La lucha contrarreloj del municipio para arreglar las motoniveladoras: de 5 solo funciona 1

Es un equipamiento fundamental para mantener más de 130 kilómetros de calle de tierra, pero su intenso funcionamiento y la falta de reparación por su alto costo, hacer que se complique tenerlas todas en condiciones. Una máquina nueva cuesta unos 250 mil dólares.  

El parque vial del municipio de Villa La Angostura atraviesa una de sus crisis más serias: de las cinco motoniveladoras con las que debería contar para el mantenimiento de las calles de tierra, solo una se encuentra en funcionamiento. Estas máquinas son esenciales para sostener en condiciones transitables más de 130 kilómetros de calles no asfaltadas, pero el intenso uso, sumado a los elevados costos de reparación, ha dejado a la flota casi fuera de servicio.

El secretario de Servicios Públicos, Rubén Otranto, reconoció en diálogo con el noticiero de Angostura Digital Televisión que actualmente solo una máquina presta servicios, mientras que una segunda podría volver a estar operativa en los próximos días debido a que presenta una falla menor. Sin embargo, aun con dos motoniveladoras, la capacidad de respuesta está muy por debajo de las necesidades de una localidad que concentra el 80 % de su trama vial en ripio.

El peso de un parque automotor en expansión

La situación se agrava por el intenso tránsito vehicular. Se estima que en Villa La Angostura circulan más de 10 mil vehículos de residentes, cifra que se multiplica en temporada alta, cuando la población estable de cerca de 20 mil habitantes se incrementa con turistas hasta superar las 35 mil personas. En esos picos, el parque automotor total ronda los 20 mil vehículos, lo que deteriora rápidamente las calles de ripio y multiplica los reclamos vecinales.

En contraste, el asfaltado avanza a paso lento. Pese a las promesas de sucesivas gestiones, son pocas las calles pavimentadas en los últimos años. Incluso, la obra de pavimento articulado en los barrios Las Piedritas y Pascotto terminó en frustración, luego de que la UPEFE rescindiera el contrato por incumplimientos de la empresa contratista.

Comparaciones incómodas

Mientras tanto, localidades de menor tamaño y con menos recursos fiscales, como Junín de los Andes, han conseguido ampliar significativamente su superficie asfaltada a través de cooperativas y trabajo conjunto con empleados municipales. Hoy, esa ciudad cuenta con gran parte de su casco urbano pavimentado e incluso con veredas consolidadas, lo que genera una inevitable comparación con Villa La Angostura, que aún parece atrapada en promesas incumplidas y proyectos inconclusos desde hace décadas.

El inicio de la obra de asfalto en los barrios Las Margaritas y El Mallín significó un respiro para uno de los sectores más poblados de la localidad. Sin embargo, la gran mayoría de los barrios periféricos continúa dependiendo del paso de las motoniveladoras cada vez que llueve o nieva. En esas condiciones, las calles se transforman en verdaderos lodazales o planicies de pozos, con consecuencias directas sobre el tránsito -tren delanteros, bujes, etc..- y sobre la vida cotidiana de los vecinos.

Según explicó Otranto, una motoniveladora nueva tiene un valor de alrededor de 250 mil dólares, mientras que las de origen chino rondan los 170 mil dólares, montos que resultan inalcanzables para el presupuesto municipal. El funcionario advirtió que la única alternativa posible es que la Provincia aporte los fondos necesarios para renovar el equipamiento vial, ya que el Gobierno Nacional dejó de financiar este tipo de adquisiciones.

Ingenio y reparaciones a pulmón

En paralelo, el área de Servicios Públicos trata de sostener la operatividad del parque vial con ingenio y esfuerzo propio. Son los mismos mecánicos municipales quienes, con recursos limitados, intentan realizar reparaciones mínimas que permitan mantener las máquinas en condiciones de seguir trabajando.

“Estamos haciendo lo imposible para atender los reclamos justos de los vecinos”, expresó Otranto, quien también subrayó la contradicción entre la imagen turística que la ciudad busca proyectar —un destino amigable con el medio ambiente, ideal para el disfrute familiar— y la realidad que enfrentan tanto visitantes como residentes: calles en mal estado, roturas frecuentes en los vehículos y una infraestructura vial que no logra acompañar el crecimiento de la localidad.

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