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La pluma de Sofía Granitto sobre Villa la Angostura y la erupción del Puyehue

Cultura
Tipografía

La escritoria, que estuvo radicada en Villa la Angostura, comparte el primer capítulo sobre su novela "Puyehue" que tiene a nuestra localidad como eje central.

 

La autora escribe desde los diez años, fue finalista del Premio FIMBA de relatos Breves de Viajes y Deportes en el año 2011.Ha publicado el cuento para niños “En el Colectivo” en el libro Caperucita Feroz editado por Ediciones Ápeiron el corriente año.

Nacida en la ciudad de La Plata; es Licenciada en Turismo y Hotelería, lectora compulsiva, y madre de dos hijos. Vivió en Villa La Angostura un tiempo, para luego radicarse en Bariloche.

Tiene un Blog de Viajes en donde cuenta sus experiencias de recorrer nuestro país, rutas, pueblos y destinos no tan conocidos por el público en general. www.softgran.com 

* Compartimos el primer capítulo de la novela "Puyehue"

Capítulo I

Villa La Angostura, 26 de Mayo 2011

La temporada invernal se preveía que sería muy buena. Carlos le había comentado que las ventas de los vuelos hacia Bariloche estaban llenos, y las reservas de las cabañas y hosterías; según el Municipio, eran del 80%. Para ser fines de Mayo, las expectativas eran prometedoras.

Mercedes no estaba tan entusiasmada como el resto de los habitantes. Conocía de sobra las temporadas bajas, los inviernos que pintaban buenísimos y luego no caía un copo de nieve en todo julio y agosto. Como todos los años para ésa época, pensó “Veremos”.

Lo que no la dejaba ir más allá del 20 de Junio con su pensamiento era el hecho de que iba a venir a visitarla su hija; y el sólo pensar en cómo iban a discurrir esos 20 días juntas, no la dejaba dormir.

Camila llegaría el 3 de Junio, había hecho el anuncio como siempre: sin consultarle si ella podía, si tenía otras visitas, si tenía ganas. Claro que se supone que una madre siempre tiene ganas de ver a sus hijos, ¿no? Lo que no entendía el porqué de una visita tan repentina de Camila. Por lo último que habían estado hablando, ella le había contado que había conseguido un buen trabajo en Neuquén, tenía un noviecito dando vueltas…Era extraño que en un trabajo nuevo le dieran de pronto 20 días de vacaciones. Algo raro había allí.

Al mismo tiempo iba a tener que resolver el tema de Carlos. A Camila no le había contado nada sobre él, y no quería que lo supiera. No porque le diera vergüenza ni nada parecido, pero aún no estaba convencida de seguir adelante con la relación, y aunque su hija ya estaba mayorcita para entender que su madre podía querer estar con alguien, prefería que ella creyera que estaba sola. ¿Será porque íntimamente quiero que se lo contara al padre? Demasiados frentes abiertos tenía en su trabajo y en su casa como para lidiar también con una post adolescente y un novio/pareja que no sabe lo que quiere. Mercedes no es una persona complicada, le gustan las cosas simples y dentro de todo está feliz con la vida que lleva. No se hace muchos planteos existenciales, pero siempre su hija se obliga a realizárselos. Contestataria, mal humorada y testaruda, Camila la llevaba siempre al límite.

Villa La Angostura es un pueblo muy pintoresco, turístico por sus variados y hermosos paisajes, enclavada en el medio del Parque Nacional Nahuel Huapi. El pueblo está al suroeste de la provincia de Neuquén, en la Patagonia. A 80 km de distancia de San Carlos de Bariloche y 110 km de San Martín de los Andes. El centro del pueblo queda a sólo 2 km del lago Nahuel Huapi y a 4 del lago Correntoso rodeado de bosques y cerros pequeños. El Cerro Bayo se encuentra en la ruta de acceso Sur y es Centro de Esquí durante el invierno.

Esa mañana la Villa estaba tranquila, como siempre en temporada baja: todavía algunos comercios cerrados haciendo refacciones, el sol tibio de otoño quería colarse entre los nubarrones grises, mientras Mercedes observaba fascinada y una vez más los colores de las hojas de los Sorbus, el naranja y rojo que toman antes de que se caigan. ”Una pena que el otoño no se pueda disfrutarse más y mejor”; pensó mientras iba a abrir la agencia.

Mercedes es una mujer de contextura mediana, delgada sin proponérselo (la cocina no es lo suyo), pelo castaño claro, y ojos verdes profundos. Sabía que si se vestía bien, llamaba la atención cuando entraba a algún lugar. Pero la verdad es que no lo hacía nunca, no había oportunidades de elegancia en el pueblo y ella no lo extrañaba para nada. Nada más cómodo que las botas abrigadas y con buena suela, y su campera que la protegía de los vientos patagónicos.

Mientras encendía la computadora y ponía el agua para los mates, escuchó que golpeaban tímidamente la puerta. Si hay algo que a Mercedes le molesta en sus mañanas; es que no la dejen llegar tranquila a la oficina, tener sus cinco minutos de acomodo, de tener todo listo. Así que con su mejor cara fue a abrir con la llave. Inmediatamente cambió de actitud.

