Sr. Director:
Ser patriota
¿Qué es más útil para el país y su progreso? ¿Tierras en manos de personas que no producen, depredan y no cuidan? ¿O en manos de quienes trabajan, invierten, pagan impuestos, generan empleo y lo hacen de manera sustentable?
En Argentina todavía persiste una mirada simplista: considerar que una propiedad en manos extranjeras es, por definición, algo negativo. Un nacionalismo que muchas veces se queda en lo simbólico y pierde de vista el desarrollo real del país.
Todos conocemos ejemplos. Campos abandonados o explotados sin cuidado, recursos desaprovechados y oportunidades perdidas. Y también conocemos lo contrario: argentinos y extranjeros que invierten, restauran, producen, generan trabajo en blanco, pagan impuestos y desarrollan proyectos sustentables.
Entonces, la pregunta es sencilla: ¿el problema es el pasaporte o la conducta?
La propia historia argentina ayuda a responderla. El país se formó con el aporte de personas de múltiples orígenes. Colonias agrícolas, inmigrantes y pioneros contribuyeron al desarrollo de regiones enteras. La Patagonia está llena de ejemplos.
Uno de ellos es Douglas Tompkins. Era extranjero, compró tierras, invirtió capital en el país, trabajó en su restauración y conservación y finalmente las donó para contribuir a la creación y ampliación de parques nacionales. Esas tierras hoy forman parte del patrimonio natural protegido de la Argentina.
Mucho antes, Thomas Bridges, inglés, llegó a Tierra del Fuego, estableció vínculos con sus habitantes originarios y fundó la estancia Harberton. Generaciones después, su legado continúa. Sus descendientes son argentinos, aunque en algún caso todavía conserven un inconfundible acento inglés.
¿Cuántas generaciones hacen falta para que alguien “merezca” ser considerado argentino? ¿Y por qué debería importar más su origen que lo que hace con la tierra?
Argentina es un pueblo de múltiples orígenes y un solo corazón celeste y blanco. El patriotismo debería medirse más por lo que se hace por el país que por el lugar donde alguien nació o por el barco o avión en el que llegó.
Mientras discutimos el pasaporte de un propietario, convivimos en silencio con problemas que dañan mucho más al país: corrupción, abuso de poder, burocracia absurda, aumentos injustificados de tasas, destrucción de recursos naturales, falta de controles, ineficiencia y falta de transparencia. Frente a muchas de estas situaciones, sobre las que sí podríamos exigir y actuar, no suele haber marchas ni banderas.
Si se quiere defender la Argentina, vale la pena empezar por defenderla de aquello que realmente la deteriora y concentrar nuestra energía allí donde nuestra acción puede contribuir a generar un cambio.
Ser patriota no debería significar rechazar al que viene de afuera. Debería significar construir un país mejor, donde se valore a quien trabaja, cumple, invierte, genera oportunidades y cuida aquello que también pertenece a las generaciones que vienen.
Seamos mejores ciudadanos y la Argentina crecerá.
Laura Gall
Villa Traful



