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Wed, Dec

Jean Pierre Raemdonck con el capítulo 39 sobre su historia y el Cerro Bayo

Inauguración de la Telesilla Chaltén.
Cultura
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Compartimos un nuevo capítulo de su autobiografía, en esta oportunidad bajo el título: "Visita al Glaciar Perito Moreno, los cincuenta años de Bernadette, inauguración de la Telesilla Chaltén y viaje a Suiza".

 

El primer día del siglo  XXI, Mamy nos invitó a almorzar en un buen restaurante. Empezábamos muy bien el nuevo siglo.

 

Eran las vacaciones y proyectamos un viaje en Motorhome para descubrir “Comodoro Rivadavia, Caleta Oliva, Calafate, el Glaciar Perito Moreno, el Chaltén, etc.”

Dejo a Bernadette resumir nuestra expedición: “Salimos el sábado 5 de febrero alrededor de las 11:00 am. Nuestra primera etapa era El Bolsón. Queríamos comer un wafle en el kiosco de Tom, pero ya se había ido de la feria. Fuimos hasta su casa y después de haber cenado, dormimos en su jardín. El domingo salimos a las 9:30 am., y viajamos todo el día hasta Sarmiento, que se encuentra entre el lago Coihue Huapi y el lago Munster (el nombre del famoso marino, explorador, escritor inglés que acompañó una tribu nómada tehuelches o patagones durante un año, a mitad del siglo XIX). El lunes seguimos en dirección de Comodoro Rivadavia, una ruta bordeada de pozos de petróleo. En Caleta Olivia tomamos la foto de un inmenso monumento en memoria de las primeras perforaciones.

 

 Alojamos en  Puerto San Julián, donde antes salían los barcos a Europa con sus cargamentos de lana. El martes pasamos por el pueblo llamado”Piedrabuena” (En recuerdo del famoso personaje patagónico Luis Piedrabuena), y nos dirigimos hacia el Oeste, por un camino de tierra, bordeando el Río Santa Cruz, cruzando la Patagonia horizontalmente, descubriendo lindos paisajes y llegamos a las 17 horas a El Calafate, situado a 80 km del Glaciar, del cual nos acercamos a 40 km para descansar, guardando para el día siguiente la sorpresa de su descubrimiento. A la mañana temprano apreciábamos el impresionante espectáculo del Glaciar, del cual se desprendían inmensos bloques de hielo. Quedamos por lo menos dos horas asistiendo a varios desprendimientos. Dormimos en un camping sindical, cerca de El Calafate para aprovechar las duchas y nos dirigimos hacia el  Chaltén, costeando el lago Viedma.

  

En El Chaltén descubrimos el Cerro Fitz Roy, muy apreciado por los andinistas. Aprovechamos de estar en la “Capital del Trekking” muy concurrida por muchos extranjeros, para realizar una larga caminata de 6 horas. Fue una linda excursión con senderos bien trazados por los guardaparques. Salvo Jean Pierre, nos dimos cuenta que nos faltaba entrenamiento”.

  

Estacionamos nuestro Motorhome al lado de lo que había sido la casa del famoso pionero Madsen, llegado en 1903, ganadero, filósofo, escritor, poeta, patriarca del Viedma y guardián de las puertas del Fitz Roy. En Bariloche, conocemos uno de sus nietos, Roy Madsen (el hermano de Fitz).

“Cuando salimos, había una chica noruega que hacía dedo. Quería ir hasta Chile Chico, justamente por dónde íbamos a pasar y la llevamos. Eran 500 km de ruta de tierra.

 

 Partido internacional de nipes, Bélgica/Noruega/Argentina, después de la cena.

Esta noche, alojamos en plena pampa, en Las Horquetas. Cuando estábamos tomando el desayuno, aparecieron cuatro ciclistas, Jean Pierre los invitó a tomar un café. Eran tres jóvenes suizos de Lausanne. Hacía un año que venían pedaleando desde México. A ellos se había juntado un americano.

 

En una Estancia, “La Serena”, conocimos un matrimonio belga, Michel y Géraldine de Decker. Su Estancia hace parte de una cadena de Estancias en la Provincia de Santa Cruz que ofrecen servicio de hosteria. Ademas hacen muchos dulces. Es una zona privilegiada por su clima, con pocas heladas en invierno. Al día siguiente continuamos en dirección de “Los Antiguos”, con la esperanza de encontrar el matrimonio belga de Claude Amand de Mendieta y Myriam de Smet d’Olbecke que viven allí”.

