Cada 23 de agosto se celebra el Día Internacional del Guanaco, una especie emblemática de la Patagonia cuya presencia en la región del Nahuel Huapi quedó documentada por los jesuitas desde el siglo XVII. Durante siglos fue además una fuente esencial de alimento para los pueblos originarios que habitaban estas tierras. Escribe Yayo de Mendieta
Este 23 de agosto se celebra el Día Internacional del Guanaco, una fecha que busca generar conciencia sobre la conservación de uno de los animales más representativos de Sudamérica y, particularmente, de la Patagonia. Pero en la región del Nahuel Huapi su importancia trasciende largamente el aspecto ambiental: el guanaco es también un testigo silencioso de nuestra historia.
Mucho antes del nacimiento de Villa La Angostura y de la conformación de los actuales pueblos y ciudades de la región, enormes poblaciones de guanacos recorrían estos territorios.
Los primeros testimonios escritos sobre esa abundancia se remontan al siglo XVII, cuando los jesuitas comenzaron a dejar constancia de la fauna, el paisaje y las costumbres de las comunidades originarias que habitaban los alrededores del Nahuel Huapi.
Los jesuitas ya hablaban de ellos hace más de 350 años
Con la llegada de Nicolás Mascardi a la región, alrededor de 1670, y durante el período de la histórica Misión Nahuel Huapi, que se extendió hasta 1717, diferentes religiosos dejaron testimonios sobre la enorme presencia de guanacos y choiques en estas tierras.
Los escritos de aquellos años permiten reconstruir parte de un paisaje muy diferente al actual.
Los testimonios atribuidos a religiosos como Nicolás Mascardi, Juan José Guillelmo y Francisco de Elguea, entre otros integrantes de las misiones jesuíticas, describían una región donde estos animales eran sumamente abundantes.
El guanaco representaba, además, una fuente fundamental de alimento y recursos para las comunidades originarias que habitaban la región.
Las crónicas describen que la abundancia era tal que las partidas de caza podían realizarse durante apenas algunos días y proporcionar carne suficiente para el resto de la semana.
Los jesuitas observaban críticamente aquellos períodos en los que no se realizaban otras tareas e intentaban introducir actividades vinculadas con la agricultura y el cultivo de frutales, buscando modificar y diversificar la alimentación y las costumbres productivas de las comunidades.
Aquellos relatos, más allá de la mirada europea y evangelizadora propia de la época, constituyen hoy valiosos documentos para dimensionar la enorme presencia histórica del guanaco en la región del Nahuel Huapi.
Un animal que atravesó siglos de historia
El guanaco (Lama guanicoe) es el herbívoro silvestre nativo de mayor tamaño de los pastizales sudamericanos y uno de los animales mejor adaptados a las condiciones extremas de la Patagonia.
Puede vivir desde el nivel del mar hasta aproximadamente los 4.000 metros de altura y soportar importantes variaciones de temperatura.
Su dieta está integrada por gramíneas, hierbas y arbustos bajos. Además, en gran parte de su distribución realiza desplazamientos estacionales para encontrar alimento, reproducirse y evitar depredadores.
Cuando se siente amenazado puede alcanzar velocidades cercanas a los 60 kilómetros por hora.
Habitualmente vive en grupos compuestos por un macho adulto, varias hembras y sus crías. Durante el invierno, diferentes grupos pueden reunirse hasta conformar grandes tropillas, una imagen que durante siglos caracterizó a extensas regiones patagónicas.
Una pieza fundamental del ecosistema
La importancia del guanaco no se limita a su valor histórico.
La especie desempeña un papel fundamental dentro de los ecosistemas naturales de Sudamérica. Es una de las principales presas del puma y, cuando un ejemplar es cazado, sus restos pueden convertirse en alimento para cóndores, zorros y otras especies.
Sus desplazamientos también contribuyen a la dinámica de los pastizales. Las almohadillas de sus patas generan un impacto menor sobre el suelo que otros animales y su forma de alimentarse favorece el rebrote de determinadas pasturas.
Por estas características, conservar poblaciones saludables de guanacos significa también proteger buena parte del funcionamiento natural de los ambientes donde habitan.
De millones de ejemplares a poblaciones fragmentadas
La situación actual contrasta fuertemente con aquella abundancia que describían los primeros cronistas.
Se estima que durante los últimos dos siglos la población sudamericana de guanacos pasó de decenas de millones de individuos a alrededor de tres millones y que actualmente ocupa aproximadamente el 40 por ciento de su distribución geográfica original.
La situación, sin embargo, presenta enormes diferencias entre países e incluso entre distintas regiones de la Argentina.
En algunos sectores de la Patagonia la especie logró recuperar poblaciones importantes, mientras que en otros territorios sobreviven grupos pequeños, fragmentados y relativamente aislados.
En Neuquén, relevamientos difundidos por WCS Argentina y realizados junto al Centro de Ecología Aplicada del Neuquén (CEAN) habían advertido una marcada disminución de la especie en determinadas áreas. Entre los posibles factores fueron señalados los efectos de erupciones volcánicas sobre las pasturas y la caza furtiva.
A estos problemas se suman la fragmentación de los ambientes, las dificultades para realizar desplazamientos migratorios, la competencia por recursos y los efectos del cambio climático.
El 23 de agosto, una fecha para protegerlo
Desde 2024, cada 23 de agosto se conmemora el Día Internacional del Guanaco.
La iniciativa surgió a partir del trabajo conjunto de más de 40 organizaciones gubernamentales, académicas, representantes de comunidades indígenas y entidades de la sociedad civil, con el objetivo de coordinar esfuerzos para conservar la especie en América del Sur.
La propuesta fue impulsada por WCS Argentina junto con organizaciones nacionales e internacionales en el marco de GuanaConecta, una iniciativa que busca preservar al guanaco y mantener la conectividad de los ambientes necesarios para sus desplazamientos.
El desafío es encontrar estrategias que permitan la coexistencia entre las poblaciones silvestres, la actividad ganadera y las comunidades humanas, utilizando información científica para definir políticas de conservación y aprovechamiento sustentable.
Testigo silencioso de nuestra historia
En la región del Nahuel Huapi, hablar del guanaco significa también mirar hacia el pasado.
Hace más de 350 años los jesuitas ya escribían sobre su extraordinaria abundancia y sobre la importancia que tenía para las comunidades originarias. Mucho antes todavía, generación tras generación, los pueblos que habitaron estas tierras encontraron en el guanaco alimento y otros recursos indispensables para sobrevivir.
Después llegaron las misiones, los caminos, los pueblos, las fronteras, las estancias y finalmente las ciudades. El paisaje fue cambiando y aquellas enormes poblaciones de animales también comenzaron a disminuir.
Por eso, este 23 de agosto no es solamente una fecha dedicada a una especie de la fauna sudamericana.
Es también una oportunidad para recordar que el guanaco estaba aquí mucho antes que nosotros. Recorrió estos valles, montañas y estepas durante siglos y acompañó silenciosamente buena parte de la historia de quienes habitaron la región del Nahuel Huapi. Hoy, conservarlo significa también preservar una parte de nuestra propia historia patagónica.
Yayo de Mendieta
Villa la Angostura



