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A 77 años de la obra de Exequiel Bustillo que marcó un hito en la región del Nahuel Huapi

Historia
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El Centro Cívico de Bariloche se transformó en el referente de una época brillante que vivió la región cuando se construyó la infraestructura y el perfil turístico, incluso para Villa la Angostura, que aún hoy se mantiene. Se inauguró en marzo de 1940, pero su historia comenzó mucho antes.

 

El Centro Cívico de Bariloche, indiscutido símbolo de la ciudad, fue inaugurado el 17 de marzo de 1940 pero su historia comenzó mucho antes, en el imaginario que despertó esta región de lagos y montañas entre quienes pasaron por estas tierras buscando afincarse, vivir, echar raíces y también extender, geográfica, económica y políticamente, la soberanía argentina.

El paraíso en el que está instalado el Centro Cívico tiene una larga historia en la que se combinan la majestuosidad de la naturaleza y la obra del hombre originario y el pionero.

El contexto histórico de esta avanzada estuvo atravesado por una concepción en la que la idea de Nación era central y se expandía en términos de gobierno y territorio. Haciendo pie en esa premisa, ya en el siglo XIX, se impulsó una campaña militar para extender la línea de frontera hacia el sur, hacia estos espacios entonces escasamente poblados y en disputa con los aborígenes y con Chile y considerados de gran valor geopolítico.

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A esa estrategia de ampliación de la dominación estatal, se la llamó “Campaña del Desierto” (1878-1884) una nominación polémica ya que consideraba “desierto” a una vasta región en la que vivían pobladores originarios que ocupaban física y culturalmente el territorio. El objetivo de esa campaña fue el de anexar tierras, tender líneas telegráficas y fundar poblaciones favoreciendo el establecimiento de colonos y nuevos propietarios, todos ellos muy ligados al poder central.

Al alcance de este propósito militar le siguió el control y manejo progresivo del espacio conquistado; de este modo, el ejercicio directo de la soberanía nacional en áreas de frontera se basó en el control de los límites internacionales y en la promoción del arraigo territorial. Como parte de ese proceso, el 3 de mayo 1902, el Presidente Julio A. Roca oficializó el natalicio de San Carlos de Bariloche, punto urbano principal del Parque Nacional Nahuel Huapi. Para cuando esto sucedía hacía mucho tiempo que indígenas, misioneros, militares y científicos conocían la región y habían escrito sobre ella.

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En 1903, la iniciativa del Perito Francisco Pascasio Moreno de donar 3 leguas cuadradas al oeste del lago Nahuel Huapi, constituyó un gran paso para la preservación de esta maravilla natural. Había recibido esas tierras como retribución del gobierno argentino por sus servicios como Perito en la Comisión de Límites que dirimió las diferencias entre Argentina y Chile.

Al cederlas, Moreno estableció de manera precisa que su destino fuera el de ser “consagradas como Parque Público Natural”. Estas tierras fueron el núcleo inicial del Parque Nacional del Sud instituido bajo la presidencia de Hipólito Yrigoyen cuyo primer Intendente fue el Ingeniero Emilio Frey, de gran trayectoria en la ciudad y la región .

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Los afanes de hombres como Bailey Willis, Hosseus, Ramos Mexía, Anasagasti y Hauman entre otros, fructificaron al sancionarse en 1934, bajo la presidencia de Agustín P. Justo, la ley Nº 12103 que creó la Dirección General de Parques Nacionales y Turismo y los Parques Nacionales Iguazú y Nahuel Huapi, dependiente del Ministerio de Agricultura.

Entre todas una figura fue clave en el avance de la región: la de Exequiel Bustillo. Nacido en Buenos Aires en 1893 y graduado como abogado en la Universidad de Buenos Aires, Bustillo fue diputado por Buenos Aires pero siempre estuvo interesado en el desarrollo de la región de los lagos. Esa atracción, forjada en su juventud, lo llevó a promover de manera enérgica la expansión geográfica y poblacional de esos lejanos territorios limítrofes. Por ese interés se integró a la Comisión de Parques Nacionales desde donde impulsó la ley de creación de los Parques Nacionales Argentinos.

