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Thu, Aug

Muralismo y grafitis: “Una ordenanza de la edad media”

Carta de lectores
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Viviana Núñez Cabral cuestiona la ordenanza sancionada por el Concejo Deliberante y expresa "en lugar de prohibir, reprimir y sancionar (como hacen en todo el cuerpo del articulado de la 3818), traten de probar con la creatividad y generar espacios para la expresión".

 

Sr. Director:

Sin esbozo de rubor, en aparente concordancia y por el pedido de UN vecino (1/20.000), el valeroso Concejo Deliberante de Villa La Angostura dictó la ordenanza 3818/21, donde afectuosamente “abraza el arte en sus diversas manifestaciones”, porque tienen la “obligación –dicen- de promover la actividad que tiene fines estéticos o artísticos”. La palabra estética hace ya mucho dejó de ser parte del vocabulario de las artes de la Cultura. A qué le llamarán arte este conjunto de concejales, no es tan sencillo de definir, según lo expresan en la letra del mencionado reglamento.

Es si no un despropósito, una anécdota graciosa que se hayan tomado la molestia de realizar “interconsultas con la Secretaría de Gobierno, la Subsecretaría de Cultura y el Área de Juventud…” para “recibir aportes y colaboraciones”.

En los considerandos señalan que “desde hace un tiempo han proliferado… los llamados grafitis en paredes de edificios públicos, paseos, y propiedades particulares que dañan la estética de frentes y plazas, monumentos y patrimonio cultural e histórico de la Ciudad…” ¡Dios salve a la Santa Estética! Se suma la preocupación del cuerpo, porque esta ordenanza “tiende no sólo a permitir individualizar a los autores de estos hechos para obligarlos a reparar económicamente los daños, sino a prevenir futuros actos vandálicos en un intento de desanimar a quienes no escatiman recursos ni esfuerzos para estropear la propiedad ajena o pública”. Ternura, cuidado y compromiso con las paredes.

Si se autorizara a la práctica muralista o grafitera, para lo cual debe esperarse alrededor de un mes entre que se solicita autorización y es respondida o no (sí, porque puede no ser respondida, lo que implica un rechazo per sé, sin que esto se considere como destrato por parte del Estado), “no podrán ser agraviantes, groseros u obscenos, ni afectar a la moral pública en general”. ¿Este criterio será determinado por UN vecino sobre una población de 20.000? Para asesorarse sobre temas puntuales, sensibles a la sociedad y sus prácticas hay que hacerlo con quien sabe. Copiar y pegar ordenanzas de otras localidades, tampoco es el camino.

Hay un movimiento de muralismo y grafitis que atraviesa toda la Patagonia y nace en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén. Arte Mural Neuquino y Norpatagónico, nuestro patrimonio cultural!, se llama una de sus tantas agrupaciones.

La primera vez que pisé el Alto Valle, fue en los últimos meses del ’88. Bajando del tren, en una madrugada nublada, me impactó la elevación de una pared de piedra, demasiado cerca de la vía: Estación Villa Regina. La arquitectura de todo el valle parece imitar su paisaje; cemento, ladrillo, altura, filos y una oportuna blanqueada de cal para distinguirse a la vez de las bardas. No hay galpón que no ostente poderosas paredes blancas para guarecer el producto de sus cosechas y ninguno dejó de aprovechar el espacio para anunciar su nombre y la fecha de su fundación con imágenes de familias degustando los frutos de la producción de chacras que acopiaban en ellos. Lo que se inició como sello de distinción entre productores y comerciantes, dejó el espacio abierto después a los gremios de la fruta. Posteriormente a otros gremios y colectivos diversos. Tanta pared blanca… tanto para decir, tanto patrimonio cultural vivo.

Muchos aún conservan esos primeros registros de una cultura de economía regional que incluye sus fiestas patronales y paganas. Imprimen así su rasgo de identidad.

No seré yo quien interprete al Indio Solari, que apenas lo tengo de “oídas”. Sabe el Indio, que es un vencedor: no se ha entregado a las fauces del opresor. Sin embargo, también, que esa misma condición lo pone en el curato de los vencidos.

Enciende la alarma: “hemos perdido el rastro unos minutos” –dice. Y conociendo que en ese barro siempre es vencedor entre vencidos, se va corriendo a ver “qué escribe en mi pared la tribu de mi calle. La banda de mi calle”. Porque entiende, igual que Galeano –otro vencedor de suela empolvada-, que “las paredes son la imprenta de los pobres”. Por eso, quien quiera saber qué pasa, no empañe los Ray Ban con los diarios de un baño turco, recorra las calles y lea en las paredes, de paso se ejercita en el arte de la humanidad.

En lugar de prohibir, reprimir y sancionar (como hacen en todo el cuerpo del articulado de la 3818), traten de probar con la creatividad y generar espacios para la expresión. El silencio es la primera de las violencias. Porque esta ordenanza en lugar de estar pensada para esta “aldea de montaña” parece estar pensada para “La Aldea” de la película del S. XVI: paredes blancas, muertes rojas, conciencias negras.

No criminalicen la expresión, no criminalicen la Cultura, no criminalicen la juventud, no criminalicen la protesta, no criminalicen a las Víctimas de Violencia.



Viviana Núñez Cabral

D.N.I. 16.832.070

Villa la Angostura

 

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