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Sat, Jan

Historias de vida: La maratonista Sofía Cantilo dará una charla en Villa la Angostura

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Fumaba un atado por día y se “rateaba” de gimnasia: hoy es la ultramaratonista más importante del país. Tiene 36 años, dos hijos y un pasado sedentario.

 

Cómo puede ser que una chica que odiaba correr, que amaba fumar, devorar comida chatarra y encima se rateaba en las clases de gimnasia, hoy sea la ultramaratonista más importante de la Argentina "¿Crecer, madurar, entender qué es esto de la vida?", se pregunta Sofía Cantilo (36), la protagonista de esta historia, sin encontrar una respuesta y menos una verdad.

Sofía Cantilo estará en Villa la Angostura la próxima semana, precisamente el 10 de diciembre dará una charla abierta en el local "Hora Cero" de la avenida Arrayanes.

Sofía no es ninguna improvisada en materia de running, al contrario, es una de las más destacadas del país, especialmente en las llamadas ultras de montaña. Corre desde 2005, cuando hizo su primer 10K en Palermo y desde entonces no paró más y se transformó en una fundamentalista.

Se refiere a su vida como "un plan de entrenamiento". Habla de "ultra distancia", "trail running" o "endurance challenge" con la misma familiaridad con la que cualquier peatón cansino podría mencionar "el bondi". Corrió maratones, hizo varios cruces de los Andes (100 km) y en 2017 hizo la carrera más extensa de su vida: "Alcancé los 328 kms en California, que me llevó 72 horas 24 minutos", puntualiza con precisión milimétrica esta mujer que tiene dos hijos, trabajó en la Subsecretaría de Deportes y después de los Juegos Olímpicos estará en Buenos Aires Ciudad Activa, donde estará vinculada con las redes y los eventos.

Cantilo recibe a Clarín en el departamento de sus padres de Barrio Norte. Convida lo que ella come: papas fritas, maní y Coca. ¿No está prohibido? "Como de todo, para eso entreno todos los santos días", devuelve y amplía: "En las carreras de este tipo suelo comerme todo: sandwich de hamburguesa, batidos de chocolate, frutas, gomitas dulces y gaseosa. De lo contrario, no podría completar la distancia. Soy una mina con un entrenamiento de elite que come como una persona común. Es bueno relajar un poco, evitar las obsesiones y tomarse un buen trago los fines de semana. Además soy madre".

Poco tiene que ver esta versión de Sofía con su pasado de hace poco más de una década, cuando estaba hundida en el sedentarismo y su relación con el deporte era casi imperceptible. Hasta se llevó Educación Física en tercero y cuarto año del secundario "porque era una vaga total. Hacíamos la clase en Parque Sarmiento y me escondía en el baño a fumar y cuando todos corrían yo me quedaba en una esquina por ahí... Era un descontrol, un canto a la haraganería". No se jacta ni se manda la parte Sofía, que siente vergüenza por ese pasado arruinado, pero nada solemne no puede evitar la carcajada.

"Seguí igual durante varios años. No te caminaba ni a la parada del colectivo y fumaba como veinte puchos al día. Encima comía que daba calambre... Así fue hasta mayo de 2005, que con 24 años me dije: 'Esta vida me amarga'. Empecé a ir al gimnasio tímidamente, le fui encontrando el gustito y mi día a día fue cambiando, aunque correr y hacer ejercicio eran dos desconocidos para mí". Cuenta que a su entorno le cuesta aceptar semejante transformación y mucho menos ex profesores y compañeros del secundario.

Su disciplina y constancia iban increscendo, hasta a la propia Sofía sorprendían. De las cintas del gimnasio empezó a trotar en las plazas y de ahí saltó a correr carreras de calle. Con paciencia comenzó a notar la diferencia tanto física como mental, hasta que descubrió que correr era una pasión descontrolada. Dice que descubrió "otro mundo" que pudo combinar, con sacrificios, a su faceta materna. Se levanta a las 6 casi siempre, desayuna con sus hijos, acompaña al mayor al colegio y luego empieza la rutina física, muchas veces en doble turno.

Revela Sofía que sus amigas la ven como "un bicho raro", pero afirma que no es una hueca que habla solo de running. "De hecho no me interesa hablar cuando no estoy corriendo. Si bien es mi pasión, yo te puedo hablar de cualquier otra cosa. No soy monotemática, no ando por la vida vestida de corredora, sino soy una mina normal, una apasionada de la montaña, yo corro en mi vida sólo para ir y ver la montaña". ¿No te aburre? "Nunca jamás, es un paisaje que cambia constantemente. Correr y la montaña son metáforas de la vida".

 

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