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El Dr. Bustillo tuvo un importante desempeño en la elaboración de esta norma por su pertenencia a esa Comisión que presidía el Dr. Angel Gallardo. Al sancionarse la ley fue designado presidente del Directorio y desde ese cargo, Bustillo puso en marcha su visión del desarrollo de Bariloche: la ubicación privilegiada del pequeño pueblo lo hacía soñar con su proyección internacional: quería convertirlo en el primer centro turístico del país para que fuese “expresión de nuestra cultura y a la vez del sentimiento argentino”.

Fue durante su gestión que se llevaron a cabo las obras que le dieron identidad a la aldea. Por su iniciativa, su hermano, el arquitecto Alejandro Bustillo, realizó numerosos proyectos de edificios. Ernesto de Estrada, arquitecto y urbanista, desarrolló el proyecto del Centro Cívico y el ensanche oeste de Bariloche, el planeamiento de las Villas Catedral, Llao-LLao y La Angostura y varios parques y Miguel Angel Césari, arquitecto, llevó a cabo la ejecución de muchas de esas obras.

Todos ellos, conjugados, sumaron a estas construcciones el hotel Llao Llao y la hostería de la Isla Victoria, la iglesia Catedral, la capilla San Eduardo, el hospital Zonal, la estación invernal del Cerro Catedral con su cablecarril y otras instalaciones para los deportes de invierno; los caminos entre Bariloche y Llao Llao, la pavimentación de calles en Bariloche y el montaje y la botadura del buque Modesta Victoria, que fueron las más destacadas de entre otras obras de gran relevancia. Ellas hablan por sí mismas de la vocación creadora de este grupo de hombres.

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Para afianzar la singularidad del conjunto que se proponía desarrollar, Alejandro Bustillo redactó normativas específicas para la aprobación futura de planos buscando consolidar un estilo regional que ya había sido anticipado en la región por pobladores originarios, chilenos y pioneros como Primo Capraro, una personalidad local que destacaba también como constructor. El arquitecto Bustillo quería que un plan rector orientara toda la urbanización local, tarea que tomó en sus manos el Arquitecto Estrada.

Ernesto de Estrada nació en Buenos Aires en 1909; se graduó de Arquitecto en la Universidad de Buenos Aires y realizó estudios de urbanismo en la Universidad de París. Apenas regresado de Europa, siendo aún un hombre muy joven, se incorporó al equipo constituido por Exequiel Bustillo y su hermano Alejandro y fue quien diseñó el proyecto del Centro Cívico asistido por Miguel Angel Césari y Arnoldo Diagrazia.

El centro cívico como lugar y como concepto arquitectónico, ha existido desde la Antigua Grecia; fue concebido como un espacio libre dentro de un área urbana: es el Ágora, origen de la plaza cívica. Así pensó Estrada el Centro Cívico de Bariloche: como un conjunto de edificios públicos con una armoniosa plaza en su centro y cuyo todo, en opinión de Bustillo, “constituía una masa arquitectónica concebida con arte y gracia”.

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En este equilibrado conjunto Estrada proyectó la Biblioteca Popular, el Museo, la Comisaría, la Municipalidad, la Secretaría de Turismo, el edificio de Correos y Telégrafos, el de Aduana y réditos, una confitería y los espacios verdes. También diseñó la traza de la avenida Costanera de Bariloche, las escalinatas que unen el alto y el bajo de algunas calles, el muro de piedra que divide la avenida Mitre en dos calzadas hacia la altura del 1000 y numerosas casas y hosterías de la zona.

Y aunque años después se desató una tardía polémica entre Alejandro Bustillo y de Estrada sobre la autoría del proyecto del Centro Cívico, fue sin lugar a dudas Ernesto de Estrada quien dio forma a este punto principal de la ciudad.

