Aquel joven oficial desconocido que llegó a caballo a Villa la Angostura: Juan Domingo Perón

Integraba una expedición del Ejército Argentino que recorrió la cordillera neuquina relevando las ocupaciones de extranjeros. El recorrido terminó en la playa del lago Correntoso, donde los militares acamparon para luego regresar a Buenos Aires. Escribe Yayo de Mendieta.

El 20 de febrero de 1932 el general Agustín P. Justo asumía como Presidente de la Nación Argentina, de inmediato designó a sus colaboradores y ministros en cada área. Como ministro de Guerra, cargo que había ocupado el mismo militar al visitar el Paraje Correntoso (hoy Villa la Angostura) cuatro años atrás, designó al general Manuel Rodríguez, quien se destacaba como uno de los jefes más reconocidos del Ejército en aquellos años.

Casi de inmediato se ordenó una expedición del Ejército Argentino que debía realizar un meticuloso relevamiento de todos los pobladores extranjeros que habitaban las tierras fiscales en la provincia de Neuquén sobre la Cordillera de los Andes. La gran preocupación del gobierno era que, en su gran mayoría, los ocupantes eran chilenos y descendientes de indígenas del vecino país, y casi no había argentinos.

Esta patrulla inició su trabajo en la pequeña localidad de Las Coloradas hasta la actual Villa La Angostura, donde el segundo oficial a cargo era un joven, y por entonces un desconocido militar, que años después influiría en la historia de nuestro país: Juan Domingo Perón.

El mismo Perón llevó apuntes de esta expedición y escribió de puño y letra durante su visita a estas tierras cordilleranas “por órdenes del ministro, una comisión al mando del coronel Francisco Fasola Castaño hicimos un viaje de reconocimiento a través de las fronteras andinas, entre Las Coloradas y Villa La Angostura, al sur de Neuquén”.

Recordó que “Yo era el segundo de la expedición al mando. La belleza del paisaje nos cortaba el aliento. En la noche, el aire se volvía fosforescente. Al amanecer oíamos gemir los jabalís bajo los álamos y abedules. Entre tanto esplendor, los indios que habitaban estas soledades morían a los veinte años de pestes y abandono”.

Destacó “temiendo que se extinguieran todos como el fósforo, quise al menos salvar sus restos de cultura. Me pasaba días interrogándolos, con ayuda de los lenguaraces, y aunque olvidé las leyendas tribales rescaté las palabras, para que pudieran usarlas otros soldados cuando volvieran a esos parajes. Con ellas compuse un diccionario bilingüe: Toponimia patagónica de etimología araucana”.

La patrulla militar acampó al llegar al Lago Correntoso, verificaron los últimos informes que fueron enviados a la superioridad y se consideró que estaba finalizado el relevamiento, ordenándoseles volver a Buenos Aires.

Fue así como Perón regresó a Buenos Aires y al llegar, de inmediato lo mandó llamar el ministro. “Perón – le dijo – he leído sus libros con cuidado. Creo que nuestras ideas son afines. Desde mañana será mi edecán”.

Así iniciaba su carrera hacia el poder, luego de ser el segundo militar (al igual que Agustín P. Justo en 1928) que pasó por estas tierras, y que con los años llegarían a la primera magistratura del país.

Yayo de Mendieta

Villa la Angostura

 

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