El primer (y único) hidroavión de Villa La Angostura que terminó accidentándose frente al río Correntoso

Villa la Angostura tuvo una breve historia aeronáutica, por un lado, el hidroavión que realizaba vuelos a Chile llevando turistas desde el Hotel Correntoso, por el otro el hidroavión que compró Francisco Capraro y que terminó en un accidente frente a la desembocadura del río Correntoso. Escribe Yayo de Mendieta.

En la década de 1950, los turistas que llegaban a Villa La Angostura encontraban una propuesta tan inesperada como fascinante: sobrevolar la región en un hidroavión y contemplar desde el aire la inmensidad del lago Nahuel Huapi, los bosques andinos y las montañas que rodean la villa. La iniciativa formaba parte del espíritu visionario del pionero Francisco Capraro, fundador del histórico Hotel Correntoso, quien buscaba ofrecer a sus huéspedes experiencias únicas mucho antes de que el turismo aéreo se popularizara en la Patagonia.

Aquella aventura aérea comenzó con la adquisición de un hidroavión Republic RC-3 Seabee, conocido popularmente como “Sea Bee”. El modelo era un avión anfibio de origen estadounidense que había ganado cierta fama tras la Segunda Guerra Mundial por su versatilidad: podía despegar tanto desde el agua como desde pistas convencionales. Sin embargo, también tenía limitaciones que los pilotos pronto aprendían a respetar.

“Una Estanciera con alas”

Entre los aviadores, el Sea Bee tenía un apodo muy particular: “una Estanciera con alas”. La comparación aludía al robusto vehículo rural argentino, sugiriendo que el avión era resistente pero poco refinado desde el punto de vista aerodinámico.

De acuerdo con antiguos parámetros aeronáuticos, se calculaba que un avión necesitaba aproximadamente 50 caballos de fuerza por pasajero para despegar con seguridad desde pistas de tierra o asfalto. En el caso del Sea Bee, esa potencia resultaba limitada si se pretendía cargar el tanque completo de combustible y llevar varios pasajeros.

El problema se acentuaba cuando operaba como hidroavión. La fricción del fuselaje contra el agua hacía que la carrera de despegue fuese mucho más larga, un punto crítico en lagos donde el espacio y las condiciones del viento podían variar repentinamente. Solo un fuerte viento de frente ayudaba a reducir la distancia necesaria para levantar vuelo.

A esas dificultades se sumaban otras características del diseño pues tenía baja relación de planeo, lo que reducía su eficiencia en el aire, una escasa maniobrabilidad, especialmente en condiciones meteorológicas variables y un diseño poco aerodinámico, que penalizaba su rendimiento general.

Estas limitaciones hicieron que el modelo no tuviera gran éxito comercial, y su fabricación cesó pocos años después debido a la baja demanda.

El recorrido del avión antes de llegar a la Patagonia

El hidroavión que terminaría vinculado a Villa La Angostura fue comprado nuevo el 17 de abril de 1947 por la empresa Doaida SRL. En ese momento fue registrado con la matrícula LV-NOV para uso particular.

Dos años más tarde, el 25 de junio de 1949, la aeronave fue rematriculada como LV-AGZ para uso comercial. Durante ese período sufrió un accidente menor el 15 de enero de 1950 en Colonia Elía, provincia de Entre Ríos. Aunque el incidente no produjo daños graves, el avión permaneció varios meses fuera de servicio.

La compra de Francisco Capraro

El 27 de mayo de 1952, Francisco Capraro adquirió el Sea Bee y lo registró con una nueva matrícula: LV-FEZ, nuevamente para uso particular.

En realidad, el avión ya llevaba un tiempo en la Patagonia y era utilizado para vuelos turísticos sobre Villa La Angostura y el lago Nahuel Huapi. Los paseos aéreos eran una atracción exclusiva para los huéspedes del Hotel Correntoso, aunque no todos se animaban a subir a la pequeña aeronave.

El hidroavión era pilotado habitualmente por Demetrio Cottescu, quien años más tarde se convertiría en un aviador muy reconocido en la región y llegaría a ser instructor de vuelo del Aero Club Bariloche. Además de transportar a los turistas, también brindaba lecciones de vuelo a Capraro, quien aspiraba a obtener su brevet de piloto privado.

El accidente frente al Correntoso

El episodio más recordado ocurrió el 11 de marzo de 1952, frente a la desembocadura del río Correntoso, en diagonal al hotel.

Era un mediodía soleado y aparentemente tranquilo. Capraro realizaba un vuelo solo, todavía sin haber obtenido oficialmente su licencia de piloto. Durante la maniobra de aproximación para amerizar frente al hotel, una inesperada rotación del viento generó turbulencias que complicaron la operación.

Según relató Manuel J. Tanoira en una carta enviada a LA ANGOSTURA DIGITAL , el incidente se produjo cuando el hidroavión ya se encontraba algunos metros sobre el agua tras despegar.

“Decolando del Correntoso, ya elevado unos metros sobre el agua, se cortó el cable que comandaba el paso de hélice, dejando al avión sin potencia”.

Sin potencia suficiente para sostenerse en el aire, el hidroavión cayó sobre el lago con un fuerte impacto, lo que los pilotos llaman un “panzazo”. El golpe provocó una fisura en el fuselaje por la cual comenzó a entrar agua rápidamente.

Un rescate dramático

Un testigo del accidente tomó un bote y remó hacia el lugar del impacto. Capraro se encontraba en una situación crítica: no sabía nadar y el avión se hundía lentamente.

Su salvador logró alcanzarlo justo a tiempo y, según relatan las crónicas, lo tomó literalmente de los pelos cuando la aeronave ya desaparecía bajo el agua.

Los hombres que lograron rescatarlo fueron Humberto Guerrero y Ramón Gutiérrez, quienes presenciaron el accidente y acudieron de inmediato en su ayuda.

El hidroavión quedó semi hundido y su posterior recuperación sería una operación compleja que también quedó registrada en relatos históricos de la aviación regional.

Recuperación y final de la aventura

Capraro fue trasladado al hospital de San Carlos de Bariloche, donde permaneció más de un mes internado recuperándose de múltiples contusiones en todo el cuerpo.

El episodio marcó el final de su breve experiencia como piloto. Según recuerdan las crónicas familiares, su esposa, Adela Aguad de Capraro, fue terminante al enterarse de lo ocurrido: “Se terminó la aventura de la aviación”.

Y así fue. Tras aquel accidente frente al Hotel Correntoso, la historia del primer hidroavión vinculado a Villa La Angostura quedó como una de las anécdotas más curiosas y audaces de los comienzos del turismo en la región.

Yayo de Mendieta

Villa la Angostura

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