La referente religiosa lleva adelante desde hace años una intensa tarea de contención en Villa La Angostura y recientemente abrió un espacio para hospedar a personas que buscan dejar las adicciones. Advirtió sobre el crecimiento del consumo a edades cada vez más tempranas y cuestionó la falta de respuesta de algunos organismos públicos.
La pastora Beatriz Valencia se ha convertido en una de las referentes comunitarias que trabaja en Villa La Angostura para acompañar a jóvenes y adultos atravesados por las adicciones, una tarea que sostiene prácticamente a cualquier hora y que, según explicó, surgió también a partir de una experiencia que atravesó dentro de su propia familia.
En una extensa entrevista concedida al noticiero de Angostura Digital Televisión, Valencia aseguró que más de 30 personas lograron recuperarse de las drogas a partir del trabajo de acompañamiento que viene realizando, mientras actualmente continúa asistiendo a otros hombres que decidieron iniciar el difícil proceso de abandonar el consumo.
Su tarea se desarrolla en un contexto en el que familiares de personas con consumos problemáticos comenzaron a organizarse ante lo que consideran una insuficiente respuesta institucional. Así nació Mamás en Acción, un espacio que, según Valencia, ya supera las 100 personas entre madres, padres, abuelos, tíos y otros familiares.
“Hay que prestar atención y poner el oído”
La pastora sostuvo que uno de los principales problemas es que el consumo de drogas dejó de ser una situación oculta y comenzó a observarse con mayor frecuencia en diferentes sectores de Villa La Angostura.
“Hay que prestar atención y poner oído realmente. Y no solamente prestar atención, sino también ser partícipes de la situación que hoy estamos viviendo en Villa La Angostura”, expresó.
Valencia señaló que el consumo de sustancias no es un fenómeno nuevo en la localidad, aunque considera que durante los últimos tiempos adquirió una dimensión mucho más visible.
“Siempre hubo, pero ahora ya no importa la hora, dónde o quién. Hay áreas de Villa La Angostura que están muy complicadas con respecto a la droga”, afirmó.
También manifestó su preocupación por la edad de inicio de algunos adolescentes y sostuvo que reciben casos vinculados con chicos de 12 y 13 años, por lo que consideró fundamental fortalecer las acciones preventivas antes de que se consoliden los consumos problemáticos.
Una experiencia familiar que transformó en ayuda para otros
El compromiso de Valencia tiene además una historia profundamente personal. Durante la entrevista explicó que es madre de cinco hijos y que una de sus hijas atravesó una situación relacionada con las drogas y actualmente logró salir de ella.
A partir de aquella experiencia decidió profundizar su trabajo con otras familias.
“Como yo no podía con ella, dije: ‘No me voy a hundir con ella, yo tengo que salir’. Entonces descubrí esto de decir: si por ahora no puedo con ella, voy por otros”, recordó.
Esa experiencia fue convirtiéndose en una tarea comunitaria que hoy excede ampliamente el ámbito estrictamente religioso.
Valencia aclaró especialmente que la asistencia no tiene como finalidad sumar personas a su congregación y que quienes reciben ayuda no tienen obligación alguna de incorporarse a la iglesia.
Un espacio que funciona las 24 horas
Hace aproximadamente 17 días, según explicó durante la entrevista, se habilitó en las instalaciones de la iglesia, ubicada en Chumuy 640, un espacio destinado a hombres que decidieron comenzar un proceso para abandonar el consumo.
A diferencia de una asistencia ambulatoria de algunas horas, las personas permanecen y duermen en el lugar mientras atraviesan las primeras etapas de abstinencia y recuperación.
“Se abrió para los que están en el problema y decidieron salir. Están en rehabilitación, están en abstinencia, y los que ya salieron son parte del equipo de acompañamiento”, explicó.
Allí se generan espacios de escucha, contención y actividades destinadas a que las personas puedan atravesar una de las etapas más complejas del proceso.
Actualmente el lugar recibe únicamente hombres. Valencia reconoció que también recibe pedidos de ayuda de mujeres, pero explicó que todavía no cuenta con las condiciones necesarias para alojarlas.
Cuando el pedido de ayuda llega de madrugada
Una característica particular de su trabajo es la disponibilidad permanente. Para Valencia, cuando una persona finalmente se anima a pedir ayuda, la respuesta debe producirse en ese mismo momento.
Explicó que recibe llamados y mensajes durante todo el día, incluso durante la madrugada.
