Como publicara LA ANGOSTURA DIGITAL en su edición del pasado 15 de febrero, el avance del visón americano en la provincia del Neuquén encendió una señal de alerta entre científicos y organismos ambientales por el fuerte impacto que genera sobre los lagos, ríos y la biodiversidad patagónica, especialmente en áreas sensibles como la región del Nahuel Huapi. Mirá el video de Gerardo Ghioldi filmado en el Lago Espejo.
El visón americano (Neogale vison), originario de América del Norte, fue introducido en Argentina entre las décadas de 1930 y 1970 para la industria peletera. Con el cierre de los criaderos, muchos ejemplares escaparon o fueron liberados, iniciando un proceso de expansión que hoy abarca prácticamente toda la Patagonia, desde Neuquén hasta Tierra del Fuego.
Un depredador que altera los ecosistemas acuáticos
Su capacidad de adaptación es extraordinaria: puede habitar montañas, bosques andino-patagónicos, mesetas y ambientes costeros. En Neuquén se expande principalmente siguiendo cursos de agua —ríos, arroyos y lagos—, lo que lo convierte en una amenaza directa para los ecosistemas acuáticos.
Actualmente se registran poblaciones en toda la zona sur provincial hasta Moquehue, en la cuenca media del río Limay e incluso un foco aislado en el norte neuquino. Los especialistas estiman que ingresó a la provincia de Neuquén desde el sur en la década de 1990 y que su expansión continúa activa.
El problema central es su carácter de depredador generalista y oportunista. Se alimenta de aves acuáticas, peces, anfibios y pequeños mamíferos nativos. Diversos estudios muestran que en sitios donde el visón se establece disminuye la reproducción de aves acuáticas y se reduce la abundancia de fauna nativa.
Uno de los casos más preocupantes es el impacto sobre el pato de los torrentes, especie emblemática de los ríos cordilleranos, que ya enfrenta múltiples presiones ambientales. También afecta a otras aves de alto valor de conservación como el macá tobiano y la gallineta chica.
Además, compite por territorio con mamíferos semiacuáticos autóctonos como el huillín —especie en peligro de extinción— y el coipo, alterando equilibrios ecológicos que tardaron miles de años en consolidarse.
Impacto en lagos y ríos del Nahuel Huapi
En la región del Nahuel Huapi, donde lagos, humedales y ríos albergan una biodiversidad única, la presencia del visón genera efectos en cascada: depreda nidos en costas lacustres, altera cadenas tróficas y modifica patrones de comportamiento de la fauna silvestre.
La disminución de aves acuáticas no solo representa una pérdida ecológica, sino también cultural y turística. La observación de aves y la pesca recreativa forman parte del atractivo natural de la región, actividades que pueden verse afectadas por la degradación del ecosistema.
Riesgos productivos y sanitarios
El impacto no se limita al ambiente natural. El visón puede generar pérdidas en pisciculturas, afectar la cría de aves de corral y ocasionar daños en emprendimientos rurales. A su vez, representa un potencial riesgo sanitario, ya que puede actuar como reservorio o transmisor de patógenos que afectan tanto a fauna silvestre como a animales domésticos e incluso a las personas.
Por eso, su expansión constituye no solo un problema de conservación, sino también una cuestión de salud pública y ambiental.
Control, la única estrategia posible
Los científicos coinciden en que la erradicación total ya no es viable. La ausencia de grandes depredadores naturales, sus características reproductivas —como la implantación diferida— y su variabilidad genética favorecen su rápida adaptación y crecimiento poblacional.
“La mejor estrategia es realizar controles focalizados en sectores prioritarios para la conservación de la biodiversidad”, explican los especialistas.
En este marco, el trabajo articulado entre el CEAN, el INIBIOMA, guardafaunas, Áreas Naturales Protegidas, comunidades locales y otras instituciones resulta clave. La detección temprana, el monitoreo constante y la participación comunitaria son herramientas fundamentales para minimizar el daño.
El avance del visón americano es un ejemplo claro de cómo la introducción de especies exóticas puede generar consecuencias ambientales profundas y persistentes. En una provincia como Neuquén, donde los lagos y ríos constituyen el corazón ecológico y económico del territorio, proteger la biodiversidad es una responsabilidad urgente y compartida.



