La provincia proyecta un 2026 condicionado por la economía nacional y los precios internacionales, por lo que el gobierno de Rolando Figueroa volverá a apoyarse en la austeridad y la distribución eficiente
Todo parece indicar que Neuquén encarará el 2026 con la misma premisa que le permitió transitar -con desarrollo y crecimiento- un año económico complejo: una administración austera, sin gastos superfluos, y una distribución estratégica de los recursos. Con un escenario nacional incierto y una proyección de ingresos atada al precio del petróleo y del dólar, la provincia vuelve a apostar a la eficiencia en la gestión como herramienta clave para sostener el rumbo del desarrollo.
El gobernador Rolando Figueroa ha consolidado un modelo que prioriza los resultados por sobre los discursos. En los dos primeros años, su administración logró reordenar las cuentas públicas, recuperar servicios esenciales y garantizar la continuidad de la obra pública, pese a la caída de recursos reales. Esa política, basada en el control del gasto y la asignación racional de inversiones, volverá a ser el eje del año que viene.
Eso es un factor a tener a en cuentas por estos días en los que la Legislatura debate el proyecto de Presupuesto 2026 y los funcionarios provinciales se reúnen con las dirigencias de los gremios de los trabajadores del Estado, para diagramar la pauta salarial que viene.
Como ocurrió en 2025, los ingresos provinciales estarán condicionados por factores externos: el valor del barril de petróleo, la cotización del dólar y la inflación. La Nación proyecta para 2026 una inflación del 10,1% y un dólar en torno a los 1.400 pesos, con un barril entre 60 y 65 dólares (lejos de los U$s 80 que se esperaron, incluso, este año). Con ese panorama, Neuquén necesitará potenciar su producción hidrocarburífera y sostener una administración prudente para mantener su capacidad de inversión.
El equilibrio entre austeridad y desarrollo se ha convertido en la marca registrada del modelo neuquino. Figueroa sostiene la premisa de que el crecimiento ordenado es el único camino posible para garantizar el futuro, y sus decisiones se apoyan en ella: reducción de la planta política, eliminación de gastos innecesarios y priorización de obras estratégicas. No se trata solo de resistir la coyuntura, sino de preparar el terreno para el día después de Vaca Muerta.
En esa transición hacia el futuro post hidrocarburífero, la provincia avanza con políticas de diversificación. La construcción de rutas fortalece el perfil turístico, mientras la defensa de las áreas agrícolas y ganaderas busca mantener viva la matriz productiva tradicional. “Estamos ganando hectáreas bajo riego y protegiendo nuestras chacras”, advirtió el gobernador, al insistir en que los loteos deben planificarse sin comprometer las zonas de producción.
La clave, según Figueroa, está en transformar los recursos del subsuelo en desarrollo sostenible. “Tenemos una ventana de 30 a 50 años para monetizar Vaca Muerta, y debemos invertir bien lo que generamos”, señaló. Esa visión de largo plazo, apoyada en la gestión responsable y la planificación territorial, define el camino hacia un Neuquén que no dependa exclusivamente del petróleo.
La provincia ha demostrado que puede administrar en tiempos de restricción sin perder su horizonte de crecimiento. Austeridad, planificación y desarrollo equilibrado son las tres patas del modelo neuquino que busca trascender los ciclos económicos y consolidar la base de un futuro post Vaca Muerta.



