Nito Mestre revivió a Sui Generis en Málaga con Diego Merino como músico invitado

El gran cantante y compositor hizo renacer en su gira por Europa a la legendaria banda Sui Generis , en un show homenaje que celebró los 50 años del memorable adiós del grupo junto al músico radicado en Villa la Angostura: Diego Merino.

Hace cincuenta años, una generación entera en la Argentina y en buena parte de América Latina vivió con lágrimas y emoción la despedida de Sui Generis, el dúo integrado por Nito Mestre y Charly García. Aquellos conciertos multitudinarios en el estadio Luna Park de Buenos Aires, que marcaron el fin de la banda en 1975, no solo fueron un hito en la historia del rock nacional: fueron también un parteaguas para la vida de miles de jóvenes que encontraron en esas canciones la voz de una época.

Hoy, medio siglo después, Nito Mestre decidió rendir homenaje a aquel momento histórico con la gira “A 50 años del adiós”, producida por Tribal Producciones. El tour recorrió varias ciudades españolas —Madrid, Barcelona, Valencia— y culminó en Málaga, en la sala La Cochera Cabaret, donde se volvió a revivir la mística de aquel adiós que conmovió al continente.

Un inicio con sello patagónico

La velada en Málaga comenzó con una presentación en solitario de Diego Merino, artista y amigo inseparable de Nito Mestre, llegado desde Villa La Angostura. Con una voz potente y expresiva, Merino ofreció un repertorio breve pero intenso, con clásicos como “Penumbras” de Sandro, “El Arriero” de Atahualpa Yupanqui y “El Témpano” de Juan Carlos Baglietto. El público lo despidió con una ovación, preludio perfecto para la entrada del protagonista de la noche.

Sin estridencias y fiel a su estilo humilde, Nito Mestre subió al escenario acompañado por Luis Castro en guitarra y Mariano Díaz en teclados. Mientras afinaba su viola, bromeó con el público: “El primer tema se llama: afinando”. Rápidamente, desde la platea le respondieron: “Verte afinar ya es todo”. La complicidad fue inmediata.

El show arrancó con “Aprendizaje”, himno setentista que refleja la búsqueda de libertad frente a la rigidez de las instituciones, y continuó con “Hay formas de llegar”, una composición más reciente de su álbum Mestre (2005).

Entre canciones, recuerdos y anécdotas

El viaje al pasado se profundizó con “El Tuerto y los ciegos”, del disco Pequeñas anécdotas sobre las instituciones (1974), donde Mestre recordó a Cassandra, la figura mitológica que veía el futuro sin lograr que nadie creyera en sus palabras. Fue en ese instante cuando Diego Merino pidió dedicar el tema a su hija, bautizada justamente en honor a esa canción.

Lo que más sorprendió al público no fue solo la música, sino también la faceta humorística de Nito, que compartió anécdotas imperdibles de los primeros años con Charly García. Una de las más celebradas fue la historia de aquel supuesto productor de Philips Records que les prometió fama y giras internacionales… pero que resultó ser un ordenanza con el mismo nombre que se burló de ellos. Entre risas y nostalgia, Nito dio paso a “Canción para mi muerte”, y la sala entera se estremeció al escuchar ese clásico que definió a toda una generación.

La noche siguió con otras joyas: “Quizá porqué”, “Cuando comenzamos a nacer” y “Distinto tiempo”, donde el público acompañó hasta la última estrofa. Un espectador emocionado le confesó a Nito que había utilizado la letra de “Cuando comenzamos a nacer” para educar a su hijo, a lo que el cantante, con humor, respondió que quizá la canción había sido “robada” junto a Charly, gambeteando la pregunta como lo haría un futbolista en plena cancha.

No todo fue memoria. Nito presentó también su tema “Distintos” (2023), que rápidamente conquistó al público, y recordó su paso por la banda Porsuigieco con la canción “La colina de la vida”.

El tramo final estuvo cargado de clásicos de Sui Generis: “Confesiones de invierno”, “Necesito”, “Mariel y el Capitán”, “Fabricante de mentiras” y el melancólico “Cuando ya me empiece a quedar solo”, que cerró el espectáculo con un aire de despedida compartida, entre risas, lágrimas y abrazos.

Medio siglo de historia, intacta

La gira no solo fue un recital, sino un acto de memoria cultural. Nito Mestre no se limitó a cantar: tejió un puente entre aquel 1975 y este presente, entre los sueños adolescentes y la madurez del tiempo. “Seguramente nos veremos en el otro lado y espero que haya equipo de sonido”, dijo con una sonrisa que mezcla nostalgia y gratitud.

Medio siglo después del Adiós en el Luna Park, las canciones de Sui Generis siguen vivas, acompañando a varias generaciones y confirmando que hay músicas y momentos que, lejos de caducar, se transforman en eternidad.

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