Un nuevo aniversario de la gran batalla que ganaron los angosturenses

Pleno centro de Villa la Angostura, irreconocible, cubierto de arena y ceniza volcánica.

Un 4 de junio, pero del 2011, entraba en erupción el Puyehue. Unos 5 millones de metros cúbicos de arena y cenizas volcánicas cayeron sobre el área urbana. Contra todos los pronósticos de especialistas, la localidad se recuperó en tiempo récord con un titánico esfuerzo de toda la comunidad, un hecho que no tiene antecedentes en el mundo.

 

Este sábado, a las 10 hs, se realizará frente a la Casa de la Cultura el acto oficial en conmemoración del Día del Voluntario y de la Solidaridad. Esta fecha fue acordada por los diputados neuquinos como reconocimiento al gran esfuerzo que realizó la comunidad de Villa la Angostura para afrontar lo que fue el mayor desafío de su historia.

A partir de ese 4 de junio del 2011 científicos estimaron que unos 5 millones de metros cúbicos de arena y cenizas volcánica cayeron en pocas horas en toda la zona urbana de Villa la Angostura, cubriéndola de un sombrío gris que causó estupor, sorpresa y gran incertidumbre para los angosturenses que no estaban informados de una posible erupción, y mucho menos preparados para hacer frente a situación tan límite.

Sin embargo, la solidaridad se hizo presente de manera tal que hoy el “caso Villa la Angostura” es estudiado y debatido en los grandes foros científicos internacionales pues no existen antecedentes en la historia de una recuperación tan rápida, al enorme costo que resultó de un gran sacrifico que hicieron sus habitantes, que en más del noventa por ciento decidieron con gran coraje no abandonar el pueblo y dar lucha contra semejante poder de la naturaleza.

Para dar una idea, la erupción tuvo una columna de cenizas y arena volcánica de unos 12 kilómetros de altura y un poder equivalente a unas 75 bombas atómicas como las arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945.

En esta lucha tan heroica como desigual, no hubo clases sociales, gerentes o empleados, empresarios u obreros, profesionales o amas de casa, todos a la par nos encolumnamos detrás de un objetivo común que parecía digno de una película, sacarle el gris a una ciudad turística que no tenía agua potable, ni luz, y sus calles y casas tenían no menos de 25 centímetros de cenizas acumuladas.

Villa la Angostura había perdido el verde que la identificaba, pero no su temple para dar esta enorme batalla.

Solo un dato para tomar idea de la magnitud de este fenómeno natural: un lote tipo de 1.000 metros cuadrados, tenía el equivalente a 16 camiones volcadores de arena y ceniza volcánica….

La tarea era titánica, pero no imposible.

No fue fácil, ni mucho menos, pero si existe un caso de solidaridad y voluntariado para imitar, son los angosturenses que nos supimos ganar un lugar en el mundo ante este desafío sin precedentes en la Argentina, tratando de hacer frente de igual a igual al enorme poder de la naturaleza, y eso nos llena de orgullo.

“Angostura Podemos”, decía el lema de esta gesta que lideró en persona Jorge Sapag, al hacerse cargo de esta patriada pese a que muchos especialistas aconsejaban lo contrario, pero la fuerza de voluntad y el amor a nuestra tierra fue más fuerte….y claro que pudimos!.

Por eso hoy más que nunca, los angosturenses recordaremos cuando lleguen las cuatro menos cuarto de aquel día soleado en que la naturaleza nos puso a prueba.

Y vaya que fue dura la batalla, hubo impotencia, incertidumbre, dolor y llanto – de aquel que los adultos hacemos a escondidas – pero sabemos que algo sí es cierto, aunque el camino parezca el más difícil y que solo nos conduce por túnel cada vez más oscuro, la salida no es imposible de alcanzar.

Dios siempre te da una segunda oportunidad, y eso los angosturenses, lo sentimos a flor de piel.

Yayo de Mendieta

Villa la Angostura

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