El turismo nació en Villa La Angostura antes que la propia localidad: la historia de aquellos primeros visitantes

El viaje en auto era agotador, casi una semana para llegar desde Buenos Aires. En la foto (1936) una parada a punto de llegar al paraje Correntoso (hoy Villa la Angostura)

Viajes con numerosos trasbordos, excursiones en barcos a vapor, paseos por el Nahuel Huapi y una incipiente hotelería marcaron el comienzo de una actividad que, más de un siglo después, constituye uno de los pilares en la historia de Villa La Angostura. Escribe Yayo de Mendieta.

Mucho antes de que Villa La Angostura tuviera ese nombre, calles, infraestructura turística o siquiera una fecha fundacional, ya había viajeros dispuestos a realizar una verdadera travesía para conocer los paisajes de este rincón de la cordillera.

La historia del turismo local comenzó a escribirse en el paraje Correntoso, a orillas del Nahuel Huapi y junto a la desembocadura del río del mismo nombre. Allí, Primo Capraro desarrolló diferentes emprendimientos y su esposa, la alemana Rosa Maier, comenzó a atender una pequeña hostería que sería el antecedente del Hotel Correntoso.

La historia oficial de Turismo de Villa La Angostura reconoce a Capraro como uno de los protagonistas fundamentales de aquellos primeros años y señala al establecimiento de Correntoso como el primer hotel de la zona.

La Pensión de doña Rosa

El año 1917 puede considerarse como el comienzo del funcionamiento continuo de aquella pequeña hostería, conocida popularmente como “La Pensión de doña Rosa”. La propia historia institucional del actual Correntoso remonta a ese año el origen de su tradición hotelera.

El hospedaje estaba construido en madera machihembrada, una técnica novedosa entonces en la región, y se encontraba junto al aserradero de Capraro y a pocos metros del Nahuel Huapi.

Tenía apenas tres habitaciones y un baño. No necesitaba demasiada publicidad: quienes transitaban el difícil recorrido entre Argentina y Chile conocían aquel sitio como una parada donde era posible recuperar fuerzas, conseguir comida, tomar un baño caliente y encontrar una cama después de jornadas que podían resultar extremadamente exigentes.

Junto al hospedaje funcionaba además una proveeduría o almacén de ramos generales que abastecía a los pobladores. El dinero escaseaba y buena parte de las operaciones se realizaban mediante trueque: cueros, carne, leche, crema, quesos y pieles podían intercambiarse por azúcar, aceite, yerba y otros productos indispensables.

De una pequeña pensión al Hotel Correntoso

El crecimiento del movimiento llevó a Capraro a ampliar el establecimiento. Hacia 1920 comenzó la transformación de aquella sencilla pensión en el Hotel Correntoso.

La nueva etapa quedó terminada a comienzos de 1922. El edificio, construido principalmente con ciprés y cubierto con tejuelas, disponía de cinco habitaciones, dos baños y un estar-comedor con capacidad para unas 30 personas.

Desde sus ventanas se podía contemplar una postal que más de un siglo después continúa siendo uno de los símbolos turísticos de Villa La Angostura: el río Correntoso encontrándose con las aguas del Nahuel Huapi.

Los registros históricos municipales confirman que el establecimiento de madera contaba con cinco habitaciones y capacidad para unas treinta personas, y que allí comenzaron a alojarse los primeros grupos que llegaban para descubrir la región.

1924: llegan los primeros turistas organizados

El gran salto se produjo en 1924. En febrero de ese año llegó el primer grupo de turistas que tenía como destino específico el paraje Correntoso. Era un hecho extraordinario para una región donde las comunicaciones terrestres eran todavía sumamente precarias. Los registros históricos ubican precisamente en 1924 la llegada de aquel primer contingente organizado.

Para dimensionar lo que significaba hacer turismo en aquellos años basta recordar que un visitante que partía desde Buenos Aires podía necesitar hasta siete trasbordos entre ferrocarriles, balsas y automóviles para alcanzar la cordillera.

Las primeras excursiones organizadas estuvieron vinculadas con la Comisión Pro Parques del Sur, que impulsaba el conocimiento y la preservación de los paisajes del Nahuel Huapi.

Los viajeros utilizaban combinaciones ferroviarias y continuaban por tierra hasta Bariloche. Desde allí comenzaba otro capítulo de la aventura: las embarcaciones permitían atravesar el Nahuel Huapi, llegar hasta Puerto Manzano y finalmente alcanzar el Hotel Correntoso.

Así comenzaba a gestarse una actividad turística cuando todavía faltaban ocho años para la fundación oficial de Villa La Angostura.

Capraro comprendió el potencial turístico de la región

Primo Capraro advirtió rápidamente las posibilidades que ofrecían aquellos visitantes que llegaban atraídos por un paisaje prácticamente desconocido para buena parte del país.

Su actividad empresarial era mucho más amplia que la hotelería. Tenía intereses vinculados con aserraderos, navegación, construcción y otros emprendimientos regionales. Pero el turismo comenzaba a presentarse como una nueva oportunidad.

Capraro organizó servicios para los huéspedes y combinó el alojamiento con excursiones lacustres.

El crecimiento llevó a una nueva ampliación del Hotel Correntoso. En 1929 encargó trabajos al constructor Enrique Lunde y el establecimiento llegó a contar con alrededor de veinte habitaciones, además de un amplio estar-comedor.

