La carta a La Angostura Digital que anticipó la tragedia de Renca y reaviva el debate por el tránsito de cargas peligrosas en Villa La Angostura

La explosión del camión dejó 9 muertos y más de 12 heridos de distinta consideración.

El pasado 28 de marzo, la licenciada Mónica Hunko envió una carta de lectores a LA ANGOSTURA DIGITAL en la que advertía sobre el enorme riesgo que implica el tránsito de camiones con cargas peligrosas por el ejido urbano de Villa La Angostura. En aquel momento, su preocupación estaba vinculada a un grave accidente ocurrido a la altura del paraje Villa Llanquín. Hoy, tras la tragedia registrada en la comuna de Renca, en la Región Metropolitana de Santiago, su advertencia cobra una dimensión aún más inquietante.

En Renca, un camión que transportaba gas licuado perdió el control y provocó una explosión de proporciones devastadoras en el límite con Quilicura. La onda expansiva alcanzó a siete vehículos y dejó un saldo confirmado de nueve personas fallecidas y más de una decena de heridos. Según especialistas de Bomberos, una combinación inusual de factores se “alineó” para desencadenar una catástrofe de semejante magnitud. Las imágenes del siniestro recorrieron el continente y evidenciaron el poder destructivo de este tipo de cargas cuando ocurre un accidente.

“Las imágenes son más que elocuentes y hablan por sí solas. ¿Se imaginan ese mismo accidente en algún tramo de nuestras rutas? ¿Se lo imaginan en la avenida Arrayanes?”, se preguntó Hunko al recordar lo sucedido en Chile y vincularlo con la realidad local.

En su carta del 28 de marzo, la profesional ya había puesto el foco en el accidente protagonizado por un camión que transportaba gas en Villa Llanquín, hecho que mantuvo la ruta cortada durante varios días y generó importantes complicaciones para toda la región. Pero además relató una situación concreta que la impactó profundamente: días después de aquel siniestro, observó un camión con idéntica carga estacionado sobre la avenida Siete Lagos, a la altura de la YPF Norte. (fotos)

Una persona que la acompañaba —con formación en cursos sobre peligrosidad de sustancias transportadas— le advirtió que, ante un eventual accidente de ese tipo, sería necesario evacuar un radio de hasta tres kilómetros a la redonda. “¿Se imaginan lo que sería eso?”, escribió entonces. La dimensión de esa posible evacuación en pleno casco urbano la llevó a reflexionar sobre el riesgo que, según sostiene, la comunidad naturaliza día tras día.

Hunko vinculó directamente esta situación con la postergada ruta de circunvalación, un proyecto que lleva más de 31 años y que, pese a haber sido resistido y cuestionado por su traza, dimensiones e impacto ambiental, continúa inconcluso. Para la autora, su finalización es clave para desviar el tránsito pesado —y especialmente el transporte de materiales peligrosos— fuera del centro urbano, reduciendo así la exposición de vecinos, turistas, escuelas, comercios y servicios esenciales.

Foto: El accidente de camión en Villa Llanquín que obligó al corte total de la ruta 237 durante más de tres días.

“Sabemos que esa ruta ha sido resistida y cuestionada. Sin embargo, es indudable que su finalización resulta de suma importancia para poner en resguardo el casco urbano de cualquier siniestro que ocurra con el transporte de materiales peligrosos”, sostuvo.

En su reflexión, la licenciada planteó además un interrogante incómodo: si algún día ocurriera un hecho similar en la zona urbana, ¿quién asumiría la responsabilidad? Y advirtió que no bastaría con señalar a las autoridades de turno como “fusibles”, sino que habría que analizar toda la cadena de acciones, omisiones y decisiones acumuladas durante años.

Para explicar su mirada, recordó la denominada “Teoría del Protagonista Secundario”, aprendida en un curso de líderes sociales. Según esa concepción, cada persona es protagonista principal de su propia historia, pero también protagonista secundario en la vida de los demás, y con sus acciones u omisiones puede afectar profundamente a otros.

“Por eso me permito llamar a la reflexión, a tomar conciencia a toda la comunidad y en especial a aquellos que, con sus acciones, intereses, omisiones o negligencia, siguen dilatando la finalización de esta obra”, concluyó en su carta. Y advirtió que, si alguna vez —Dios no lo permita— ocurriera una tragedia de esta naturaleza en Villa La Angostura, muchos podrían convertirse en protagonistas secundarios de una historia que nadie quiere vivir.

La tragedia de Renca no solo enluta a Chile: también reabre en la región el debate sobre infraestructura, planificación y prevención. En una localidad atravesada por rutas nacionales y provinciales, donde el tránsito de camiones con combustibles y otras sustancias peligrosas es cotidiano, la discusión vuelve a instalarse con fuerza. La pregunta que subyace es clara: ¿esperar a que ocurra una catástrofe o actuar antes para evitarla?

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