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Mon, Dec

Aquellos primeros años en el Nahuel Huapi, entre pioneros y bandoleros

Sundance Kid (primero izquierda) y Butch Cassidy (primero derecha) fotografiados en 1900.
Historia
Tipografía

Sobre fines del siglo XIX no era nada sencilla la vida a orillas del Nahuel Huapi que recibía tanto a pioneros que buscaban la tierra soñada, como a bandoleros norteamericanos. Jarred Jones, Enrique Neil y Butch Cassidy son algunos de estos curiosos personajes

Pioneros: en busca de la tierra prometida

En "Historia de Bariloche", Helena Aizen y Claudio Tam Muro evocan a los pioneros norteamericanos Jarred Jones y Enrique Neil: "Desde Estados Unidos llegó Jarred Jones para instalarse en las cercanías del Fortín Chacabuco (...). Jarred Jones, llegado desde Texas, se instaló en 1889 en las cercanías del Fortín Chacabuco.

Después de dedicarse un tiempo al tráfico de ganado en pie a Chile, decidió establecer una explotación ganadera en tierras que antes habían pertenecido a Modesto Inacayal (hasta que el cacique fuera tomado prisionero en 1884 y su gente desalojada)".

"Junto con Enrique Neil, un compatriota, puso un almacén de Ramos Generales en el nacimiento del Limay. El Perito F. Moreno, que gozó de la hospitalidad y colaboración del norteamericano en sus campañas, intercedió en retribución para que el gobierno concediera a Jones las 10.000 hectáreas que este había solicitado en compra.

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En 1908, con el titulo en mano, Jones tendió el primer alambrado. George Newbery y su esposa Fanny Taylor se establecieron hacia 1894 al este del lago Traful donde fundaron la estancia La Primavera dedicándose a la ganadería y a la explotación maderera".

Bandoleros y sus cartas

Por medio de una carta, Butch Cassidy comunica su paradero a sus amigos ilegales estadounidenses. Ese manuscrito "permitió certificar su estancia en la región décadas después de su muerte".

Lo relata Francisco N. Juárez en el trabajo titulado "Una carta de Butch Cassidy", del cual transcribimos algunos pasajes: "Hace exactamente un siglo atrás, la carta aún no estaba embarcada hacia el país del Norte, pero llegaría a destino. La escribió desde su rancho en Cholila, Chubut, el 10 de agosto de 1902 a la señora Davies de Ashley, de Utah, el mormón Robert Leroy Parker; el más conocido y buscado asaltante de bancos y trenes en los Estados Unidos como Butch Cassidy. Con ese nombre quedó eternizado en una reiterada película. La carta fue un mensaje –en parte en clave- para dar noticias de su paradero a las amistades fuera de la ley en los Estados Unidos: la señora Davies era la suegra de Elsa Lay, quizá del mejor amigo de Butch".

"La carta era importante para identificar al célebre bandido con el personaje que había habitado en Cholila, y demostrar con otros documentos gráficos su identidad: uno oficil con su firma, seguido de la comparación que oportunamente publiqué en la revista española Co & Co. A ello hubo que sumarle lo acumulado en la indagación en demanda de documentos sobre el rancho de Cholila. El resultado fue determinar cuándo y por qué ocuparon el lugar; el abastecimiento que hicieron los bandidos, qué consumieron y qué criaron, y hasta el costo y detalles minuciosos de dos puertas que encargaron para aquel rancho aún en pie".

"Aunque la carta de Cholila ahora carece de la última carilla con su rúbrica (firmaría Bob, como las demás, pero es su caligrafía) resulta una maravillosa síntesis de la nueva vida del bandido. Elegantemente alude a ‘un tío (que) murió y dejó 30.000 dólares a nuestra pequeña familia de tres miembros. Tomé mis 10.000 y partí para ver un poco más del mundo’.

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En realidad, se refería al asalto de un banco de Winemuca en Nevada, el 10 de septiembre de 1900. Ahora estaba solo, es cierto, pero por pocos meses, de manera que mentía ese dato.

Daba cuenta de su patrimonio ganadero: ‘300 cabezas de vacunos, 1500 ovinos, 28 caballos de silla’, además de dos peones y la alusión al rancho como ‘una buena casa de cuatro habitaciones’, galpones, establo y gallinero. Se quejaba de su soledad, la falta de una cocinera y su ‘estado de amarga soltería’.

Luego, agregaba otras quejas. Se hablaba español, ‘pero el país, en cambio, es excelente’. Daba cuenta de la extensa y fértil región, la distancia con Buenos Aires y esperaba fortificar las ventas de ganado a Chile, ‘nuestro gran comprador de carne vacuna’, porque de allá habían abierto un camino cordillerano (se refería al sendero de Cochamó, el que denunció Clemente Onelli como contrario al laudo arbitral que expediría la corona británica ese mismo año)".

En "El cura y el cowboy" se recuerda a "El Norteamericano", que vivió en Santa Cruz: "La Patagonia tuvo en aquellos lejanos tiempos muchos aventureros. (…) recordemos que en el año 1904 el padre Ludovico Dabrowski, polaco de nacionalidad y salesiano de religión comenzó sus correrías apostólicas. Con su valentía, sus chifladuras y con conocimientos de medicina se dirigió hacia el Sur.

Anduvo por las comarcas tehuelches, recorriendo siempre a lomo de caballo los toldos de los aborígenes y los ranchos de los puesteros para llevar a todos la luz del Evangelio".

"Él no se manejaba con armas, aunque siempre le habían advertido que la zona era peligrosa porque andaban muchos bandoleros... pero solo decidió llevar consigo un crucifijo bendecido porque no le preocupaban esta clase de hombres. Tampoco le preocupaban las inclemencias del tiempo... al curita no lo detenía nada".

"Por la zona había un malvado y muy conocido bandolero... era ‘El Norteamericano’, el cual hablaba inglés y un poco de castellano bastante mal, por cierto. Este era de esos que donde ponía el ojo ponía la bala y hasta la policía le tenía terror a enfrentársele. Era "yankee" en serio.

Era común que cuando eran buscados por la justicia del país del norte y ya no había muchas chances por allá; se subían a algún barco en la zona de California para bajar en Punta Arenas... y seguir "ejerciendo" en la Patagonia. Tal era el caso de este auténtico cowboy. (…)"