El padre Nicolás Mascardi recibe en la humilde Misión Nahuelhuapi, una imagen de la Virgen de Loreto, enviada por el Virrey del Perú Conde de Lemos. Bautizada originalmente como “Nuestra Señora de los Desamparados”; el jesuita la rebautizó con el nombre de “Nuestra Señora de la Asunción de los Poyas”, en honor a la comunidad indígena donde se encontraba su reducción. Escribe Yayo de Mendieta.
Hace más de tres siglos, un hecho marcaría el inicio de una de las historias más profundas y fascinantes de la Patagonia. Un día como hoy llegó desde el Virreinato del Perú una imagen de la Virgen María destinada a la remota Misión Nahuelhuapi, instalada a orillas del gran lago del mismo nombre. Aquella imagen fue recibida por el misionero jesuita Nicolás Mascardi, quien la entronizó en la misión que había fundado en plena cordillera y que se convertiría en uno de los primeros asentamientos religiosos europeos en la región.
La imagen, tallada en madera de cedro, había sido enviada por el virrey del Perú, el Conde de Lemos. Originalmente era conocida como Nuestra Señora de los Desamparados, pero Mascardi decidió rebautizarla como Nuestra Señora de la Asunción de los Poyas, en homenaje al pueblo indígena con el que convivía y desarrollaba su misión evangelizadora.
Con el paso del tiempo, la advocación sería recordada como Nuestra Señora del Nahuel Huapi, una figura que quedó asociada para siempre a la historia temprana de la Patagonia y a la primera misión jesuítica establecida en estas tierras.
El cruce de la cordillera y la fundación de la misión
La historia comienza algunos años antes, cuando el padre Nicolás Mascardi emprendió una travesía que, para la época, era considerada casi una epopeya.
En 1670, el sacerdote partió desde Chiloé, en el sur de Chile, con el objetivo de cruzar la cordillera de los Andes hacia el este. Lo hizo acompañado por un pequeño grupo de indígenas poyas que había liberado de la cárcel de Calbuco, donde habían sido encarcelados por las autoridades coloniales.
El viaje fue extremadamente difícil. El grupo atravesó montañas nevadas, bosques cerrados y territorios prácticamente desconocidos para los europeos. Pero Mascardi tenía un propósito claro: establecer una misión cristiana en la región del Nahuel Huapi y, al mismo tiempo, explorar el territorio en busca de una de las leyendas más persistentes de la época: la misteriosa Ciudad de los Césares, una supuesta ciudad rica y escondida en algún lugar de la Patagonia.
Finalmente, tras un largo recorrido, Mascardi llegó a las orillas del lago Nahuel Huapi y decidió instalar allí su misión.
El asentamiento fue construido en lo que hoy se conoce como Península Huemul, en la actual provincia de Neuquén. Para llegar hasta ese lugar utilizó antiguos caminos indígenas que conectaban con Osorno y que atravesaban territorios que hoy forman parte del ejido de Villa La Angostura.
Así nació la Misión Nahuelhuapi, uno de los primeros intentos de presencia permanente europea en el interior de la Patagonia.
Una misión en condiciones extremas
La vida en la misión era extremadamente dura. Las condiciones climáticas de la cordillera imponían desafíos constantes: inviernos largos, nevadas intensas, temperaturas muy bajas y dificultades para obtener alimentos.
A esto se sumaban las tensiones con algunos grupos indígenas que no aceptaban la presencia de los misioneros ni la influencia española en la región.
Sin embargo, Mascardi logró establecer relaciones de cooperación con varios pueblos originarios, especialmente con los poyas y los puelches. Su trabajo no solo consistía en predicar el cristianismo, sino también en convivir con las comunidades, aprender sus lenguas y comprender sus costumbres.

