"Enero es un mes tranquilo". O al menos, esa suele ser la creencia popular más difundida en el común de los argentinos.
Sucede que el comienzo del año es visto como un momento ideal para descansar, tomarse vacaciones y "recargar las pilas" para el período que arranca.
Eso, con la tranquilidad de que nada demasiado importante sucederá antes de volver al trabajo. Por lo menos, eso es lo que la mayoría piensa.
Sin embargo, los últimos comienzos de año se encargaron de demostrar que esa creencia no siempre coincide con la realidad.
Por más que muchos vean al primer mes como un período calmo y sin muchos cambios, una sucesión de hechos importantes parecen derribar el mito del "enero tranquilo", a veces por cuestiones internas de la Argentina y otras, por factores externos que impactaron en el país.
Y el 2012 se perfila como un año que no escapa a esta tendencia. De hecho, comienza con un suceso que concita la gran atención de todos los argentinos: la operación de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner por un cáncer de tiroides que le fue detectado en diciembre.
Derribando el mito del "enero tranquilo"
"Cuando se habla de un mes calmo es en parte realidad a nivel empresarial, porque el ritmo de negocios y el volumen baja, ya que hay mucha gente de vacaciones. También por eso no se toman decisiones importantes sino que es más bien un mes de planificación", explica Milagros Gismondi, economista jefe del estudio Orlando Ferreres y Asociados.
Sin embargo, aclara que justamente "esta tranquilidad es aprovechada en ocasiones para que se tomen decisiones a nivel político, porque tienen distinto efecto si se ponen en práctica en enero que si se lo hace a lo largo del año".
En la misma línea, Aldo Abram, director ejecutivo de la Fundación Libertad y Progreso, considera que "usualmente se ha tendido a esa creencia porque los argentinos nos tomamos vacaciones y eso hace que haya menos probabilidades de malas políticas económicas que generen situaciones movedizas en los mercados. Pero, el tema es que el mundo no se toma vacaciones".
De todos modos, también apunta que en varias ocasiones "los factores que enturbian al mes son locales, porque los gobiernos aprovechan la tendencia de los argentinos a desentenderse de la realidad para tomar medidas que, se sabe, van a tener impacto negativo en la opinión pública".
"Tienden a valerse de que estamos distraídos, viendo el mar y no leyendo las noticias", sentencia.
¿Cuáles son estas medidas o hechos que han puesto en duda la veracidad del "calmo enero"? Los ejemplos son varios, pero sin lugar a dudas, uno de los más resonantes fue el conflicto entre el Gobierno y el entonces titular del Banco Central de la República Argentina (BCRA) Martín Redrado.
En enero del 2010 se desató "la pelea por las reservas". El Ejecutivo quería usar esos fondos para pagar deuda, mientras que el funcionario se negaba a liberarlos, diciendo que tal acción no se podía realizar sin el aval del Congreso.
El resultado de este enfrentamiento fue un mes tenso, en el que Redrado fue removido de la titularidad del BCRA por medio de un decreto de necesidad y urgencia, para luego ser restituido en su cargo por la Justicia. Finalmente, todo culminó cuando presentó su renuncia.
El 2011 también tuvo su cuota de movimiento, con la escasez de billetes en los cajeros como gran protagonista del "tranquilo enero".
En ese caso, el Central se vio obligado a mandar a imprimir partidas en Brasil, al tiempo que creó dos nuevas gerencias para intentar reducir el uso de efectivo.
Más aun, si se hace una mirada retrospectiva, las señales de los comienzos movidos de año se multiplican:

Enero 2002, pesificación y fin del 1 a 1
Fue precisamente un 6 de enero de ese año cuando el Senado aprobó la "Ley de Emergencia Económica" que puso fin a la convertibilidad. En otras palabras, el famoso 1 a 1 que acompañó durante tantos años a los argentinos había llegado a su fin.
Muchos aún se acuerdan del por aquel entonces ministro de economía, Remes Lenicov, cuando anunció que la nueva paridad iba a ser de $1,40 por dólar, en tanto que se apostaba a la coexistencia de una cotización de la divisa para el comercio exterior y otra libre.
Con el correr de los días la demanda fue tan fuerte que el "calmo" enero concluyó con una suba del 97% de la divisa estadounidense.
Pero eso no fue todo. También se aprobó una suave liberación de los retiros de las cuentas sueldo y la pesificación de las deudas de hasta 100.000 dólares. Vale decir, quien estaba endeudado en billetes verdes, "milagrosamente" pasaba a estarlo en moneda local.
Enero de 1999, Brasil decide devaluar el real
Corría otro enero, aparentemente tranquilo, cuando el gobierno brasileño decidió abandonar el Plan Real y llevar el tipo de cambio de 1,20 a 1,94 unidades por dólar.
Esto puso en alerta roja la relación entre ese país y la Argentina dado que, hasta ese momento, mantenían la paridad cambiaria frente a la divisa estadounidense.
