La histórica travesía de la primera caldera que llegó para secar madera a Villa La Angostura tirada por seis yuntas de bueyes

A fines de la década de 1950, Mario Pascotto impulsó un proyecto que para aquella pequeña Villa La Angostura resultaba revolucionario: construir un secadero de madera. La gigantesca caldera llegó en tren hasta Bariloche, cruzó el Nahuel Huapi y, desde el puerto, fue trasladada hasta el aserradero “Don Mario” tirada por seis yuntas de bueyes, ante la mirada sorprendida de los pocos pobladores de entonces. Escribe Yayo de Mendieta

Hay imágenes que permiten reconstruir mejor que cualquier documento cómo era la vida en la Villa La Angostura de mediados del siglo pasado. Una de ellas tiene como protagonista a una enorme caldera avanzando lentamente desde el puerto hacia un aserradero, arrastrada por bueyes, mientras los vecinos seguían con curiosidad aquella operación fuera de lo común.

Detrás de esa historia estaba Mario Pascotto, uno de los pioneros que apostaron por el desarrollo de Villa La Angostura durante la década de 1950, cuando la localidad era todavía un pequeño poblado, los caminos presentaban enormes dificultades y muchas de las actividades productivas requerían ingenio, esfuerzo y una buena dosis de audacia.

Su hija, Silvana Pascotto, conserva los recuerdos familiares de aquella época y reconstruyó la historia de una iniciativa que buscaba incorporar un sistema novedoso para el tratamiento de la madera producida en la zona.

  • Una familia que encontró su lugar en la Patagonia

Mario Pascotto había nacido el 11 de junio de 1911 en Azzano, en la región italiana de Friuli, provincia de Pordenone. En su juventud comenzó estudios destinados al sacerdocio, pero un año después decidió abandonar ese camino y buscar un nuevo futuro en América.

En 1930, con apenas 19 años, desembarcó en Buenos Aires prácticamente sin recursos. Su formación técnica y sus conocimientos de electricidad le permitieron ingresar posteriormente a la Compañía Telefónica, que por entonces pertenecía a capitales ingleses.

Con los años comenzó una actividad independiente vinculada a la comercialización de cojinetes y rodamientos. Así nació Pascotto S.A., empresa que alcanzaría un importante desarrollo y le permitiría consolidarse económicamente.

Formó una familia junto a Dinorah Sustersich, italiana de ascendencia yugoslava, con quien tuvo cuatro hijos: Mario, Silvana, Guido y Liliana.

El vínculo de los Pascotto con Villa La Angostura comenzó alrededor de 1950, durante un viaje a la región.

Silvana recordó que llegaron primero a Bariloche invitados por un primo, Antonio Dallia Cia, quien le propuso a su padre comprar en sociedad una propiedad que estaba en venta en Villa La Angostura.

Cuando Mario conoció el lugar quedó impactado.

La propiedad tenía costa sobre el lago Nahuel Huapi y unas 75 hectáreas dentro del Lote Pastoril Nº 11, extendiéndose desde la desembocadura del arroyo Las Piedritas hasta la zona de la actual residencia El Messidor.

Finalmente, su familiar desistió de la operación, pero Pascotto ya había tomado una decisión: compraría la propiedad por su cuenta.

Comenzó entonces una relación familiar con Villa La Angostura que atravesaría generaciones.

  • Viajar desde Buenos Aires podía llevar tres días

Llegar a la localidad cordillerana estaba muy lejos de ser sencillo.

Silvana recordó que cada viaje desde Buenos Aires representaba una verdadera travesía de tres días, atravesando extensos caminos de tierra en los que el polvo ingresaba permanentemente al interior de los vehículos.

La familia viajaba principalmente durante los veranos. Mario era además un apasionado pescador y protagonizó uno de aquellos episodios que quedaron incorporados a la memoria familiar: capturó una trucha de 11 kilos y 300 gramos en la desembocadura del arroyo Las Piedritas.

Para una Villa La Angostura con muy pocos habitantes, aquella pesca también se transformó en todo un acontecimiento.

La vida era completamente diferente a la de Buenos Aires. La familia permanecía relativamente aislada porque su propiedad se encontraba alejada del pequeño centro urbano, pero con el tiempo se acostumbraron a aquella rutina.

Durante la epidemia de poliomielitis, cuando todavía no existía la vacuna, decidieron incluso permanecer en Villa La Angostura ante el temor que representaba regresar a Buenos Aires.

Silvana definió aquellos años como “una etapa de nuestra vida de hermosos recuerdos”, marcada por los extensos veranos que la familia disfrutaba en un lugar que consideraban paradisíaco.

  • El aserradero “Don Mario”

Mario Pascotto no se limitó a utilizar la propiedad como residencia familiar. Con una Villa La Angostura que lentamente comenzaba a crecer, observó las posibilidades productivas que ofrecían los bosques de la región.

A pocos metros de las tierras que posteriormente serían destinadas a las tomas de agua funcionó el aserradero “Don Mario”, que tuvo una importante actividad durante la década de 1950 y abasteció de madera a distintas construcciones de la localidad.

Todavía hoy permanecen algunas antiguas estructuras que recuerdan aquella actividad industrial desarrollada hace más de siete décadas.

