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Las asombrosas postales nocturnas del Complejo Volcánico Nevados de Chillán

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Las frías noches de estos inicios de noviembre, marcadas por nuevas nevazones en la cordillera, se han iluminado a causa del fulgor natural de las frecuentes  explosiones desde el Subcomplejo Las Termas, perteneciente al Complejo Volcánico Nevados de Chillán. .

 

Más allá de las capacidades del ojo humano, la fotografía ha permitido - por primera vez- capturar la esencia del fenómeno volcánico que ya perdura por casi 4 años

Fue en el pasado mes de agosto, cuando el Complejo Volcánico comenzó a experimentar notorios cambio en su comportamiento, pasando de un proceso constructivo-destructivo de un domo de lava (acumulación de lava al interior del cráter con forma de cúpula), a la emisión continua de lava viscosa que ha estado escurriendo desde septiembre por la ladera norte del cono actualmente activo (cráter Nicanor), y que ya ha formado 2 flujos.

Este cambio estuvo controlado por una inyección profunda de una nueva masa de roca fundida - magma - y la cantidad de material emitido a la fecha supera los 500 mil metros cúbicos. 

Lejos de poseer un comportamiento exclusivamente efusivo (con salida de lava) o explosivo (con fragmentación de rocas y formación de plumas eruptivas), las erupciones pueden tener una componente mixta. Así se demuestra que en los Nevados de Chillán, la escorrentía de lava viene acompañada de explosiones rítmicas de gran energía.

 

Esto ocurre cuando la lava obstruye parcialmente el conducto, y aumenta la presión hasta causar una explosión. De día se ven como nubes cargadas de ceniza oscura y gas, pero de noche se observa que en realidad grandes bloques de lava incandescente son eyectados en las proximidades del cráter.

Diego Spatafore, fotógrafo especializado en erupciones volcánicas, lo comprobó luego de instalarse a pernoctar cerca del volcán con una cámara programada para capturar la luz continuamente durante 30 segundos, durante varias noches. El mismo tipo de imagenes también capturó Carlos Valera Alarcón desde la ciudad de Coihueco (a 47 km de distancia del volcán, donde es posible apreciar el complejo volcánico en su totalidad - Cerro Blanco a la izquierda y  Las Termas a la derecha).

 

En ambas fotografías, pero sobre todo en las de Diego, se aprecia cómo estos bloques, de tamaño métrico, son disparados desde el cráter en trayectorias parabólicas, cayendo en los flancos del volcán, los cuales se fragmentan durante el impacto, deslizándose ladera abajo.

Estas rocas, llamadas proyectiles balísticos, en vez de elevarse con la mayor parte del material fragmentado que asciende formando una columna eruptiva, se mueven en función de su velocidad inicial, el ángulo con el cual son expulsadas y fuerzas como el roce atmosférico y la gravedad. En ese sentido, se asemejan más a una bala que a una partícula arrastrada por el gas caliente de la erupción.

Para erupciones como la de los Nevados de Chillán, su velocidad suele ser de 100-400 m/s y el tamaño varía entre 1 y 5 m. Utilizando fotografías como las de Diego Spatafore, no solo sería posible conocer la trayectoria de estas rocas individuales, sino obtener datos como sus dimensiones, masa, velocidad y finalmente un mapa de peligros de impacto. Es así como la ciencia avanza, de la mano del arte.

Fuente: VolcanoChile

 

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