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” Las palabras están de más cuando no fundan, cuando no esclarecen,cuando no atraen, cuando no añaden” José Martí

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Historia
El día que ayudaron en nuestra región al almirante Wilhelm Canaris

Llegó a ser Jefe del Espionaje (Abwehr) de Adolf Hitler. Su anécdota en el paso por nuestra región y su contacto con los alemanes que residían a orillas del Nahuel Huapi.

(06/03/13)

Wilhelm Canaris nació en Aplerbeck (Westfalia) el 1 de enero de 1887 y sirvió a la marina alemana en las dos grandes conflagraciones bélicas del siglo XX. Una vez graduado como oficial es asignado como teniente a la dotación del “Dresden”, botado en 1906, y que por su tecnología se constituía en uno de los buques más avanzados de la época. El crucero tenía 118 metros de eslora, estaba armado con diez cañones de 105 milímetros y era el único de su tipo equipado con las potentes turbinas Parsons que le permitían alcanzar 28 nudos, el equivalente a 52 kilómetros por hora.

Al iniciarse la Primera Guerra Mundial el “Dresden” se encontraba operando en el Atlántico y es enviado a unirse a la flora del almirante Graf Von Spee en la Isla de Pascua. Para ese entonces Canaris ya se desempeñaba como ayudante del comandante del crucero, Fritz Lüdecke. El 1 de noviembre de 1914, en la Batalla de Coronel, en Chile, la flota de Spee vence a una escuadra inglesa y se dirige a las Islas Malvinas con el propósito de desembarcar una unidad de infantes para apoderarse de la estación telegráfica de los ingleses, destruir el puerto y hundir los navíos surtos.

En la madrugada del 8 de diciembre los alemanes se acercan a Malvinas sin sospechar que estaban siendo esperados por una fuerza naval con mayor capacidad de fuego. La armada inglesa, al mando del vicealmirante Sturdee, hundió a casi todos los navíos de Von Spee, siendo el “Dresden” uno de los únicos barcos sobrevivientes gracias al poder de sus turbinas que le dieron mayor velocidad durante el forzado escape, aunque la Royal Navy ciertamente dejó escapar al Seydliz que se refugió durante un año y medio en San Antonio Oeste, lapso durante el cual sus tripulantes sobrevivieron mediante el trueque y el cuatrerismo y al auxilio de Carlos Lahusen y Mauricio Braun, súbditos del Imperio Alemán que poseían los almacenes de ramos generales más importantes del pequeño poblado.

El “Dresden”, durante meses, se refugia en los canales australes de Chile para eludir la persecución inglesa. Finalmente, cuando busca ser reabastecido en la Isla de Juan Fernández –la ínsula en la que Defoe se inspira para escribir su novela Robinson Crusoe-, y no encuentra en ella el carbón suficiente para escapar definitivamente del lugar, el “Dresden” tiene sellada su suerte. Cinco días después es sorprendido por las fuerzas inglesas que lo someten a una lluvia de fuego incesante.

Ayuda en la región del Nahuel Huapi

El comandante del “Dresden” envía a Canaris a parlamentar con el jefe de la flota inglesa apelando a que ambas fuerzas estaban en el mar de un país neutral. Los intentos de eludir un final inevitable fracasan y poco después Lüdecke ordena abrir las válvulas de anegamiento para mandar su buque al fondo del mar. Tres días después los alemanes son rescatados por buques de la marina chilena y conducidos a la base naval de Talcahuano.

Canaris, en agosto de 1915, se fuga de Chile. Una versión indica que cruza la cordillera a caballo para embarcarse luego en una lancha y atravesar el Nahuel Huapi hasta llegar a San Carlos de Bariloche donde toma contacto con alemanes residentes que le permiten llegar a Buenos Aires y de allí retornar a Alemania. En su país es condecorado con la Cruz de Hierro de Primera Clase y es asignado a España para llevar a cabo operaciones de contraespionaje y logística aunque poco más tarde vuelve al servicio activo como comandante de un U-Boot con el que provoca el hundimiento de ochenta barcos aliados. La otra versión relativa a su fuga asevera que lo hizo a bordo del “Ludovico” de bandera chilena.

El naufragio

El 11 de julio de 1916, en un viaje de Chile a Buenos Aires, el pequeño vapor es sorprendido por un temporal que lo estrella contra las restingas de la costa, en Bahía Rosas. Se dice que gracias a la acción de un peón de una estancia del lugar, posiblemente de “La Magdalena”, y de apellido Quichulef, la tripulación del “Ludovico” logra abandonar el barco encallado en medio de la furia de las enormes rompientes. Este hombre habría arrojado un lazo que llegó hasta la cubierta del “Ludovico” a partir del cual pudieron tender un cabo y aferrado a él llegar a la orilla.