Con la devaluación, Brasil pasó a tener un gran superávit comercial en el comercio bilateral, lo cual agravó la situación de las cuentas externas argentinas, y aceleró la presión por la devaluación en la economía local.
Enero de 1995 y un "Tequila" para disfrutar en vacaciones
El tequila es una bebida de origen mexicano que está asociada a la noche y a la diversión. Pero, esa palabra no siempre trae buenas reminiscencias. Al menos, no en términos financieros.
En enero de 1995 se sintió de lleno la medida implementada por México el 20 de diciembre de 1994, cuando el país decidió devaluar fuertemente su moneda, con el consecuente impacto en su sistema bancario y con marcados coletazos a nivel local (basta recordar lo sucedido con el desaparecido Banco Extrader).
Pese a la enorme desconfianza que existía, en Argentina el peso se mantuvo inalterado en su relación con el dólar, pero la contrapartida fue una violenta corrida bancaria.
En apenas tres meses se fugaron depósitos equivalentes a unos u$s8.000 millones, es decir el 17% del total de aquel entonces.
La magnitud de la crisis fue tal que el PBI argentino de ese año cayó el 4,5% y el número de bancos pasó de 168 a sólo 129.
Enero de 1991, devaluación y nacimiento del 1 a 1
El agotamiento de sucesivos planes económicos impulsados sin éxito por el Gobierno del entonces presidente Carlos Menem dio lugar al nombramiento de Domingo Cavallo como nuevo ministro de Economía.
A fines de enero de ese año, en plena convulsión cambiaria, decidió fijar -como primera medida- una banda de flotación del dólar entre 8.000 y 10.000 australes.
Esto es, si la divisa norteamericana caía por debajo de los 8.000 australes, el Banco Central compraba dólares. Si subía por arriba de los 10.000, vendía.
¿Qué significó esto en la práctica? Una devaluación nominal del 84% pues, de los 5.100 australes por billete verde de finales del año '90, se pasó a una de 9.400, en febrero de 1991.
Enero de 1990 y el famoso "plan Bonex"
¿Se acuerda del ministro de Economía Erman González? Posiblemente sí, aunque quizá no tenga tan fresco el recuerdo de lo sucedido: el funcionario dispuso, a partir del 1º de enero de ese año, un canje compulsivo de todos los plazos fijos por bonos externos.
En otras palabras, quien tenía colocado dinero en un banco, el Gobierno se quedaba con ese capital y, a cambio, le entregaba títulos de deuda pública.
Como si fuese poco, González prohibió que las entidades financieras recibieran depósitos a plazo hasta nuevo aviso.
La confiscación provocó una fuerte recesión, producto de una importante caída de la liquidez y causó un profundo impacto en la población, pues significó una gran pérdida para los tenedores de plazos fijos.
Un dato que ilustra la gravedad de los hechos es que en aquel momento la tasa promedio anual de esos depósitos alcanzó al 453 por ciento.
¿Qué se puede esperar del 2012?
El año que comienza ya tiene su "cuota picante" para enero: la operación de Cristina Kirchner por un carcinoma papilar que le fuera detectado durante un chequeo de rutina.
¿Cuáles serán las consecuencias de esta situación en el panorama local? Los analistas coinciden en que esto juega a la vez a favor y en contra del "calmo enero".
Sucede que, si todo sale como está previsto, lo más probable es que éste sea un mes de impasse hasta el retorno de la mandataria a la cabeza del Ejecutivo, sin la presencia de medidas importantes o drásticas.
Sin embargo, un contexto internacional agitado puede obligar al vicepresidente Amado Boudou, a cargo de la Presidencia interina, a actuar ante un imponderable. "En ese caso, se va a analizar mucho su reacción y si las medidas que tome fueron o no consensuadas con la Presidenta", anticipa Gismondi, desde el estudio Orlando Ferreres y Asociados, quien opina que aun de licencia, la mandataria no se va a alejar del todo de las decisiones gubernamentales.
En el mismo sentido se expresa el economista Pablo Rojo:"No creo que la operación de la Presidenta vaya a tener efectos en la economía. Tampoco vislumbro conflictos sindicales importantes por ahora, ya que estos recién se van a presentar cuando se abran las discusiones paritarias, ya entrado el 2012".
"La operación no ha tenido impacto hasta ahora y, en la medida en que todo salga bien, no deberíamos tener consecuencias relevantes sobre la economía o los mercados", considera Aldo Abram.
En esta línea apunta: "No parece que hubiera factores domésticos que fueran a enturbiar enero. Pero en el mundo hay problemas, como los de la Eurozona".
"No creo que, con la perspectiva de un impasse de la Presidenta, se estén por tomar medidas importantes. Este Gobierno se ha caracterizado por ser muy personalista y muy poco delegativo. Con lo cual no suena razonable que vayan a tomar riesgos excesivos cuando saben que ella no va a estar disponible para administrar los resultados", concluye el especialista.(iProfesional)