Quien había golpeado era Gutiérrez, el policía de la zona del Centro, a quien se veía cada tanto pero nunca había cruzado una palabra. “¿Si?”, le preguntó extrañada haciéndolo pasar.

-Cómo le va Sra., disculpe que la moleste tan temprano. ¿Le puedo hacer unas preguntas?

-Si, por favor, cómo no. ¿Qué pasó? ¿Hubo algún robo en el centro?

-No, por favor, las preguntas las hago yo. ¿Nombre completo?

-Mercedes Benavídez.

-¿Edad?

-¿qué importa mi edad? Preguntó, pero al punto respondió: 49.

-¿Desde hace cuánto vive en Villa La Angostura, Sra. Benavídez?

-¡Hace más de 15 años! ¿Por qué me hace todas estas preguntas?

-Le pido que se atenga a responder; así lo hacemos más rápido. ¿Conoce a Lucas Estévez?

- Sí, claro cómo no lo voy a conocer. Lo voy a escuchar cada tanto cuando canta en el Mentidero.

-¿Tiene algún tipo de relación con él?

-Noo, más que el resto de los que viven acá. Lo fui a ver un par de veces al Consejo porque necesitaba ayuda por la habilitación del local, pero nada más.

-¿Estuvo con él ó lo vio en la última semana?

-No que yo recuerde, no. ¿Por qué, de nuevo, me está preguntando esto?

-Gracias Sra. Benavídez eso es todo. El Sr. Estévez falta de su hogar desde hace tres días y estamos buscándolo y averiguando cuáles fueron sus últimos movimientos antes de que se lo tragara la tierra. Buenos días.

Se quedó en la puerta viendo cómo se iba caminando; sin poder creerlo. Lucas Estévez era concejal hacía muchos años, todo el mundo lo quería porque además cantaba todos los sábados en la Pizzería del centro. Era simpático y campechano. ¿Qué le habría pasado para desaparecer tantos días? Quizás sólo se hubiera ido a Bariloche y se quedó sin batería en el celular, ó algo así.

Decidió que no podía sumar una preocupación más a su vida y continuó con lo que estaba haciendo. Claro que no pasaron ni 10 minutos y ya estaba Claudia, su vecina de local para hablar del tema. A ella también le habían preguntado por Lucas, y estaba intrigadísima por lo que le podría haber pasado. Claudia que tenía el local de artesanías para no aburrirse en su casa, porque sus hijos se habían ido a estudiar a Buenos Aires y ella necesitaba el contacto diario con otras personas. Su marido no contaba: trabajaba en la compañía de Electricidad con unos horarios muy extraños.

De pronto la mañana luminosa se transformó en un cono oscuro de sospechas e intrigas del que a Mercedes le costaba evadirse.

-Me preguntó por Estévez, Tu Estévez!

-Ay, que “mí” Estévez? no es, ni era, ni fue mío, ya te dije. No sé para qué te conté, mirá. Fue hace aaaños y está todo pasado y pisado. Ol-vi-da-do. 

-Mmh…ya sabés lo que dicen…donde hubo fuego… 

-Bah, qué pavada, nada que ver. Voy a abrir la agencia.

-Che pero en serio, ¿qué le habrá pasado? Ayer escuché en la farmacia que lo habían visto muy poco últimamente, como distraído y dejado. Hacía algunas semanas que no cantaba.

-Chau Clau, no quiero ni escuchar. Por favor te pido. Chusmeríos, habladurías, no. Va a aparecer hoy a la tarde y todas las cosas horribles que están hablando se las van a tener que tragar.

-Bueno, nunca se sabe los infiernos por los que pasa cada persona…Me voy a abrir yo también, si sé de algo te cuento! Me avisás cuando llegue Cami que quiero ir a saludarla? ¿Llega el 3, no?

 

La mañana ideal. Interrupciones, llamadas y mensajes comentando lo de Lucas. Mercedes tenía muchos mails que responder, presupuestos que armar, y no quería pensar en las miserias ajenas. Cuando al mediodía cerró la agencia para ir a almorzar a su casa, se cruzó con varios vecinos que comentaban y cuchicheaban.

Ella nunca se había prestado a los comentarios del pueblo. Sabía que se había hablado a sus espaldas cuando se separó de Juan, cuando Camila se fue a Neuquén, cuando alguien se enteró que estaba con Carlos. Si eran felices hablando de la vida de los demás, allá ellos.

El oficial Gutiérrez estaba un poco desconcertado. Era la primera vez desde que él estaba en la Comisaría que pasaba algo así y no sabía muy bien cómo seguir. El Comisario estaba de Licencia (aparentemente indefinida) y hasta el momento a él no le había molestado esta situación, es más, se sentía cómodo dirigiendo y estando a cargo de los pocos operativos y patrullajes que había. Sabía que para la temporada invernal iba a necesitar ayuda, él solo con los tres ayudantes no iban a dar abasto cuando el pueblo rebalsara de turistas. Mientras tanto, había estado disfrutando la dirección acéfala de la comisaría. Hasta ayer, que llegó una Sra. mayor diciendo que su hijo Lucas había desaparecido. En su momento no lo tomó en serio. No parecía nada grave, que una persona no vuelva a su casa ni llame a su madre anciana por dos ó tres días; es normal. Cuando la Sra. Estévez le dio el nombre completo del desaparecido, se empezó a preocupar.