El Centro Cívico fue pensado inicialmente para ser ubicado en el predio que actualmente ocupa la Catedral de Bariloche pero en ese anhelo se interpusieron obstáculos monetarios que hicieron que finalmente se adquiriera el predio en el que había funcionado la Compañía Chile Argentina más tarde aserradero de don Primo Capraro y actual y definitivo emplazamiento.

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La obra propuesta fue licitada y luego encargada a la empresa constructora Christiani y Nielsen originaria de Buenos Aires, quien a su vez depositó en manos de Enrique Lunde - un ingeniero dinamarqués llegado a la Argentina en 1922-, el rol de subcontratista y al ingeniero Anker Andersen la representación técnica.

Los trabajos comenzaron el 1° de diciembre de 1937 y 16 meses después la obra estaba concluida. En ella trabajaron dinamarqueses, italianos, yugoslavos, polacos y chilenos que unieron sus conocimientos y tradiciones y favorecieron las tareas de logística e ingeniería, el trabajo en piedra, la albañilería, y la carpintería en coihue y alerce.

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Así, el Centro Cívico se construyó en hormigón armado con mampostería interior de ladrillo y bloque, se revistió con maderas de ciprés y con piedra toba color verde que fue extraída del Cerro Carbón. Las cubiertas de los techos fueron realizadas con pizarra negra, las carpinterías con marcos de incienso amarillo y hojas de roble y los pisos interiores con tablones de pinotea, mosaico granítico y piedra laja.

Una vez terminada la obra, el Arq. Alejandro Bustillo donó el diseñó de un pedestal sobre el que se emplazó, tiempo después, en el centro de la plaza bautizada “Expedicionarios al Desierto”, la estatua ecuestre del General Julio Argentino Roca realizada en bronce por el escultor Emilio Sarguinet (Buenos Aires, 1887-1943), especialista en esculpir figuras con animales, cuyas obras pueden apreciarse también en otros puntos del país. La nominación de la plaza en honor a aquellas campañas militares y la presencia de Roca como figura central de la misma es hasta hoy motivo de repudios y adhesiones que se ven actualmente a simple vista.

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Al finalizar la construcción se colocó, en la torre del edificio municipal, un reloj que desde entonces marca la hora con campanadas y en el que dos veces por día se activa un sistema rotativo de figuras talladas en madera que se asoman a la plaza en un orden pre-establecido. En primer término aparece el primer habitante, el poblador originario. Luego el misionero, figura que homenajea a los jesuitas y franciscanos que recorrieron estas tierras (como el padre Nicolás Mascardi, Felipe Laguna, Juan J. Guillemo y otros).

A continuación el militar, que representa a quienes formaron parte de la Campaña al Desierto. Por último se ve la figura del labrador, representando a los pobladores que desarrollaron la agricultura y la ganadería en la región. El autor de las figuras fue el artista español Casals quien las realizó Buenos Aires desde donde fueron enviadas a Bariloche para el montaje del mecanismo.

El reloj del Centro Cívico es heredero de una pasada tradición. Antiguamente los relojes de torre cumplían la función de transmitir la hora a todos, se ubicaban en los centros y lugares de gran tránsito urbano y su elevada altura permitía que se pudiesen oír a gran distancia las campanadas que avisaban las horas, por eso es habitual encontrarse con este tipo de construcciones en iglesias o edificios de carácter oficial.

El reloj del Centro Cívico de Bariloche es de la marca Weule y fue fabricado en el año 1933. Fue instalado en la torre entre 1940 y 1941. Posee cuatro cuadrantes de casi dos metros que muestran el paso de las horas que se indica en números romanos; su esfera es transparente y el mecanismo, cuyas piezas son originales con excepción de un pequeño motor eléctrico al que se le da cuerda, es enteramente mecánico.

Los engranajes, martillos y pequeños ejes son de una aleación metálica especial. Unas pesas de gran tamaño descienden hasta el piso inferior en el que, sobre una tarima giratoria, descansan las figuras de madera tallada. El reloj fue traído a la Argentina por la empresa Trust que hizo viajar desde Suiza a Gino Libano, el relojero que lo puso en funcionamiento.