Ellos formaban parte de una colonia belga que se estableció en el año 1949, en el pueblo vecino de Chile-Chico, del lado chileno.

 

 Bien recibido por Claude y Myriam Amand de Mendieta.

Los miembros de esta colonia eran: los de Smet d’Olbecke, de Halleux, Amand de Mendieta y Cardyn, acompañados de varios colaboradores para un ambicioso proyecto de colonización. La mayoría de los numerosos descendientes de estas familias se encuentran hoy, repartidos en Chile y Argentina.  En cuanto a Claude Amand de Mendieta y su esposa Myriam, que habían llegados adolescentes a Chile Chico, viven en Los Antiguos con sus descendientes bien aclimatados a la zona y al clima patagónico, como también a las erupciones volcánicas. Su especialidad, para la cual fueron pioneros, es la producción de cerezas y sus derivados (dulces, licores, etc.) que venden, principalmente a Comodoro Rivadavia. 

Claude fue Intendente de Los Antiguos durante muchos años y con su familia colabora mucho al desarrollo del pueblo.

 

 

 Dos libros ¿UN GRANO DE LOCURA? y “ERAMOS NIÑOS EN PATAGONIA” así como  una película, cuentan la historia apasionante de esta colonia. “La historia de 26 jóvenes que migran a la Patagonia chilena en el año 1949. Una historia de logros y decepciones, de adversidades y coraje, de contrariedades e ingeniosidades, de dramas y humor”. (Nota que figura en la cobertura del libro escrito por Jean Chenut: “Nous étions enfants en Patagonie”)

Una historia llena de epopeyas, entre las cuales el transporte hasta la Cordillera, de un barco comprado en la Costa Atlántica: “Se trataba de un “mueble” que vacío pesa sus cuarentas toneladas, a llevar por 500 kilómetros de rutas patagónicas (Texto copiado del libro)”.

 

 Diciembre de 1949, el Barco en camino al Lago Buenos-Aires.

Queríamos conocer los de Halleux en Chile que tienen una propiedad cerca de la Isla de Michel y Françoise Van Ginderdeuren. Pero Myriam nos dijo que no estaban y que había que rodear el lago por un mal camino de una sola vía con peligrosos precipicios. Prudentemente nos volvimos a Perito Moreno y de allí tomamos el camino que va a Chile. Esta noche, la pasamos a orilla del Rio Guengel, con una hermosa luna llena, en  medio de un cielo muy estrellado. El día siguiente después de almorzar en el puesto fronterizo, llegamos a Coyhaique donde no pudimos conseguir un lugar en el “Ferry” para Puerto Montt. Hubiéramos tenido que esperar hasta el 28 de febrero. Dejamos nuestra pasajera noruega, que siguió viaje a Santiago y nos volvimos a Argentina por otro paso. Un camino difícil con una larga subida. Dormimos en Alto Río Mayo, bajo una increíble tormenta. Paul y Édouard miraban los rayos, uno cayó a 30 metros del Motorhome. Hélène y yo rezábamos, mientras Jean Pierre, después de decir que nuestra casa estaba bien aislada del piso por sus cubiertas, dormía profundamente. Por mi parte, no me sentía tranquila. A Río Mayo, Édouard fue a saludar el Comandante de los Bomberos Voluntarios y nos  encontramos por fin con una ruta pavimentada. Después de una noche en Esquel, llegamos a tiempo a El Bolsón para comer un wafle de Tom y llegamos a Villa La Angostura a las 19:30 pm. Jean-Pierre no se había cansado mucho, visto que Paul manejó el 95% de los 4.400 km del trayecto. A parte unos pequeños problemas: una cubierta pinchada, una pequeña pérdida del tanque de gasoil y un problema con el radiador, fue una muy linda experiencia”.  

De regreso a Villa La Angostura, no podíamos perder un solo día. Teníamos que terminar el montaje de la telesilla Chaltén para inaugurarla el próximo invierno y empezar los cimientos de la telesilla Lenga, prevista para el invierno 2001. 