Fue precisamente desde ese aserradero donde surgió una de las iniciativas más ambiciosas de Pascotto.

Después de una fuerte tormenta, una enorme cantidad de árboles había quedado caída, generando una disponibilidad de madera que podía ser aprovechada.

Mi padre tuvo un sueño”, resumió Silvana al recordar aquel proyecto.

La idea era instalar nada menos que un secadero de madera, algo sumamente innovador para una pequeña localidad patagónica de comienzos de los años cincuenta.

  • Una gigantesca caldera comprada a Jabón Federal

Para hacer funcionar aquel sistema era necesaria una caldera de grandes dimensiones.

Mario Pascotto consiguió comprar una enorme caldera perteneciente a Jabón Federal, con la intención de utilizarla como pieza central del futuro secadero. Pero comprarla era apenas el comienzo del desafío.

Había que trasladar semejante estructura desde Buenos Aires hasta Villa La Angostura en una época en la que la infraestructura vial de la región era extremadamente limitada. La primera etapa se realizó por ferrocarril.

La caldera fue cargada en un vagón y transportada en tren hasta San Carlos de Bariloche.

Desde allí comenzaría la parte más extraordinaria del viaje.

  • Cruzó el Nahuel Huapi hasta Villa La Angostura

Una vez en Bariloche, la gigantesca estructura debía llegar hasta Villa La Angostura. La solución encontrada fue utilizar el lago.

Según reconstruyó Silvana Pascotto, la caldera fue trasladada navegando por el Nahuel Huapi hasta arribar al puerto de Villa La Angostura.

Pero todavía quedaba el tramo más complejo: llevar aquella enorme pieza desde la costa hasta el aserradero “Don Mario”. No había camiones ni maquinaria pesada disponible para realizar una operación de semejantes características.

La fuerza necesaria apareció entonces de la manera más característica de aquellos tiempos: los bueyes.

  • El día que los vecinos salieron a mirar

La escena quedó grabada en la memoria de quienes participaron y de los pobladores que pudieron observarla.

Seis yuntas de bueyes fueron utilizadas para arrastrar la pesada caldera desde el puerto hasta el aserradero. De acuerdo con el recuerdo de Silvana Pascotto, llegaron a intervenir seis yuntas, es decir, doce animales, en distintos momentos de la compleja operación.

Para la Villa La Angostura de aquellos años fue todo un acontecimiento.

Fue una revolución para los pocos que había en el pueblo en ese momento, porque todo el mundo estaba pendiente desde el puerto para poder transportar esa gigantesca caldera”, recordó Silvana.

La imagen permite dimensionar cuánto cambió Villa La Angostura desde entonces: una enorme pieza industrial, llegada primero en tren y después atravesando el lago, avanzando lentamente por el pueblo impulsada por la fuerza de los animales.

No se trataba solamente de trasladar una caldera. Detrás estaba la intención de incorporar tecnología para industrializar y mejorar el aprovechamiento de la madera local.

  • Un proyecto ambicioso que finalmente no prosperó

Pascotto realizó una importante inversión para poner en funcionamiento el secadero. Sin embargo, diferentes circunstancias terminaron frustrando aquella iniciativa.

Silvana recordó que, cuando comenzaron a comercializarse las primeras maderas provenientes de los árboles caídos, aparecieron problemas que afectaron la viabilidad económica del emprendimiento.

A ello se sumó otro factor imposible de controlar: la actividad del complejo volcánico Puyehue-Cordón Caulle, cuyos efectos terminaron alterando los planes.

Ese proyecto fue mucho lo que se invirtió, pero no dio resultados”, recordó.

El sueño del secadero terminó abandonándose y la gigantesca caldera quedó en el predio.

Con el paso de las décadas, el crecimiento de la vegetación, las modificaciones del terreno y el abandono de las antiguas instalaciones fueron ocultando aquel enorme testimonio de la historia productiva local.

Según Silvana, la vieja caldera permanece actualmente enterrada en algún sector de lo que fue el aserradero “Don Mario”.

Un pionero que también dejó su aporte al agua de Villa La Angostura

La historia de Mario Pascotto en Villa La Angostura no quedó limitada al aserradero.

Entre sus aportes más importantes a la comunidad se encuentra la donación de tierras destinadas a las tomas de agua de los arroyos Las Piedritas y Colorado, infraestructura vinculada desde entonces al abastecimiento de agua de la localidad.

Su historia representa la de aquellos pioneros que llegaron cuando Villa La Angostura era apenas un pequeño asentamiento cordillerano y encontraron oportunidades donde prácticamente todo estaba todavía por hacerse.

Más de siete décadas después, aquella jornada conserva una fuerza especial: el día en que los pobladores de una pequeña Villa La Angostura salieron a observar cómo una gigantesca caldera, después de viajar en tren y cruzar el Nahuel Huapi, avanzaba hacia el aserradero “Don Mario” tirada por yuntas de bueyes.

Era el sueño industrial de Mario Pascotto avanzando lentamente por los caminos de una Villa La Angostura que recién comenzaba a construir su propia historia.

Yayo de Mendieta

Villa la Angostura

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