El Concejal Lucas Estévez era conocido en todo el pueblo. Gutiérrez mismo había estado en el Mentidero escuchándolo, y se lo había cruzado de tanto en tanto por la Avenida Arrayanes, ó en el Supermercado.

Su madre aseguraba que algo le había pasado. La camioneta Land Rover roja seguía estacionada en su garaje. Cuando averiguó con los choferes de los colectivos que iban diariamente a San Carlos de Bariloche, Albus y El Algarrobal si Lucas había viajado con ellos, la respuesta fue negativa. Tuvo que indagar un poco más, quizás había ido a San Martín de los Andes ó cruzado la Cordillera a Chile. Los chicos que vendían los pasajes no recordaban haberlo visto por la Terminal, y menos haberle vendido un pasaje. El teléfono celular daba “apagado ó fuera del área de cobertura” según la madre desde hacía ya dos días que su hijo no le respondía el teléfono, y cuando fue a su casa descubrió que allí no estaba; pero sí la camioneta; cosa que ya de por sí era muy rara. No iba a tener visitas que ella supiera, ni tenía pensado hacer ninguna excursión. (Con ese clima hubiera sido ridículo siquiera pensarlo).

Gutiérrez inspeccionó la cabaña de Lucas Estévez a conciencia. Vivía en el barrio Norte, pasando el centro y yendo para San Martín de las Andes. Una hermosa cabaña típica de la zona, hecha en madera y piedra. Todas las luces exteriores estaban apagadas. La leña acumulada al costado del garaje. Dentro de la casa no parecía faltar nada. Una taza de café sucia, la cama deshecha donde parecía haber dormido una sola persona, la comida del gato intacta. Faltaba el gato también, notó la madre cuando le preguntó. Un siamés de 13 años que ya estaba medio viejo y necesitaba cuidado veterinario bastante seguido.

Las llaves de la camioneta estaban colgando del llavero. No había ninguna señal de que hubiera habido una pelea, ó algo. La casa estaba cerrada, Gutiérrez abrió con la llave de la madre. Los binoculares tampoco estaban, confirmó la madre cuando se le preguntó.

Estévez era un enamorado de las aves, estudioso de cada una de las especies de la zona, fanático de salir a explorar por el bosque en busca de sonidos, cantos y nidos. Fue el fundador de la Asociación de Avistaje de Aves de Villa La Angostura. (AAAVLA). Organizaba las salidas de avistaje nocturno cada quince días y era raro no cruzárselo con los larga vistas colgando de su cuello.

¿Quizás hubiera salido a dar un paseo y se perdió? Era inverosímil. Por esa zona no era tanto el bosque, ni tan tupido como para perderse. Además, siendo conocedor de la zona como era Lucas, era imposible. Quizás al revés, hubiera bajado al lago, ¿y se habría ahogado? ¿Quién se mete al Nahuel Huapi en Mayo? Tampoco en el lago Correntoso. Lucas no hubiera salido solo a caminar, quizás por un camino riesgoso sin avisarle a alguien. Además, sus botas de trekking estaban en la cabaña. La campera que se había comprado en su último viaje a Chile, también. ¿Entonces cómo había salido vestido Lucas? La madre no podía definirlo.

La ronda de preguntas por el Centro a los locales que estaban abiertos no tuvo respuesta positiva. Nadie lo había visto, ni recordaban muy bien cuándo había sido la última vez. Al Mentidero no iba a cantar desde hacía más de un mes. Y en el Consejo lo habían visto el lunes anterior, pero sólo un minuto que entró a su despacho a buscar algo y salió. Se lo había visto bastante desmejorado. Con barba de más de tres días, ropa sucia y arrugada, despeinado. Nadie esperaba que se presentara en traje (esa era la ventaja de vivir en un pueblo). Pero fue notoria su imagen de abandono. Se podía decir que Lucas era atractivo: tenía aire bonachón, siempre con una sonrisa, se mantenía en línea saliendo a correr al anochecer, cuidándose del alcohol y las comidas. Sabía que las señoras que lo iban a escuchar cuando cantaba, iban más para verlo que para escucharlo.

Su secretaria no supo decir qué papeles había ido a buscar; extrañamente no le pidió a ella que se los buscara antes.

Gutiérrez se preguntaba cómo seguir. Sabía que mientras más días pasaran más difícil iba a ser encontrar pruebas. ¿De qué? Se preguntaba. Seguramente Estévez estuviera con una mujer en algún hotel de Bariloche ó San Martín dándose la gran vida y él perdiendo el tiempo buscándolo. Aunque internamente una señal le decía que había sucedido algo.

 

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