Este sábado, el Jardín Frutillitas N° 26 fue el escenario de una nueva jornada cultural con la realización de la capacitación “Vestigio de la zamacueca a la cueca”, una propuesta pensada para rescatar y poner en valor las tradiciones dancísticas de la Cuenca del Norte Neuquino.
La actividad estuvo abierta a la comunidad en general y contó con la participación de bailarines, docentes, estudiantes y vecinos amantes del folklore, quienes se sumaron con entusiasmo a un encuentro donde la danza se convirtió en vehículo de memoria, identidad y transmisión cultural.
La capacitación estuvo dirigida por los reconocidos profesores Zulema Retamal e Isaid González, referentes en la investigación y enseñanza de las danzas tradicionales. Durante el taller, ambos realizaron un recorrido histórico y práctico que permitió comprender la evolución de la zamacueca —baile de raíces coloniales que se expandió en diversas regiones de Sudamérica— y su transformación en la cueca neuquina, manifestación que conserva rasgos propios y que se constituye en una de las expresiones más representativas de la identidad regional.

Los asistentes no solo observaron, sino que también participaron activamente en ejercicios, secuencias coreográficas y dinámicas grupales, lo que generó un espacio de intercambio intergeneracional y de aprendizaje colectivo. El encuentro puso de relieve la importancia de reafirmar los vínculos entre la música, la danza y la historia local, promoviendo la preservación de un patrimonio cultural intangible que sigue vivo en la práctica comunitaria.

La jornada formó parte del seminario intensivo “Danzas del Neuquén”, y fue organizada por la Municipalidad de Villa La Angostura, a través de la Secretaría de Cultura, en articulación con el Gobierno de la Provincia del Neuquén. Desde la organización se destacó que este tipo de iniciativas fortalecen el acceso a la formación cultural en localidades cordilleranas, al tiempo que proyectan la riqueza de las tradiciones hacia nuevas generaciones.
En palabras de los participantes, la capacitación se vivió como una celebración de las raíces y un puente entre pasado y presente, reafirmando que la danza es mucho más que un arte escénico: es un acto de identidad y resistencia cultural.