Agregando a estas obras los trabajos de mantenimiento de las pistas, de los medios de elevaciones, de los caminos y edificios, parecía que los días de primavera, verano y otoño no alcanzaban. Lo ideal hubiera sido de contratar equipos especializados en esas tareas, pero eso no existía y no las hubiéramos podido pagar. Nos arreglábamos con nuestro pequeño grupo de personal polivalente para las diversas actividades, sin olvidar que el centro estaba abierto al público, todos los días del año con servicios de telesilla, restaurantes, museo y alquiler de bicicletas. 

Durante estos trabajos, se acercaba una fecha importante, los 50 años de Bernadette que no podíamos dejar pasar sin atestiguarle todos los honores por lo realizado durante su medio siglo. Mamy había prometido estar de vuelta el 13 de abril para asistir a los preparativos del cumpleaños.

Por fin llegó el gran día para festejar estas cincuentas primaveras de mi querida Bernadette, que Mamy cuenta en nuestro libro: “Jean-Pierre se desplegó de una manera magistral y los chicos lo ayudaron para todo lo que era decoración. Fue plenamente  logrado. Los amigos, hasta los más lejanos, pusieron la animación; delicioso aperitivo y almuerzo, regalos de todo tipo, para Bernadette una verdadera sorpresa. Llevada por Paul, los ojos vendados por varios desvíos hasta el hotel Angostura que domina el lago donde pudo retirar el pañuelo de sus ojos y encontrarse delante de una cuarentena de amigos y familiares venidos a felicitarla”.

 

 El inolvidable aniversario del medio siglo de Bernadette.

 

Durante el almuerzo, entre “Speech” y regalos, el amigo René Zuker tocaba violín

 

Esas fueron mis palabras en esta ocasión: 

“Querida Bernadette,  ¿Qué decirte en éste gran día? En primer lugar que no fue fácil organizar esta pequeña fiesta sin tu ayuda. ¿Además como escapar a tu observación e intuición, siempre presente en todo momento?

Por suerte, la ayuda no faltó. Mamy trajo sus consejos, Luisa la idea del Menú, Eduardo Cilley su Hotel y René su Violín. Después en el Supermercado, me ayudó Lalo para encontrar los ingredientes. Mientras tanto Édouard y Hélène se ocupaban de decorar el salón y Paul de imprimir el Menú. Y todos aceptaron de venir a festejarte.

La verdad tengo que felicitarte por la manera que llevaste éste medio siglo.  … De chiquita, bien aplicada en la escuela (menos un día que te escapaste llevada por un capricho de tu hermanito Jean-Marie). A los 15 años, ya te expatriabas del hogar familiar para encontrar en Bruselas una vida muy ocupada entre tus estudios de secretaría, tu ayuda a los scouts discapacitados, quienes, como lo demostraron el día de nuestro casamiento, te querían muchísimo. Tus estudios terminados, no perdiste tiempo para trabajar a la mañana en una casa comercial y a la tarde con el Doctor Carlier, encontrando tiempo para divertirte con tus simpáticos amigos. Realmente tengo que felicitarte para esta primera etapa.

Después viene la segunda: Entre tantos simpáticos jóvenes que habías conocido, te dejaste llevar, muy lejos de tu ambiente, en un país desconocido para vos y soportar un marido original.

Francamente, te estoy muy agradecido de haber aceptado un tal desafío. Por suerte aparecieron los chicos para alegrar la casa. Entre las múltiples tareas de la casa, siempre pudiste hacer tiempo para ayudarme en esta vida original en este lindo rincón de los Andes, pero donde las piedras son duras como en todas partes. Además ¿Qué tipo de actividades? … Pero de eso no hablaremos hoy.

Con Paul, Hélène y Édouard te queremos dar todo nuestro reconocimiento y afecto en este día con un pequeño regalo…  así que un brindis muy especial”.

El almuerzo terminaba con un helado de frambuesas y una torta que representaba el Volcán Lanín con la erupción de un chorro de chispas de su cráter. 

Antes de dejarnos, Mamy agregaba en nuestro libro: “Eso ocurrió el 25 de mayo del 2000. Durante los siguientes días, tuvimos un famoso temporal de nieve con la caída de árboles y ramas que nos dejaron con los caminos cortados, sin electricidad ni teléfono, pero que por suerte no impidió una última reunión antes de mi regreso a Bélgica”.

Mamy que siempre había venido en verano, conoció así nuestros inconvenientes de invierno.

  

 Mamy regresa a su departamento de Bruselas.

