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Sun, Jun

El nacimiento del turismo en Villa la Angostura, de la mano del Hotel Correntoso

Primo Caparo posando con turistas que llegaban al paraje Correntoso, hoy Villa la Angostura
Historia
Tipografía

Fundado en 1917 por Primo Capraro logró traer el primer contingente de turistas en 1924. Por entonces, ni siquiera existía Villa la Angostura como tal, sino que era el paraje Correntoso. 

 

Puede considerarse que el año 1917 fue el primero en que funcionó en forma continua la pequeña hostería atendida por la propia esposa de Primo Capraro, la alemana doña Rosa Maier.

Era de construcción sencilla y conocida popularmente como “La Pensión de doña Rosa”. Había sido construida utilizando madera machihembrada, sistema que se utilizaba por primera vez en la región. Se encontraba construida junto al aserradero, y a metros de la orilla del azul profundo del Nahuel Huapi.

Este hospedaje contaba con tres habitaciones y un baño, y si bien no existía ningún cartel que lo anunciare, todos aquellos que realizaban el difícil camino desde, o hacia Chile por el actual Paso Cardenal Samoré, sabían de aquella parada tan necesaria para recuperar fuerzas, darse un buen baño caliente, o disfrutar de una reparadora cama en las noches frías al pie de la cordillera.

Debe recordase que allí mismo existía una pequeña proveeduría o almacén de ramos generales en el cual se proveían los pobladores del lugar. En la mayoría de los casos, por ser éstos de condición muy humilde, se recurría al trueque: entregaban cueros, carne, leche, crema, quesos, pieles de zorro, y recibían mercadería como azúcar, aceite o yerba.

A fines de 1920, el negocio prosperaba y Primo Capraro decidió realizar mejoras y una  ampliación del, por entonces, modesto hospedaje, transformándolo en el “Hotel Correntoso”. Las ampliaciones se realizaron en forma parcial, y sólo los primeros días de enero de 1922 el naciente “Hotel Correntoso” se encontraba totalmente terminado en esta nueva etapa.

Estaba construido en madera, con Ciprés, la más utilizada en aquella época. Tenía cinco habitaciones, dos baños, y un estar - comedor con capacidad para treinta personas, incluyendo una espectacular vista al río Correntoso desembocando en el imponente Nahuel Huapi. Sus techos terminados en tejuelas del mismo material le daban el clásico aspecto de las construcciones de la región.

Los primeros turistas

Apenas un mes después, en febrero de 1924, llega el primer grupo de turistas que se dirigían expresamente al paraje “Correntoso” - llegaban año a año, decenas de turistas ávidos por conocer esta hermosa comarca. Estos arribaban en tren hasta Bariloche, y desde allí en “El Cóndor” hasta el paradisíaco lugar. Para tener una idea más exacta de las peripecias de un turista porteño que decidía visitar la zona de Correntoso: se requería nada menos que siete trasbordos de ferrocarril, balsa y automóvil hasta llegar a esta zona cordillerana.

Las primeras excursiones organizadas fueron proyectadas y llevadas a cabo por la “Comisión Pro Parques del Sur”, cuya mesa directiva se trasladó ese mismo verano al Nahuel Huapi. Los viajes de excursión se realizaban en combinación de los FF.CC. del Estado, con el F.C. del Sud, y en automóvil desde punto de rieles a Bariloche. El precio del pasaje era de m$n 420. Desde allí, en la lancha de Capraro se los llevaba en un paseo lacustre hasta Puerto Manzano y luego al Hotel Correntoso.

Se recuerda que entre los integrantes de esta comisión honorífica figuraban dos pobladores de esta zona: Ernesto Jewell (vocal) y Luis Ortiz Basualdo (secretario). Además estaba compuesta por:  Manuel A. de Montes de Oca  (presidente), Aarón de Anchorena (vicepresidente), Carlos A. Tornquist (tesorero), Horacio Anasagasti (secretario general), y Honorio J. Pueyrredón, Leopoldo Melo, Enrique Saint, Conrado Molina y Fermín Ortiz Basualdo (vocales).

Primo Capraro, acorde con la nueva tendencia diseñó un programa opcional para poder ofrecer a los ilustres visitantes - en su gran mayoría selectos grupos de turistas de alta clase social - los servicios en su hotel y de sus embarcaciones.

La activa Comisión - ante la lenta pero satisfactoria respuesta de los contingentes turísticos -  recomienda a Capraro que combine nuevas excursiones con la estadía en su Hotel o sólo como excursiones alternativas. Fue así como en agosto de 1927 le escribe a Pablo Gross, quien se desempeñaba como encargado de la Isla Victoria: “me ha venido la idea de preguntar si usted estaría dispuesto a recibir cada lunes, miércoles y viernes los turistas a fin de hacerles ver la Isla y ofrecerles un lunch o almuerzo”.

En 1927, el Hotel contaba con un piano de cola, algo muy poco común para la época en aquellos lugares. Este detalle daba una precisa idea del perfil de avanzada que Primo Capraro le quería dar a su Hotel.

Las perspectivas por la explotación turística seguían en crecimiento. Fue así como en 1929 le encargó al constructor Enrique Lunde la ampliación de su pequeño hotel. En esta forma el establecimiento llegó a tener veinte habitaciones, un gran estar-comedor, y su construcción de buena calidad y detalles de terminaciones en madera, comenzaban a darle jerarquía al hotel que Capraro soñaba.

