18
Sat, Nov

¿Podrán las low cost mantener precios verdaderamente competitivos?

Economía
Tipografía

Un pasaje aéreo Bariloche-Buenos Aires ida y vuelta  cuesta  $ 5.800 que incluye $ 7,26 por servicios computables y $ 412,62 por servicios exentos. Por ello se espera con mucha expectativa a las llamadas low cost, que ofrecerían boletos, para el mismo tramo, a $ 2.802, valor regido por la Autoridad Nacional de Aviación Civil.

Los valores de referencia son en base a pasajes comprados con anticipación y el compromiso de permanecer más de tres noche en el destino. Si el pasajero viaja un viernes y vuelve al día siguiente el costo aumenta aproximadamente a un poco más de $7.000, según valores de la agencia local Hayland Travel. La ventaja a favor del usuario es que se puede abonar, con tarjeta, hasta en 18 cuotas.

Mientras tanto no se comprende muy bien por qué las compañías no respetan un valor uniforme al momento de evaluar los pernoctes en destino, ya que sólo se favorece la actividad turística, pero se perjudica a aquella persona que se traslada por negocios o un poblador que sólo viaja por razones médicas. ¿Las empresas aéreas, en qué se benefician si el viajero duerme una, dos, tres o más noches en Buenos Aires? Absolutamente en nada, pero lo sufre el bolsillo del consumidor.

De esta manera suena a “avivada” que si el pasajero hace Bariloche, aeroparque Jorge Newbery, el viaje le cueste un poco más de $7.000 si es que vuelve al otro día, pero le sale aproximadamente $5.800 (siempre ida y vuelta) si pasa tres días en la gran ciudad. Incomprensible, desde el punto de vista del usuario y del servicio empresarial, de cuidar al cliente. Al respecto desde las empresas sostienen que “la política de tarifas está determinada por tres variables: proyección, temporalidad y estadía”.

De la misma manera ¿por qué se prefiere que los aviones viajen con asientos vacíos antes que ocuparlos con pasajes más baratos vendidos a último momento? Un ejecutivo del sector esgrimió hace unos días -públicamente- una razón de difícil compresión, como: “la política de la compañía tiene que ver con la intención de inducir un comportamiento en los clientes”.

Según la experiencia en la región, si se vendieran pasajes baratos de último momento, como se hace en otras plazas del mundo, los pasajeros recurrirían a esa promoción en desmedro de la planificación con tiempo de los viajes. Por eso se induce para que los usuarios compren con antelación, para lograr mejores precios. En otras palabras: se conforman con que los vuelos se hagan -en promedio- con el 80% de tickets vendidos.

Con dicho panorama y a partir de un piso obligatorio en los precios de los pasajes, no habría pasajes aéreos por un puñado de dólares en la Argentina y las empresas de bajo costo se las tendrán que “rebuscar” para competir en los cielos argentinos. El motivo no tiene que ver con el mercado ni con la economía sino con la regulación. Desde hace tiempo, en el país rige una norma que impide cobrar por debajo de la tarifa concedida por la autoridad, en este caso, el Ministerio de Transporte.

Por eso, a la hora de delinear el futuro plan de negocios de las compañías aéreas, el piso de la banda tarifaria regresa siempre a la mesa de estudio. Desde principios de los 2000, en la Argentina se estableció un sistema de bandas tarifarias, con un mínimo y un máximo. Las empresas podían hacer sus ofertas dentro ese rango.

Los reguladores del transporte siempre esgrimen una razón: si quitan el piso, el precio de ómnibus y avión quedaría prácticamente igual y los transportes terrestres podrían sufrir una gran crisis. Además, si no se suman vuelos, la demanda aérea podría ser mayor que la oferta. Pero el gobierno no previó e hizo algo más: no subió los mínimos, por lo que la inflación llevó a algunos valores a precios muy por debajo de los boletos de colectivos.

¿Precios bajos?

Dentro de la trama regulatoria hay un artículo discutido. Establece que hasta 10 días antes del vuelo, las aerolíneas pueden vender tickets con un descuento de 20 por ciento. Esa posibilidad es controversial, ya que algunos (Aerolíneas Argentinas, por caso) dicen que no se puede usar y que eso es vender por debajo de la tarifa mínima. Andes, especialmente con los vuelos a Córdoba, utiliza ese método de ventas.

Fly Bondi, que quiere vender pasajes por debajo de los precios permitidos, sobre todo al inicio de su operación, dice que le pongan una suerte de conceptos a esos importes. Por ejemplo, si un pasaje desde Buenos Aires a Córdoba tiene una tarifa mínima de 788 pesos, pues que le dejen cobrar menos si el pasajero va con su bolso de mano. Es decir, tomar ese importe como si estuviera incluido el servicio de maletas y que le permita quitar ese importe, en caso de que el pasajero no despache equipaje.(El Cordillerano)