La nieve había llegado con tiempo para empezar la temporada invernal antes de las vacaciones. Lo que nos permitía  poner todo a punto antes de la afluencia de los esquiadores. Lo que no era común.

 

 El Club Andino Villa la Angostura inaugura la temporada 2000.

La situación ideal de la pista para debutantes en el nivel 1500, al lado del Restaurante Tronador y del Refugio del CAVLA. 

En ese principio de temporada inauguramos nuestra cuarta telesilla. El Centro se volvía muy funcional. Podíamos llegar al nivel 1500 de dos maneras distintas: por la Telesilla Principal o por la combinación Chaltén/Panorámica, lo que aportaba muchas ventajas. Entre las cuales, que en caso de un desperfecto de la Telesilla Principal, no íbamos a tener que cerrar el Centro.

 

 Asumir se ocupa del Estacionamiento de los vehículos.

Algunas semanas antes de la temporada había aparecido en Andalué Ariel Quintana, Presidente de la Asociación ASUMIR, dedicada a un Programa Terapéutico para las víctimas de adicciones. Ariel nos pedía la posibilidad de ocuparse de la Playa de Estacionamiento contra posibles propinas. Es así que a partir de esa temporada, durante cada invierno vinieron, bajo la dirección de un miembro del “Staff” (Silvio), varios jóvenes que se encontraban en final de tratamiento, para ocuparse de nuestro Estacionamiento.

Para aprovechar la nieve en la base, instalamos un pequeño telesquí para promocionar el deporte.

 

 Una pequeña pista para entusiasmar a los futuros esquiadores.

Otro buen arreglo fue un acuerdo con una chocolatería del pueblo (Benroth), dejándole colocar un kiosco de venta de chocolate, con la obligación de ofrecer informaciones a nuestros clientes.  

 

 Chocolate con informaciones.

Un evento importante durante agosto 2000, fue la presencia del Equipo Nacional Suizo de Slalom que vino a entrenarse en las pistas del Cerro Bayo. Habíamos recibido una oferta de dos hermanos suizos del Centro de Esquí Saint Luc en el Valais, para venir a ocuparse del mantenimiento de las pistas. Eran Blaise y Pascal Zufferey, Blaise como maquinista y Pascal como patrullero.  Nuestro personal se entendía bien con ellos y aprovechó sus conocimientos. Un día, Blaise me contó que conocía el Director del Equipo Nacional Suizo de Slalom que estaría interesado de venir a entrenar su equipo en el Cerro Bayo. El día siguiente el Director me llamaba, preguntándome si podíamos producir el tipo de nieve dura que necesitan y cuáles eran los productos que usábamos para eso. Le expliqué que no disponíamos de cañones para fabricar nieve y me preguntó qué hacíamos si no nevaba. No sabía cómo explicarle que estaríamos encantados de atenderlos, pero que nuestro Centro no podía compararse a los Centros de Saint Moritz o Zermatt, pero que habíamos conseguido el acuerdo de un excelente hotel con sala de gimnasia y una sala para preparar los esquíes a menos de 10 km del Cerro y que Blaise se comprometía a endurecer la nieve con agua y sal.

  

 Los entrenamientos bien temprano a la mañana.

En octubre del año 2000, retornaba a Suiza para conseguir materiales. Aproveché un día para conocer el pueblito Saint Luc, donde la familia Zufferey eran dueños del único Restaurante de la localidad. Paul y Antoinette tuvieron la gentileza de llevarme para mostrarme los alrededores. Se trata del Valle de Anniviers, vecino del Valle de Zermatt. En el siglo XIX, sus habitantes, de los cuales formaban partes los Zufferey, eran muy pobres. Los cultivos agrícolas se hacían solamente durante cuatro meses al año y las pocas vacas por familia alcanzaban apenas para alimentar todo el mundo. Los paisanos no se imaginaban que los ferrocarriles iban a dar de comer en abundancia. Pero en el Valle de los Zufferey los habitantes rechazaron la colocación de una vía ferroviaria por miedo que las locomotoras asusten a las vacas. Es así que el ferrocarril destinado al Valle de Anniviers se colocó en el valle vecino de Zermatt, haciéndolo famoso.

 

  Con Paul y Antoinette en el pueblo “Saint Luc”.

Blaise nos mostró su pueblo. Sus padres nos invitaron a almorzar con el entrenador del equipo suizo, muy contento de contar su estadía en Villa La Angostura con su equipo, todos habían quedado encantados de un tan hermoso lugar. 