Excursiones en lancha

Las actividades se organizaban, e incluían paseos por el lago. En la playa Última Esperanza, había ordenado construir unos bancos y mesas de madera, hasta allí se trasladaba a los turistas para conocer, pasar el día en un lugar solitario, o simplemente disfrutar de un buen té.

Ese mismo año, el Hotel Correntoso, demostrando la enorme capacidad visionaria de la región, ofrecía excursiones con los vapores “Cóndor”, y “Nahuel Huapi II”, el buque a motor “Correntoso” y alquiler de lanchas menores y botes a motor para paseos.

El ingeniero naval Otto Mühlenpfordt fue el constructor - a pedido de Primo Modesto Capraro - del mencionado vapor “Nahuel Huapi II”, el cual era llamado popularmente el “Cachirulo” (debido a su particular silueta) y que formaría parte del paisaje diario de los colonos que poblaban la zona de “Correntoso” a través de su diario trajinar en el traslado de pasajeros, y el abastecimiento de la mercadería, en ocasiones por las operaciones de trueque (muy comunes en la época) con el almacén de Jones o la poderosa Compañía Chile Argentina.

Foto: La lancha esperando en el muelle del hotel por los turistas para salir de excursión.

Esta embarcación tendría una activa participación en el desarrollo de la zona del “Correntoso” (así se definía en aquella época la zona de Angostura) debido a que todo vínculo de los colonos con el pueblo de Bariloche, debía realizarse por vía lacustre ante lo precario del camino (“el sendero de la huella") el cual se cortaba en la época invernal por la caída de árboles y desborde de los ríos que lo cruzaban.

Con estas embarcaciones, y combinando con los horarios de arribo de los trenes de los FF.CC. del Estado se establecen salidas desde Bariloche hacia Correntoso. Desde Bariloche rumbo a Correntoso los domingos a las 9, por el accesible precio de $ 15 m/n. por persona. Esto ocurría durante la temporada baja desde el 1° de abril hasta el 15 de mayo.

Foto: Turistas a la hora del almuerzo en la zona del comedor del hotel

Durante la temporada alta, desde el 1° de enero hasta el 31 de marzo, las secuencias aumentaban a cuatro días a la semana. Las salidas de Correntoso a San Carlos de Bariloche eran a las 11 de la mañana, los domingos, martes, miércoles y jueves. El regreso estaba establecido los días lunes, miércoles y viernes a las 8 de la mañana, y los martes en el horario de las 11 ½ .

Otro servicio muy requerido era el alquiler de los barcos: el vapor “Cóndor” se podía arrendar por sólo $ 15 m/n. la hora, el vapor “Nahuel Huapi II” $ 10 m/n la hora, y el buque “Correntoso” a $ 12 m/n.

El alquiler estaba condicionado, de acuerdo a lo que se expresaba en los panfletos publicitarios: “...en cada caso el mínimo de navegación son cinco horas o sea $ 75, $ 50, $ 60 respectivamente; cada pedido correspondiente deberá ser acompañado de una seña del 50 % que será devuelta solamente si el barco no puede salir por fuerza mayor. Viajes a otros puntos que los arriba indicados, remolques, equipajes, etc, según tarifa especial aparte”.

Se ofrecía además, a los huéspedes del hotel, excursiones a Puerto Blest, Bariloche y diversos recorridos por el Nahuel Huapi.

Desde 1926 hasta 1935, el Hotel fue atendido por la familia de German Meier, quien trabajaba en el emprendimiento hotelero.

Esta familia de inmigrantes de origen alemán se estableció en la zona de “Correntoso” en 1926, después de probar fortuna en diversos sitios (Londres, Canadá, Estados Unidos: Denver, Colorado y Houston, luego Brasil: Río de Janeiro, Santos San Pablo, Uruguay y finalmente Buenos Aires).

Cuando en 1925 se radicó en San Carlos de Bariloche, la tercera parte de la población trabajaba para Primo Capraro debido a la amplitud de su desarrollo comercial, tenía un aserradero, molino, barcos, construcción, etc.... Meier se emplea en una herrería, oficio que conocía desde la Marina de Guerra Alemana, donde había sido herrero mecánico. Trabajó en la reconstrucción del aserradero y allí conoce a Primo Capraro quien le ofrece en primer termino hacerse cargo del aserradero del “Paraje Correntoso”.

Dedicado a la hotelería surgió la propuesta de alquilar en 1926 el Hotel Correntoso. Este contrato fue realizado originalmente por dos temporadas.

En 1936 don German Meier se adhirió a una promoción de ventas de tierra fiscales por parte de Parques Nacionales para emprendimientos hoteleros, y adquirió dos hectáreas sobre la costa del lago Espejo, y se instaló allí con su propio hospedaje.

Una de las actividades que sorprendían al pasajero eran las típicas carreras de caballos que se realizaban en el margen del lago Correntoso. Esta actividad se mantenía durante todo el día en algunos domingos o días festivos, y servía de excusa, para la reunión obligada de aquellos primeros pobladores del “Paraje Correntoso”. El baile y el clásico asado completaban el cuadro familiar.

 

Yayo de Mendieta

de su libro "Apuntes del Correntoso"

Villa la Angostura

 

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