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Thu, Sep

Con un radar fabricado en Bariloche se podrá monitorear la Tierra hasta 2 metros de profundidad

El radar SAR.
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SAOCOM 1A, un proyecto conjunto de INVAP y la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), junto a los éxitos alcanzados por la empresa argentina Satellogic en el despliegue de una constelación de microsatélites, tiene por detrás un conjunto de emprendimientos de alta tecnología que aportan componentes esenciales para estos desarrollos.

Es el caso del radar de apertura sintética (SAR, por su sigla en inglés) está conformado por "140 mini antenas" que pueden modificar su estado para apuntar a distintos puntos de la Tierra, mide 35 metros cuadrados y pesa 1.500 kilogramos, la mitad del SAOCOM 1A.

Ese dispositivo ya entró en la última fase de pruebas en la sede de INVAP Bariloche, lugar donde se está ensamblando el quinto satélite de la CONAE e INVAP, para su posible lanzamiento en agosto de este año.

El radar SAR, de confección nacional, le permitirá al satélite argentino SAOCOM 1A el monitoreo de la superficie terrestre hasta los dos metros de profundidad, sistema que ya entró en la última etapa de pruebas antes de su instalación definitiva en ese dispositivo aeroespacial.

"Enviar algo al ambiente espacial es muy exigente, ya que la calidad tiene que ser la más alta posible porque hay una única oportunidad. No se puede mandar a reparar algo que no funcionó”, señaló el responsable de Estructuras y Mecanismos del proyecto SAR, Leonel Garategaray.

La antena-radar está formada por siete paneles de 1,5 por 3,5 metros cada uno, que estarán plegados alrededor del satélite y, una vez fuera del lanzador, deberán abrirse y formar una superficie totalmente plana.

El objetivo del dispositivo es poder analizar la humedad del suelo terrestre para conocer el riesgo de inundaciones o su monitoreo una vez ocurridas, el análisis de posibles rindes de cosechas y el riesgo de aparición de enfermedades como el hongo fusarium –que perjudica a cultivos como el trigo–, de malezas e insectos.

También permitirá obtener información forestal, sobre recursos pesqueros, de uso de suelo y formación de basurales, evaluación de glaciares, posibilidades de avalanchas y derrames de petróleo.

Además del personal del Laboratorio de Integración y Ensayos de la CONAE, especialistas del Centro Atómico y de la Universidad Nacional de La Plata trabajaron sobre la durabilidad de la antena al someterla a exámenes de radiación y temperatura que simulan aquellas a las que se la expondrá en el espacio.

Así como los componentes de este satélite fueron diseñados en Argentina y la mayoría de ellos fueron construidos en territorio nacional, lo mismo sucede con los implementos y plaquetas que conforman la constelación de Satellogic.

LabOSat, por ejemplo, es una plaqueta ultra resistente desarrollada por investigadores de CONICET, la universidad de San Martín y la CONAE que tiene como función ser la plataforma de control de dispositivos que ensayan sus funciones en el espacio.

Dentro de los satélites en órbita Ada y Maryam, lanzados por Satellogic el pasado 2 de febrero desde China, operan tres plataformas experimentales LabOSat-01.

En las últimas misiones se ensayaron celdas de memoria fabricadas en Argentina y en Finlandia conocidas como “memristor” que fueron llevadas al espacio para probar su alta tolerancia en ambientes hostiles y que, de conseguir resultados satisfactorios, pueden convertirse en reemplazantes de las memorias estándar utilizadas actualmente en la industria aeroespacial.

Características técnicas

Los radares SAR tienen tres características distintivas: Funcionan en base a microondas. Emiten ases móviles pese a tener antenas fijas. Los ases suelen “barrer” sus blancos en forma oblicua, generando lugares de mayor iluminación y otros de sombra.

La resolución de un radar SAR depende de la longitud de onda de las microondas y del tamaño de la antena. Los radares SAR de los satélites SAOCOM operan en banda L con microondas de 23 centímetros, que incluso con una antena gigante de 25 metros cuadrados sólo detectan objetos de un tamaño superior a los diez metros.

Por esa razón, la información que generen los SAR argentinos es de bajo valor militar pero de alta utilidad en asuntos de medio ambiente. El diseño radioeléctrico de estas antenas lo ejecutó el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR), su compleja ingeniería de construcción y despliegue es obra de la CNEA.

Para suministrar la energía a antenas tan grandes, que son componentes principales del radar, se requiere de células fotovoltaicas de alta duración y eficiencia y superficie acorde, obra en este caso de la CNEA, con baterías de considerable peso. Debido a las dificultades técnicas, sólo dos países han encarado el desarrollo de radares SAR espaciales en banda L: Japón, con un satélite experimental académico ya en órbita y la Argentina, con los dos en construcción y cuya finalidad será económica y de gobierno.

 

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