“La Nueva Era” de Carmen de Patagones, en su edición del día 16 de julio narraba los hechos de esta manera: “El lunes último naufragó frente a la costa del Río Negro, el vapor chileno “Ludovico”, a consecuencia de haber sufrido averías en la máquina, que lo puso en condiciones de no poder con las olas. El “Ludovico”, arrastrado por el temporal que ese día reinaba, fue a dar contra la costa pocos kilómetros más al sud del faro del Río Negro, estrellándose en pocas horas.

La tripulación, dirigida por su capitán, don Ciríaco Uribe, pudo salvarse toda y arribar a Viedma, donde se presentó a la gobernación y en el acto se le prodigaron los cuidados que su estado de fatiga reclamaba. Al conocerse el suceso, prodújose un movimiento generoso en el comercio local con el fin de socorrer a los náufragos. El señor Manuel Marín, de la tienda San Juan, proveyó de vestuario completo a toda la tripulación; además, los señores Nazario Contín y Pablo Fischer iniciaron una cuestión pública con excelente resultado, destinada a costear los gastos que demandara la subsistencia de los infelices náufragos”.

A la semana siguiente, el periódico amplía la información y da cuenta que “la tripulación del barco naufragado se componía en su mayoría de españoles, y la oficialidad, con excepción del capitán, pertenecía a la colectividad alemana. Estos fueron socorridos y enviados a Buenos Aires en los primeros días de la semana, quedando la marinería en Patagones, a la espera de mejor suerte”.

Este último dato, es decir, el hecho de que los oficiales del buque fueran alemanes, resulta por demás relevante si lo vinculamos con lo que sostiene Carlos De Nápoli. Para este escritor y autor de “Ultramar Sur” y “Nazis en el Sur”, hay firmes indicios de que Canaris hubiera sido uno de los ocho oficiales alemanes que integraban la tripulación del “Ludovico”.

“Tuve oportunidad de hablar con quien dijo ser el armador del barco –sostiene De Nápoli-, por entonces un nonagenario chileno-alemán de apellido Haverbeck. Me comentó que Canaris huyó con el apellido Carsten Rix, cuestión que puede ser cierta ya que el propio Canaris decía ser de familia Canarix. Según este personaje, la tripulación estaba compuesta por alemanes, cosa absolutamente prohibida, ya que estaban en plena guerra. Obviamente me refiero a la Primera Guerra Mundial y al año 1916, cuando el “Ludovico” naufraga en Bahía Rosas y los británicos detenían a cualquier miembro de esa nacionalidad en alta mar.”

¿Quién era Canaris?

Aquel oficial que presuntamente fue parte de la tripulación del “Ludovico”, termina, al cabo de los años, abrazando con fervor la llegada del nazismo a la vida política de su país. Su acentuado anticomunismo y rechazo a las formas parlamentarias de gobierno encuentran, por otra parte, en las ideas predicadas por Hitler, el mejor camino para canalizar su aspiración de que se revisara el Tratado de Versalles, firmado por la Alemania derrotada al finalizar la Primera Guerra Mundial.

En 1935 es ascendido a Contralmirante y nombrado jefe del espionaje alemán (Abwehr) del Ministerio de Guerra desde donde organizó la ayuda alemana al General Francisco Franco durante la Guerra Civil Española. Cinco años después es ascendido a Almirante.

Precisamente es a partir de su nombramiento como jefe de la Abwehr cuando aparecen sombras en su biografía y auténticos misterios. Canaris era el artífice del plan denominado “Z-Plan”, un programa ideado para continuar la guerra tras la guerra en caso de que Alemania fuera derrotada. Canaris, por otra parte, ocupaba la cresta de esta gigantesca organización de espionaje y su preocupación por una derrota era tan profunda que concibió, con el beneplácito y total respaldo de Adolfo Hitler, el plan que ya mencionamos.

Pero Canaris no sólo fue el autor de esta iniciativa pues también creó una organización denominada Die Kette (la cadena) para continuar la guerra desde fuera de Alemania si el territorio era invadido y cuyo símbolo era un águila alemana sobre un sol negro. Tanto el Z-Plan como la organización Die Kette no fueron concebidos con fines a corto o mediano plazo sino para perdurar durante varias generaciones

La historia oficial dice que Canaris, con el andar de los años, se convirtió en un traidor y conspirador, con conexiones con los enemigos del Reich, y que terminó siendo ejecutado después de haber sido confinado el 9 de Abril de 1945 –menos de un mes antes de la rendición alemana- en el campo de concentración de Flossenburg gobernado por las temibles SS. Sin embargo muchos creen que la ejecución de Canaris sólo fue un ardid para permitir la fuga de uno de los hombres más importantes del aparato militar y de la inteligencia nazi tras la caída de Berlín.

Pero más inquietante resulta el hecho de que pudo haber sido uno de los náufragos del vapor “Ludovico”, cuyos restos todavía pueden contemplarse en baja mar en Bahía Rosas, a ochenta kilómetros de Viedma, en pleno Camino de la Costa, la ruta que vincula la capital de la provincia con el puerto de San Antonio Este. (Pedro Pesatti- APP)
     

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