El paso del tiempo le trajo algunos inconvenientes al reloj y en algún momento hasta dejó de funcionar pero el ofrecimiento del vecino Jorge Stanojevitch logró salvarlo, y no sólo lo reparó cada vez que fue necesario –incluso hasta crear él mismo las piezas faltantes o descubriendo las razones por las que el reloj atrasaba o adelantaba-, sino que ideó y promovió las visitas al Reloj convocando a escolares y turistas a hacer un mágico recorrido por su interior. El reloj del Centro Cívico lleva su nombre en su memoria.

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Otro edificio de singular interés es el del Museo Regional Francisco P. Moreno cuyo impulso también se debe a Exequiel Bustillo quien tomó la iniciativa de adquirir la colección indígena de don Enrique Amadeo Artayeta -en la que destacaban los ponchos de los caciques Pincén y Catriel - y solicitar elementos de las campañas al Desierto dotándolo de uniformes y de un objeto preciado para él: la espada que utilizó el General Roca en sus acciones militares. Estas adquisiciones fueron determinantes como punto de partida del Museo.

A lo largo del tiempo, distintas obras fueron transformando la forma, usos y funciones del Centro Cívico por exigencias del crecimiento poblacional y de la actividad principal de la ciudad, el turismo. Hacia 1960 se ampliaron el edificio de la Aduana y la Policía y con los años fueron agregándose nuevas obras y espacios.

Ese mismo año dejó una marca indeleble en el paisaje del Centro Cívico: el muelle que había sido construido por Primo Capraro en 1935, el que alojaba a la Modesta Victoria, la nave más emblemática del lago Nahuel Huapi, fue destruido por una ola gigantesca el 22 de mayo a las 16.15hs. El violento sismo ocurrido ese día en Valdivia produjo un fenómeno subterráneo que hizo que el agua del lago se retirara y volviera como una gran ola que arrasó con el muelle, con la lancha Sayhueque y con la vida de dos recordados vecinos . Lo que quedó del viejo muelle fue demolido en 1969 ya que su vieja estructura de vigas de coihue y planchas de hierro no resistía más.

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Recién en 1991 se realizó la construcción que lo reemplazó, el Puerto San Carlos. En el año 1987 el Centro Cívico fue declarado Monumento Histórico Nacional y en 1999 fue finalmente traspasado a la jurisdicción de la Municipalidad de Bariloche.

Un elemento arquitectónico destacado de este monumento histórico son los arcos del edificio que ocupa el Museo de la Patagonia -comúnmente llamados “arcadas del Centro Cívico”- que dan inicio a la calle Bartolomé Mitre, arteria principal de la ciudad.

La imagen del Centro Cívico es tan emblemática en Argentina como otros importantes edificios públicos del país. Ha sido, por años, un lugar elegido por turistas del país y del mundo para retratarse y recordar su paso por este hermoso lugar y es central en la vida de los ciudadanos de Bariloche que se citan en él para reunirse, manifestarse, reclamar y celebrar.

El Centro Cívico, núcleo vital de la ciudad de Bariloche, construido por la visión de un hombre respaldado por una institución notable como Parques Nacionales, levantado con el trabajo de lugareños e inmigrantes conserva, a más de 70 años de su inauguración, su centralidad como plaza pública. En él se expresa la vida política, cultural, turística y social de lo que fue una pequeña aldea de montaña y hoy es una gran ciudad.

Sigue siendo una postal buscada por miles de viajeros de todo el mundo. Una postal viva, vibrante y, esperemos, duradera, para que en el futuro muchos otros ciudadanos del país y del mundo conozcan el poder de la voluntad y vocación de hombres y mujeres que en un remoto rincón de nuestro inmenso país, soñaron futuro y lo hicieron realidad.

Adrián Robles

Autor de "Centro Cívico de Bariloche, eterna postal"

Fotos: Federico Silin