Un detalle reflejaba las aspiraciones del emprendimiento: hacia 1927 el hotel disponía incluso de un piano de cola, algo excepcional para un establecimiento ubicado entonces en un paraje remoto de la Patagonia.

El Nahuel Huapi era la gran ruta

En aquellos años, el lago no era solamente un atractivo turístico. Era una auténtica vía de comunicación. Los caminos terrestres eran precarios y podían quedar interrumpidos durante el invierno por árboles caídos, crecidas y desbordes. Por eso, las embarcaciones resultaban fundamentales para trasladar personas, alimentos, correspondencia y mercaderías.

Capraro desarrolló una importante estructura de navegación. Entre las embarcaciones vinculadas con aquellos servicios estuvieron el Cóndor, el Nahuel Huapi II y el Correntoso, además de lanchas menores y botes a motor.

Foto: Una vista del Vapor Cóndor en Puerto Correntoso y la cordillera. Villa La Angostura. C. 1936 (Archivo Visual Patagónico/ Carlos A. Solari Archi Nave Nahuelhuapi)

La historia turística municipal recuerda que al primer hotel llegaban pasajeros a través del Cóndor y del popularmente llamado Cachirulo, embarcaciones de carga y pasajeros de Capraro.

El Nahuel Huapi II, construido por el ingeniero naval Otto Mühlenpfordt por encargo de Capraro, era conocido popularmente como el “Cachirulo” debido a su particular silueta.

Las embarcaciones formaban parte de la vida cotidiana del paraje y, al mismo tiempo, permitían comenzar a ofrecer algo que hoy resulta inseparable de cualquier destino turístico: excursiones.

Paseos, té frente al lago y excursiones en barco

Capraro comprendió que el visitante no buscaba solamente una habitación. En la playa Última Esperanza se instalaron mesas y bancos de madera para trasladar allí a los huéspedes, quienes podían pasar el día junto al lago o disfrutar de un té rodeados por el paisaje.

La documentación histórica municipal conserva la referencia a estas excursiones y recuerda que los visitantes eran llevados hasta ese sector para pasar el día.

Foto: Turistas posando para la foto a la hora del almuerzo en la zona del comedor del hotel Correntoso

También se ofrecían excursiones hacia Puerto Blest y Bariloche, además de recorridos por distintos puntos del Nahuel Huapi.

Durante la temporada alta, los servicios lacustres aumentaban su frecuencia para responder a la llegada de visitantes. Incluso se ofrecía el alquiler de embarcaciones por hora, una muestra de hasta qué punto comenzaba a organizarse una incipiente industria turística.

Turismo antes de Villa La Angostura

Tal vez el aspecto más llamativo de esta historia sea la cronología. Cuando aquellos primeros contingentes llegaron en 1924, Villa La Angostura todavía no había sido fundada oficialmente.

El acontecimiento que se considera fundacional ocurrió recién el 15 de mayo de 1932, cuando se inauguró la oficina radiotelegráfica en el entonces paraje Correntoso. La ceremonia comenzó a las 11 de la mañana y contó con la participación de vecinos y alumnos de la Escuela 104.

Capraro también tuvo una participación decisiva en aquella obra: aportó el edificio de madera, mientras otros vecinos contribuyeron al financiamiento de los equipos.

Dos años después, en 1934, la creación del Parque Nacional Nahuel Huapi abriría otra etapa. La Administración de Parques Nacionales impulsó caminos e infraestructura y la región comenzó progresivamente a consolidar el perfil turístico que marcaría su futuro.

Una historia que continuó creciendo

El antiguo edificio de madera del Hotel Correntoso funcionó hasta finales de la década de 1940. En 1950, Francisco Capraro, hijo de Primo, construyó el establecimiento que daría continuidad al histórico hotel, con capacidad para alrededor de 70 u 80 pasajeros.

Para entonces, el turismo había dejado de ser aquella aventura reservada a unos pocos viajeros capaces de soportar numerosos trasbordos y largas jornadas de viaje.

Con el paso de las décadas llegaron mejores caminos, nuevos hoteles, servicios, excursiones y, posteriormente, el desarrollo del esquí en Cerro Bayo. La pavimentación de las conexiones terrestres terminaría de acelerar la transformación del destino. La historia turística oficial señala que desde la década de 1930 la infraestructura promovida por Parques Nacionales fue determinante y que, hacia fines de los años 70, comenzó el desarrollo del centro de esquí Cerro Bayo.

Pero mucho antes de todo eso estuvieron Primo Capraro, Rosa Maier, una pequeña pensión de tres habitaciones, las embarcaciones sobre el Nahuel Huapi y aquellos viajeros que en 1924 aceptaron una travesía extraordinaria para conocer Correntoso.

Por eso, la historia del turismo de Villa La Angostura tiene una particularidad: comenzó antes que la propia Villa La Angostura. Cuando la localidad todavía no existía formalmente, aquellos pioneros ya habían descubierto que los lagos, bosques y montañas podían convertirse en el principal motivo para que personas llegadas desde cientos de kilómetros eligieran viajar hasta este rincón de la Patagonia.

Yayo de Mendieta, de su libro “Apuntes del Correntoso”

Villa la Angostura

Copy Protected by Chetan's WP-Copyprotect.