Lo que debía ser un evento internacional de alto nivel terminó convertido en un ejemplo extremo de conducción temeraria, descontrol y absoluto desprecio por las normas de tránsito. El Ferrari Cavalcade Adventure 2025, que había convocado a decenas de autos deportivos de altísima gama, se transformó en una amenaza para todos los que circulaban por la Ruta Nacional 237, donde varios de los participantes realizaron maniobras que pusieron en riesgo vidas.
Durante la mañana del incidente, se multiplicaron los testimonios de automovilistas que se vieron obligados a huir hacia la banquina cuando algunas Ferraris comenzaron a invadir el carril contrario a alta velocidad, desoyendo por completo las señales viales, los protocolos y las órdenes directas del personal de seguridad. Lo que se observó no fue un desfile turístico ni un convoy controlado: fue conducción imprudente en su máxima expresión, a bordo de vehículos capaces de superar fácilmente los 300 km/h.
Advertencias ignoradas: la crónica de un accidente anunciado
Según informaron los organismos de Seguridad de Neuquén, la organización ya había sido advertida reiteradamente sobre los excesos cometidos por varios conductores. Gendarmería Nacional y los equipos de control vial habían dado órdenes explícitas: respetar los límites de velocidad, mantener el convoy unido y acatar sin excepciones las instrucciones del personal.
Nada de eso ocurrió.
Cuatro Ferraris se separaron del grupo oficial y comenzaron a circular de manera temeraria, acelerando a velocidades extremas en una ruta de montaña donde el margen de error es mínimo. La Secretaría de Emergencias y Gestión del Riesgo, a cargo de Luciana Ortiz Luna, confirmó que una de esas unidades alcanzó los 200 km/h momentos antes del siniestro, una velocidad absolutamente incompatible con cualquier criterio básico de seguridad vial.
Fue en ese contexto de desobediencia deliberada que sucedió lo inevitable