“Yo no le puedo decir: ‘Venite mañana’ o ‘el jueves tenemos una reunión’. Porque es ahora. Ese es el momento en que la persona necesita ayuda”, afirmó.
Durante el invierno, relató, incluso realizan recorridas alrededor de la medianoche o la una de la mañana, mientras que algunos pedidos de asistencia llegan a las dos o tres de la madrugada.
Para Valencia, esa disponibilidad inmediata resulta fundamental porque muchas veces quien atraviesa una adicción tarda mucho tiempo en reunir el valor necesario para pedir auxilio.
Críticas a la respuesta institucional
Uno de los puntos más fuertes de la entrevista estuvo relacionado con el funcionamiento de las instituciones encargadas de atender estas problemáticas.
Valencia cuestionó los circuitos burocráticos que, según su experiencia, obligan a las familias a trasladarse entre diferentes organismos sin encontrar una respuesta concreta.
“Hay ciertos organismos que no están funcionando como deberían funcionar hoy en nuestra localidad”, afirmó.
La pastora mencionó áreas vinculadas al hospital, Desarrollo Social y otros organismos públicos, aunque diferenció el papel de la Policía al señalar que muchas veces su intervención se encuentra limitada a situaciones de emergencia o a sus competencias específicas.
Según relató, una familia puede comenzar solicitando asistencia en una dependencia y ser derivada sucesivamente hacia otras oficinas.
“Te toman los datos y te dicen que no era ahí, que tenías que ir a otro lugar. Vas allá y nuevamente te derivan. La segunda vez esa persona quizás ya no vuelve”, advirtió.
Frente a esa situación, Valencia sostuvo que las organizaciones comunitarias terminan recibiendo pedidos que, en otras circunstancias, deberían encontrar respuestas dentro del sistema institucional.
Mamás en Acción: familias que decidieron organizarse
En ese escenario surgió Mamás en Acción, que comenzó a reunir no solamente a madres sino también a padres, abuelos, tíos y otros familiares de personas con consumos problemáticos.
Valencia estimó que actualmente participan más de 100 personas y destacó que uno de los principales objetivos es que ninguna familia sienta que debe enfrentar sola esta situación.
“Mamá, papá, no estás solo. Hoy hay una red que está trabajando y que se involucró, con personas que han pasado por lo mismo”, expresó.
También destacó el acompañamiento del abogado Cristian Pettorosso, especialmente para las familias que realizan denuncias o necesitan orientación frente a situaciones complejas.
La intención del grupo, remarcó, no se limita a intervenir cuando una adicción ya está instalada, sino que busca trabajar en prevención con niños y adolescentes.
Metamorfosis y la prevención del suicidio
La tarea comunitaria que encabeza Valencia también comprende otra problemática particularmente sensible. A través del equipo denominado Metamorfosis, un grupo de personas capacitadas trabaja en prevención del suicidio y escucha ante situaciones de crisis.
La referente insistió en la necesidad de terminar con los tabúes y hablar abiertamente cuando una persona atraviesa una situación de sufrimiento.
“No hay que tener miedo ni vergüenza. Antes no se podía hablar porque era un tabú; ahora hay que hablar”, sostuvo.
También remarcó que tanto las adicciones como las crisis emocionales atraviesan diferentes edades y situaciones socioeconómicas.
“Necesitan ser escuchados”
Después de años al frente de un comedor comunitario y del trabajo que actualmente realiza con personas atravesadas por consumos problemáticos, Valencia considera que una de las herramientas fundamentales continúa siendo algo aparentemente sencillo: escuchar.
“Desde la puerta para adentro pasan tantas cosas en un hogar y en una familia que las conocés cuando la persona decide hablar. El pedido de auxilio a veces no es que te digan ‘ayudame’; empiezan a hablar y ahí sabemos que existe una urgencia”, explicó.
En una problemática compleja, que requiere necesariamente intervenciones profesionales, sanitarias y sociales, la tarea de Beatriz Valencia representa un ejemplo de compromiso comunitario en Villa La Angostura, particularmente por su decisión de acompañar a quienes buscan una salida y a familias que muchas veces llegan después de haber agotado otras instancias.
Su mensaje final apunta precisamente a no resignarse: seguir pidiendo ayuda, acompañar a quienes quieren abandonar las drogas y fortalecer una red comunitaria capaz de actuar cuando alguien finalmente encuentra fuerzas para decir que necesita ayuda.
+ Teléfonos de contacto: Mamás en Acción: 294-486-1219 y Metamorfosis : 294-492-1567
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