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Sat, Jun

En abril la primera iglesia de Bariloche cumplirá 110 años

Domingo Milanesio en un carro, justamente en 1908.
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Más allá de las peripecias que debió sortear recientemente, la Inmaculada Concepción cumplirá en 2018, 110 años de existencia. Mucho tuvo que ver en su establecimiento el sacerdote Zacarías Genghini, cuya figura recuerda una calle de Bariloche. 

Desde la formalización de San Carlos de Bariloche, debieron transcurrir casi seis años para que el sacerdote Domingo Milanesio efectivizara la bendición sobre la primera iglesia de la ciudad, que fuera consagrada después de una votación entre los feligreses a la Inmaculada Concepción de María. Sin embargo, el verdadero impulsor de su construcción fue Zacarías Genghini, cuya figura recuerda la denominación de una calle barilochense. 

Éste tenía su base de operaciones en Junín de los Andes, pero en 1901 emprendió una extensa gira misionera que lo trajo al pueblo que por entonces, aún no era ciudad. “En esa época –escribirá más tarde en sus Memorias- encontré a S. Carlos de Bariloche, hoy tan espléndido y adelantado, como un pobre caserío. Su población eran tres casas y unos cuantos ranchitos y toldos de indios a orillas del lago y del arroyo Ñirihuau. El área del actual pueblo eran bosques de árboles forestales y arbustos que fueron desapareciendo a medida que fue poblándose”.

La actuación de Genghini fue rescatada por Clemente Dumrauf en la ponencia titulada “La conquista espiritual del Nahuel Huapi”, que fuera presentada ante el Congreso Nacional de Historia sobre la Conquista del Desierto. La instancia académica se llevó a cabo en General Roca en 1979, al cumplirse los 100 años de transcurrida la campaña que incorporó los territorios indígenas a la soberanía argentina.

Cinco años después de aquella primera visita, el sacerdote regresó a la ciudad y anotó: “No había sino 4 casas que formaban la incipiente población: la casa alemana que llevaba el título San Carlos, de allí el motivo que cuando uno iba al negocio decía: voy a San Carlos, y hoy día aún existe tal dicho con la diferencia que se entiende ir a Bariloche, siento éste el verdadero nombre de la población, mientras que San Carlos lo es solamente de la casa de negocio alemana que tiene allí la Compañía Ganadera Comercial Chile-Argentina. Las casas en esa época eran: Casa de negocios San Carlos, la comisaría, un gran galpón con varios departamentos y unos ranchitos donde vivían tres familias indígenas”.

Según Dumrauf, “en esa oportunidad visitó también la península San Pedro y recorrió las reducidas tolderías indígenas diseminadas en toda la zona hasta la frontera con Chile. Ya regresando pasó por la estancia San Ramón, Pichileufú, Pilcaniyeu, Paso Limay y desde allí a Junín de los Andes”. Contaba Genghini que durante su periplo había administrado “100 bautismos, 60 confirmaciones, 5 matrimonios, 150 confesiones, 140 comuniones. Hice un recorrido de unas 90 leguas siempre a caballo”.

“Una capilla en ese punto”

Recién “a principios de 1906, por indicación del padre Esteban Pagliere, Superior de las Misiones, el padre Zacarías Genghini emprende nuevamente el camino hacia Bariloche ‘para ver lo que hay de particular sobre la construcción de una capilla en ese punto que si bien es cierto que recién tiene sus comienzos, no lo es menos que está llamado a un gran porvenir, especialmente cuando llegue hasta allí el ferrocarril por ser el anillo de unión entre Chile y Argentina por el lado Sudoeste de esta última’”, expresaba el sacerdote.

Al pasar por Arroyo Blanco: “Todos los pobladores son indios y están bajo el cacique Marín, descendiente de Sayhueque. Ocupan un retazo de campo fiscal y son unas cuarenta familias. El campo es muy bueno, y por lo tanto codiciado por los ‘civilizados’ que hostigan a los pobres indios y con el auxilio de la autoridad local, consiguen fingir derechos de ocupación y despojan así a los que llaman salvajes. El misionero los defiende y con eso se gana las enemistades de los hombres, pero también la justicia de Dios”.

Ya en la naciente ciudad –corría 1904-, el cura anotó: “Se hace sentir la necesidad de una capilla católica y un colegio para educar e instruir las criaturas que pululan por las calles por no haber quien se ocupe de ellas. Entra en los fines de las Comisiones de Damas y Caballeros para la edificación de la Iglesia la construcción de un colegio que se hará siempre que el Superior Gobierno no olvidando ese pedazo de suelo argentino de mucho progreso y porvenir concurra a tal objeto”.

Entonces, en la noche del 19 de marzo se formalizó “la comisión Pro Templo de caballeros para la construcción de una capilla”, según indicaba Dumrauf. Pero con anterioridad, ya venía trabajando “una comisión de damas”. Genghini siguió misionando y cuando estaba en Comallo, se enteró que visitaría Bariloche el gobernador de Río Negro, Félix Cordero. “Regresó entonces inmediatamente para entrevistarse con él e interesarlo por la construcción de la capilla. El gobernador asistió a una reunión conjunta de las dos comisiones, durante el transcurso de la cual fue designado presidente honorario de las mismas, designación que aceptó complacido y prometió su amplio apoyo para tan plausible tarea”. Sin embargo, todavía hubo que esperar (ver recuadro).

Un 19 de abril

Zacarías Genghini fue autorizado por sus superiores a quedarse un tiempo pero luego debía partir a Junín. Entonces, “se nombró una comisión especial para estudiar el proyecto y presupuesto presentados por Capraro y de llegarse a un acuerdo se iniciarían inmediatamente los trabajos. Se decidió también solicitar al Congreso de la Nación una subvención de 15.000 pesos y a la Gobernación de Río Negro lo que estimara conveniente, asegurando el señor gobernador todo su apoyo”, explicaba Dumrauf.

El relato sostiene que inmediatamente se firmó “el contrato de construcción de la capilla entre el presidente de la Comisión y el empresario de la obra, Primo Capraro. De acuerdo con lo estipulado la capilla debía estar terminada para el 31 de diciembre de 1906 y entregada el 1º de enero de 1907”. Pero, siempre hay un pero... “Por razones especiales y embrollos por parte de algunos que estaban interesados no se pudo dar cumplimiento a lo contratado”, confesaba Genghini en sus “Apuntes”.

De regreso a Bariloche después de otra gira misional, Genghini tomó riendas en el asunto. Solicitó un lote y luego de varias idas y vueltas, se otorgó el solar “A” manzana 36. El 21 de enero de 1907, se consiguió la autorización burocrática para iniciar los trabajos. La construcción demandó siete meses y medio de intensas tareas. Sin embargo, la inauguración formal del primer templo de Bariloche, se estiró mucho más.

“El 17 de agosto el padre Genghini y las dos comisiones en pleno recibieron oficialmente la capilla, completamente terminada”, enseñaba Dumrauf. Los pobladores aguardaban la llegada del provicario apostólico para que éste la bendijera y quedara formalmente inaugurada, pero no pudo ser. “No fue el Superior de las Misiones de la Patagonia, ni el padre Zacarías (que sobrellevó las fatigas y sinsabores de la construcción) a quien le cupo el honor de bendecir el histórico templo, sino que fue el padre Domingo Milanesio, entonces director de la casa de Junín de los Andes y que había estado alguna vez en el Nahuel Huapi”. Era el 19 de abril de 1908, “solemnidad de la Pascua”.(El Cordillerano/Adrian Moyano)

 

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