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Villa la Angostura hace 98 años: “Imagino grandiosos edificios multiplanos”

Primo Capraro posando junto a su posada a orilla de río Correntoso.
Historia
Tipografía

Los sueños de Primo Capraro no dejan de sorprender, tantas décadas después, de la visión que tuvo sobre la prosperidad que podría tener la región del Nahuel Huapi. 

Corría 1920 y Primo Capraro, aquel buscador de oro llegado desde Italia al comenzar el siglo, se había convertido en el empresario más importante de Bariloche. Su aserradero abastecía de la madera con la que su empresa constructora levantó prácticamente todas las viviendas del pueblo y de las estancias vecinas, los puentes y las carreteras. 

Escribió sobre un puerto "lleno de buques de buen tonelaje en operaciones de carga y descarga. Eran barcos a tracción eléctrica, con acumuladores de cabotaje, carga y pasajeros, que desde los ventisqueros del Tronador del Mascardi y Frías y desde el lago Correntoso transportaban los productos agropecuarios y de las industrias madereras"

Un servicio de vapores de su propiedad recorría los lagos Nahuel Huapi, Correntoso y Espejo. Para el final de su vida Capraro acumulaba los títulos de Cónsul de Italia, presidente del consejo Municipal, agente de Y.P.F., representante de la West Indian Oil Company, Ford y Fordson, Vacum Oil Company, Cia. de Seguros La Columbia y Banco de Italia y Río de La Plata y corresponsal de los diarios La Nación y de La Patria degli Italiani.



El controvertido personaje intentó escribir sus memorias en una lengua que nunca llegó a dominar. Cuenta cómo una noche soñó con el futuro de Bariloche, veía allí: "grandiosos edificios multiplanos", un puerto sobre el lago "lleno de buques de buen tonelaje en operaciones de carga y descarga.

Eran barcos a tracción eléctrica, con acumuladores de cabotaje, carga y pasajeros, que desde los ventisqueros del Tronador del Mascardi y Frías y desde el lago Correntoso transportaban los productos agropecuarios y de las industrias madereras, curtiembres, lavaderos de lanas, fábricas de tricotas y medias, celulosas que venían concentradas en Bariloche para ser enviadas a los centros consumidores de exportación."

Pero la realidad era otra: "la triste realidad: el aislamiento de la Colonia Nahuel Huapi, con su correo cada quince días y gracias, un viaje a lomo de mula a Neuquén o a Roca con tropas de carros (...)."

"La realidad era que la misma Capital del Río Negro, poblada desde trescientos años por los hidalgos españoles todavía no había adelantado en ninguna forma y sólo era ligada al resto del país por el océano Atlántico por donde habían venido los españoles mismos."

"Mi sueño reñía demasiado con la realidad, sin embargo yo acariciaba mi visión"- concluyó el empresario cuyas frases quedaron en las Memorias de Capraro transcritas por el Ingeniero Frey.

Capraro aspiró a convertir a Buenos Aires en "sucursal de Bariloche" gracias a la explotación de la energía hidroeléctrica. Tuvo grandes opositores y aunque en el pueblo circulan aún diversas versiones sobre su vida, lo cierto es que fue el último exponente de una opción de desarrollo que no prosperó.

El 4 de octubre de 1932, don Primo Capraro puso fin a su vida. Fue un día de luto en el pueblo que prácticamente trabajaba para él. La flota Capraro íntegra se concentró a la vista del viejo cementerio de Ñireco, dejando oír sus sirenas durante el entierro.

Yayo de Mendieta

Villa la Angostura 

 

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