La vecina Alex Tersoglio expresó su profunda preocupación por el creciente nivel de contaminación visible tanto en la Ruta de los 7 Lagos como en distintos sectores de Villa La Angostura. “No hay lugar en la ruta o en el pueblo donde no se vea basura al costado del camino”, advirtió con firmeza, tras participar de una reciente jornada de limpieza organizada por un pequeño grupo de vecinos y guardaparques.
En una entrevista con el noticiero de Angostura Digital Televisión destacó la actividad que se llevó a cabo con voluntarios que recorrieron unos 20 kilómetros de la Ruta de los 7 Lagos, donde reunieron más de 80 bolsones repletos de residuos de todo tipo: papeles, plásticos, botellas, ropa, cubiertas, restos de vehículos y hasta mobiliario. “Era imposible dar un paso sin encontrar basura. Desde reposeras, calzoncillos, remeras, botellas, latas, colillas, pañales, packaging de comida, neumáticos, de todo. Y desgraciadamente es muchísima”, lamentó Tersoglio.
La preocupación por la conducta turística
La vecina subrayó que gran parte de la basura proviene de hábitos arraigados y de la falta de conciencia ambiental tanto de visitantes como de empresas del sector turístico. “Estamos pensando en proponer a las agencias de viajes que tengan la obligación de llevar tachos de basura en las traffics que hacen los recorridos. Lo vimos: choferes fumando y tirando la colilla por la ventana. Si el conductor lo hace, los pasajeros también”, explicó.
Agregó que muchos turistas bajan en los miradores o zonas de descanso y dejan residuos, incluso papel higiénico, al no contar con instalaciones sanitarias adecuadas. “Sería fundamental que esas unidades regresen con la basura que generan, y no que la dejen en el bosque. Si están mostrando el medio ambiente y las áreas protegidas, deberían ser los primeros en cuidar”, enfatizó.
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El impacto ambiental y la urgencia del cambio
Tersoglio también recordó los tiempos de degradación de los distintos materiales encontrados: “Una colilla puede tardar más de 50 años en desaparecer, el vidrio unos 4.000 años y el plástico más de 500. Es decir, ni vos ni yo ni nuestros nietos vamos a ver desaparecer esa basura. ¿Qué le estamos dejando a las generaciones que vienen?”, reflexionó.
La vecina llamó a una toma de conciencia colectiva, que involucre tanto al sector público como al privado, y a los propios residentes. “Esto no desaparece, contamina y destruye lo que más valoramos: nuestros paisajes. No se trata solo de limpiar, sino de cambiar las costumbres”, concluyó.
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