Entra en la última etapa el proyecto de producción de cannabis medicinal de Patagonia Norte

Avanza a paso firme esta iniciativa con la primera cosecha almacenada. En el laboratorio se extraerá la resina como Ingrediente Farmacéutico Activo (IFA) en la etapa final de construcción y comenzando los trámites con ANMAT para que los productos tengan habilitado el tránsito interjurisdiccional a todo el país.

La iniciativa se lleva adelante por convenio entre el INTA Patagonia Norte, la Asociación Civil Ciencia Sativa y la empresa Pasedati SAS. Con la producción tienen el compromiso de abastecer la demanda de la Productora Farmacéutica Rionegrina Sociedad del Estado (PROFARSE), en Viedma, y el Laboratorio de Medicamentos Magistrales de Junín de los Andes, en Neuquén.
Esperan poder finalizar la obra del laboratorio hacia fin de año.

Silvia Horne, impulsora de la Ley de Cannabis Medicinal durante su mandato como diputada nacional, y Asesora y Responsable de la Regional Patagonia del Instituto Nacional de Agricultura Familiar, Campesina e Indígena (INAFCI), visitó el lunes por la tarde el predio de cultivo, ubicado en la sede del INTA en Guerrico.

Fue recibida por Mariana Amorosi, asistente de Planificación del INTA Patagonia Norte –coordinadora y responsable de cannabis en Patagonia Norte–; Gabriela Calzolari, bióloga de la Asociación Civil Ciencia Sativa y Antonio Barahona, titular de la empresa Pasedati SAS, Roberto Gómez y Juan Barahona.

 

Silvia Horne destacó que los actuales empleados del proyecto son “personas que se han formado en el conocimiento del cultivo y que ya hay cooperativas de la agricultura familiar que tienen el legajo y que se van a incorporar al proyecto”.

También destacó que se trata de un proyecto íntegramente del Estado Nacional, localizado en un predio estatal, en el que confluye el capital privado.

Horne se comprometió a dar seguimiento a las tramitaciones que llevan adelante tanto en el ANMAT para poder poner en marcha la fase final del proyecto y entrar en producción.

Amorosi puso de relieve que “es el primer proyecto en el que intervienen una institución pública, una ONG y la inversión privada; es una cadena de valor conjunta, INTA y Ciencia Sativa cultivan la materia prima, que sería la cosecha de los cogollos, el laboratorio de Pasedati extrae la resina y los laboratorios de PROFASE y Medicamentos Magistrales elaboran el medicamento final a base de cannabis, INTA Patagonia Norte abarca las dos provincias”.

Señaló también que “en Bariloche tenemos el laboratorio de fitomejoramiento, donde tenemos la primera variedad registrada alta CBD y están en camino dos más y trabajamos en estabilizar las variedades con las que viene trabajando la ONG hace años, toda la producción es con semillas nacionales de INTA-Ciencia Sativa, que es como se hizo el registro, trajimos de Uruguay una variedad específica, pero todavía no la estamos cultivando”.

Gabriela Calzolari, becaria del CONICET y fundadora de la Asociación Ciencia Sativa, destacó el rol de la ONG en “el cultivo, la selección, el fitomejoramiento y la producción de semillas junto con el INTA”.

Hasta el momento tienen una variedad de semillas registrada en el Instituto Nacional de Semillas (INASE) y dos más que están en trámite. La producción de semillas además de abastecer el propio cultivo se comercializará en grow shops y viveros especializados para que puedan acceder los usuarios de (Registro de Productores Cannábicos) REPROCAN.

El laboratorio instalado en el INTA de Guerrico tendrá capacidad para procesar la producción propia del proyecto y prestar servicios de extracción de resina a otros productores y cooperativas, para garantizar la rentabilidad de la inversión. Se estima que, una vez en funcionamiento, trabajarán allí unas quince personas, y que se duplicará el plantel de trabajo en el cultivo, que actualmente es de cuatro personas.

El proyecto comenzó a elaborarse en 2019 y fue aprobado por el Ministerio de Salud en el año 2021. Se enmarca en la Ley N° 27.350 establece el marco regulatorio para la investigación médica y científica del uso medicinal, terapéutico y/o paliativo del dolor de la planta de cannabis y sus derivados.

El área de cultivo ocupa dos hectáreas, cercadas, monitoreadas con cámaras de seguridad y custodiadas por la Policía Federal. Allí hay un invernáculo para la producción de plantas, dos naves de cultivo y el edificio que alberga el laboratorio, el sector de almacenamiento, oficinas y dependencias.

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