Foto: Unos de los escritos originales que envió Nicolas Mascardi desde la Misión “Nahuelhuapi” a Roma informando sobre sus actividades a orillas del Nahuel Huapi.
El sacerdote incluso solicitó a las autoridades españolas la abolición de la esclavitud indígena en la región, una postura que buscaba mejorar las relaciones entre las comunidades originarias y los misioneros.
Durante su permanencia en el lugar, Mascardi construyó una capilla en la Península Huemul y otra en el Brazo Última Esperanza del lago Nahuel Huapi, en la desembocadura del Totoral, dedicada a la Virgen de los Desamparados.
La llegada de la imagen de la Virgen
El trabajo del misionero fue reconocido en 1672, cuando el virrey del Perú decidió enviarle una imagen de la Virgen María para ser entronizada en la misión.
La figura, tallada en cedro, fue instalada por Mascardi en la capilla bajo el nombre de Nuestra Señora de los Poyas, simbolizando el vínculo entre la fe cristiana y los pueblos originarios de la región.
Décadas más tarde, en 1704, el sacerdote Felipe de la Laguna ampliaría el nombre de la advocación agregando también “de los Puelches”, como un gesto de unión entre los pueblos que habitaban al norte y al sur del lago Nahuel Huapi.

La misión, sin embargo, tendría un destino breve.
El 15 de febrero de 1674, apenas dos años después de la llegada de la imagen de la Virgen, Nicolás Mascardi fue asesinado por un grupo de indígenas poyas que se oponían a su presencia.
Tras su muerte, la misión fue abandonada y permanecería desierta durante casi tres décadas, hasta que otros intentos de evangelización volvieron a acercarse a la región.

La increíble vida de Nicolás Mascardi
La historia de Mascardi comienza mucho antes de su llegada a América.
Había nacido el 5 de septiembre de 1624 en Sarzana, en la región de La Spezia, Italia. Provenía de una familia influyente: su padre, Alberigo Mascardi, era jurista, y varios de sus familiares estaban vinculados a la Iglesia y al mundo intelectual.
Desde muy joven mostró una fuerte vocación religiosa. A los 14 años tomó una decisión que marcaría su vida: escapó de su casa para ingresar al noviciado de la Compañía de Jesús en Roma.
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Estudió en el prestigioso Colegio Romano, fundado por la propia orden jesuita, donde tuvo como maestro al célebre científico y geógrafo Atanasio Kircher, uno de los pensadores más destacados del siglo XVII.
Durante su formación se interesó por numerosas disciplinas además de la teología, entre ellas la astronomía, la geografía, la botánica y la filosofía. Ese interés científico lo acompañaría durante toda su vida.
Rumbo al Nuevo Mundo
Impulsado por su deseo de evangelizar, Mascardi pidió en varias ocasiones ser enviado a América. Finalmente, sus superiores aprobaron su solicitud.
En 1647 partió desde Génova rumbo al Nuevo Mundo. Tras una larga travesía que incluyó escalas en España, Panamá y Perú, finalmente llegó a Santiago de Chile.
Allí continuó sus estudios de teología y pronto comenzó su actividad misionera entre los pueblos originarios del sur chileno. Aprendió rápidamente la lengua indígena y se destacó por su capacidad para comunicarse y relacionarse con las comunidades.
Durante años recorrió extensos territorios evangelizando, viajando por caminos difíciles y enfrentando múltiples peligros.
Un misionero también dedicado a la ciencia
Mascardi no solo fue un misionero. También fue un observador de la naturaleza y del cielo.
Mantuvo correspondencia con científicos europeos y registró fenómenos astronómicos, eclipses y observaciones del hemisferio sur. En sus cartas describía la posición de las estrellas, los solsticios y características geográficas de las regiones que recorría.
Incluso llegó a imprimir en Chile una tesis de teología, considerada una de las primeras publicaciones producidas en ese territorio.
Lamentablemente, muchos de sus instrumentos científicos y libros se perdieron durante el gran levantamiento indígena ocurrido en 1655, que destruyó numerosas misiones y asentamientos coloniales.
Una historia que aún vive en la Patagonia
La historia de Nicolás Mascardi y de la Misión Nahuelhuapi forma parte del origen histórico de la región andina de la Patagonia.
Sus escritos enviados a Roma describen con detalle la geografía, la fauna, las costumbres indígenas y las condiciones de vida en el territorio del Nahuel Huapi, constituyendo algunos de los primeros documentos que registran la existencia de esta región.
Más de trescientos años después, su figura sigue siendo recordada como uno de los primeros exploradores y misioneros que recorrieron estas tierras, dejando una historia marcada por la fe, la ciencia, la aventura y también la tragedia.
Una historia que comenzó con el cruce de la cordillera, continuó con la fundación de una misión a orillas del lago Nahuel Huapi y quedó grabada para siempre en la memoria histórica de la Patagonia.
Yayo de Mendieta
Villa la Angostura



