El turismo argentino hacia Chile continúa activo, pero atraviesa un cambio profundo que impacta directamente en los tradicionales tours de compras a ciudades como Osorno y Puerto Montt, donde se ubica el shopping más importante del sur del vecino país. La apreciación del peso chileno frente al argentino, sumada a la reducción de la brecha de precios, provocó una marcada caída del interés por viajar con el objetivo principal de comprar, una modalidad que durante años movilizó miles de visitantes desde nuestra región cordillerana.
El flujo turístico no se desplomó por completo, pero sí cambió su lógica. El histórico viaje para adquirir tecnología, indumentaria y electrodomésticos perdió protagonismo y fue reemplazado por un perfil de viajero más moderado, con presupuestos ajustados y mayor foco en experiencias. La transformación responde a un nuevo escenario económico en el que el encarecimiento relativo del destino chileno redujo el atractivo comercial.

Durante años, cruzar la cordillera por el paso Cardenal Samoré implicaba aprovechar precios significativamente más bajos. Hoy ese diferencial prácticamente desapareció. La fortaleza del peso chileno hizo que el costo de vida en ciudades como Osorno o Puerto Montt se acerque al de Argentina e incluso al de otros destinos regionales en algunos rubros. Como consecuencia, el viaje dejó de ser rentable desde el punto de vista del consumo masivo, afectando directamente a los tours organizados y a los viajes relámpago orientados exclusivamente a compras.
Menos compras y más experiencias
El nuevo viajero argentino mantiene el interés por salir del país, pero modificó sus prioridades. Las compras dejaron de ser el eje central y fueron reemplazadas por actividades vinculadas al descanso, la gastronomía y el turismo recreativo donde se destacan Frutillar, Valdivia y Puerto Varas. En destinos donde los centros comerciales concentraban gran parte del movimiento, el impacto ya se percibe en una caída del consumo y en una menor demanda de excursiones específicas para compras.

Esta reconfiguración del turismo cambió también la distribución del gasto. La hotelería, los restaurantes y las propuestas de ocio lograron sostener parte de la actividad, pero con un perfil distinto: menos productos en bolsas y más inversión en experiencias. El resultado es un visitante que permanece menos tiempo en shoppings y más en circuitos turísticos.
El comercio online también influye
El crecimiento del comercio electrónico profundizó esta tendencia. Plataformas internacionales con envíos a Argentina permiten acceder a precios competitivos sin necesidad de viajar. Esta posibilidad elimina costos de combustible, alojamiento y logística, factores que antes se justificaban por el ahorro obtenido en Chile.

En paralelo, algunos productos que históricamente motivaban el cruce de frontera comenzaron a equiparar sus precios en el mercado argentino. La tecnología y los electrodomésticos, por ejemplo, ya no presentan diferencias tan marcadas como en años anteriores, lo que reduce aún más el incentivo para realizar viajes de compras.
Viajes más cortos y menor flujo
El ajuste también se refleja en la modalidad de viaje. Predominan escapadas breves, presupuestos controlados y traslados en vehículos particulares en lugar de tours organizados. Este cambio impacta en el movimiento general y, según registros recientes, en pasos fronterizos como Cardenal Samoré se observaron caídas de hasta el 25% en el flujo turístico vinculado a compras.

El panorama marca un cambio estructural: el turismo argentino hacia Chile continúa, pero el modelo basado en grandes compras parece quedar atrás. Osorno y Puerto Montt, históricamente elegidos por sus precios competitivos, enfrentan ahora una temporada con menor demanda comercial y un visitante que prioriza pasear antes que llenar el carrito.



