente, y cuyos impactos negativos no siempre han llegado a todos por igual.

No obstante, nunca hemos estado alcanzados por un evento que tiene por característica el que cada uno de nosotros nos podemos convertir en el vehículo que expande el fenómeno, el que puede convertirse en incontrolable y que afecta directamente a lo más preciado que podemos atesorar como seres humanos: nuestra salud y la de quienes nos rodean.

Podemos ser víctimas pero también victimarios de este fenómeno, sin siquiera poder racionalizarlo.

A su vez, también cada uno de nosotros se puede convertir en el verdugo que le lleva el mal a quienes nunca se lo hubiésemos deseado.

Esta es la situación extrema a la cual nos enfrenta esta pandemia.

Ahora bien.

¿Cuáles son los métodos que conocemos hoy para evitar estar en posición de víctima y/o victimario?

Lo único que se ha podido comprobar como efectivo, es el cuidado personal a través del cumplimiento de las pautas que nos dictan quienes están detrás de la problemática.

Básicamente son cuatro:

  • Uso de barbijos o tapabocas
  • Distanciamiento social
  • Higiene personal mediante el lavado de manos en forma periódica
  • Uso del alcohol en gel sanitizante

Hemos podido comprobar en el mundo, que el encierro o aislamiento prolongado no han sido métodos exitosos dado que no han evitado los contagios. En todo caso, han retardado la proliferación de la enfermedad pero de ninguna manera la han cortado.

Esto sin dudas nos hace vulnerables en grado extremo y nos obliga a enfrentarla con los métodos más eficientes hasta ahora comprobados, de tal manera de evitar su expansión.

Nuestra localidad tuvo la experiencia de un brote por exposición de personas a lugares donde el virus tiene circulación comunitaria, pero con buen tino y con sentido de la oportunidad, los contagios fueron controlados por las autoridades sanitarias y municipales, testeando y aislando a los contactos estrechos de las personas positivas.

La comunidad respondió a la contingencia y la pudimos superar.

Esta experiencia nos ha dejado enseñanzas positivas y también temores justificados.

En las actuales condiciones, nos sentimos con cierta tranquilidad aunque no permanecemos ajenos a lo que nos podría llegar.

Dicho esto, debemos reflexionar acerca de las consecuencias que estamos viviendo como producto de las medidas de aislamiento, las que nos han dejado desde marzo de este año, sin la posibilidad de que muchas de las actividades ligadas a nuestra industria de la hospitalidad puedan sobrevivir en condiciones de poder normalizarse en el corto plazo.

Esta es para nuestra comunidad, una especie de segunda pandemia.

Se han cortado los circuitos económicos que la actividad proveía por la llegada del turismo nacional e internacional, siendo el impacto en la cadena productiva de valor una realidad que a medida que pasa el tiempo, tiende a agravarse.

Desde esta óptica, estimo imprescindible alentar la recuperación económica de nuestro pueblo, porque ciertamente es lo que hoy por hoy y hasta que aparezcan las vacunas o los remedios para el COVID-19, tenemos en nuestras manos y en nuestras decisiones para desarrollar y poder planificar.

Hagamos que tanto nosotros como nuestros futuros visitantes respeten las cuatro medidas esenciales para evitar los contagios. En este aspecto es todo lo que podemos hacer.

Evitemos que las consecuencias no deseadas de un encierro absoluto, nos prive de intentar poner de pie la economía local, para a través de ella, poder recuperar el espíritu del trabajo en la comunidad toda.

Cuidemos nuestra salud y la de todos, pero también recuperemos nuestras actividades productivas.

Eduardo Riquelme

8.410.948

Villa la Angostura

 

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