En Flums, entre Zurich y Chur, pasé por la fábrica Bartholet, siempre bien recibido por Anton y Lisbeth. A pesar del problema del idioma, nos entendíamos. Quizás porque, Anton y yo, habíamos nacido el mismo año 1938. Anton hacia parte como yo de esta generación apasionada por la mecánica. A los 18 años, hizo su aprendizaje en la fábrica de medios de elevaciones “Städeli” y a los 24 años, al regresar a su pueblo, abrió un pequeño taller de afilado de cuchillos que poco a poco se transformó en taller de arreglos y fabricación de pequeñas máquinas para quintas. Su empresita se desarrolló rápidamente y en 1963 Anton contrataba tres empleados, entre los cuales su futura esposa, Lisbeth, como secretaria y chofer de camión. 

 

  Lisbeth y Anton en octubre del año 2000.

En el año 2000, el matrimonio Bartholet, ayudado de sus dos hijos, ya dirigía la empresa más importante de Flums. Nadie se imaginaba entonces que diez años después, bajo la dirección del hijo mayor, Rolando, una nueva fábrica Bartholet de telecabinas, teleféricos y otros medios de transporte se convertía en una de las más importantes de Suiza en esta especialidad, con más de 100 empleados, de los cuales hay 30 ingenieros. Quien hubiera imaginado eso en 1962, cuando el papá Anton afilaba cuchillos para ganar su pan de cada día. 

No siempre, Anton poseía lo que buscaba, pero sabía a donde lo podía encontrar. 

Otro proveedor que me esperaba era Germain, en su local de alquiler de esquíes en el Centro les Crosets. Excelente persona, pero víctima del alcoholismo. Cuando lo encontraba, no podía rechazar de tomar algunos vasos de bebidas fuertes antes de ponernos de acuerdo.

 

 Claude con Germain en su rental.

Llenábamos entonces el camión de Claude,  Germain anunciaba el precio que no discutí nunca y salíamos a la Estación de Monthey a poner los esquíes en contenedor uno por uno, anotando la marca, país de origen, dimensión, fijación, etc., de cada par, para hacer una factura con un precio superior al que se había pagado para que sea aceptado por la aduana argentina, que nunca hubiera aceptado el precio pagado realmente. Hubiera sido imposible hacer entender a un inspector de aduana que Germain, por no vender sus esquíes en sus alrededores, arriesgando que el comprador le haga competencia,  mandaba sus esquíes usados lo más lejos posible. Hubiera quemado sus equipos usados antes de venderlos en Suiza.

  

Durante los fines de semana, descubría Suiza, sus tradiciones y su gente. Un domingo, Paul y Antoinette me llevaron a las antiguas Arenas Romanas de Martigny para asistir a la final de los combates de vacas. Esa tarde la campeona iba a ser consagrada “La Reina” de las vacas del Cantón del Valais. Nunca me había imaginado tal espectáculo. Para conseguir el título de Reina, Campeona del Cantón, tenía que haber hecho retroceder todas sus adversarias, empezando por las de su manada durante la veranada en alta montaña, seguido de varias victorias contra Reinas de otras manadas. 

En el palco, todos no eran simples espectadores como nosotros. Muchos apostaban mucho dinero sobre su vaca preferida. Mientras la ganadora recibía modestamente su título de Reina, no era lo mismo para el propietario que se convertía en el paisano más importante del Cantón con su vaca que lograba valor de oro. 

Cerca de las Arenas Romanas de Martigny, visitamos una exposición de trabajos artesanales, realizados por los alumnos de una Escuela de Albañilería:     

 

 Obra de arte realizado por un alumno de albañilería.

En Suiza, después de los primeros años de estudios obligatorios, que son hasta la edad de 16 años, los jóvenes pueden elegir el aprendizaje de un oficio que practicarán como aprendiz del lunes al viernes en una empresa, seguido de cursos teóricos en el atardecer. Después de estos cinco años de aprendizaje con la aprobación de todos los exámenes prácticos y teóricos, reciben el diploma de maestro artesano en la especialidad que eligieron. Tienen entonces 21 años, con un sueldo cinco veces superior al  de un aprendiz. Después de estos cinco años, muchos siguen completando su formación, llegando en algunos casos a conseguir títulos universitarios en su especialidad después de una formación incomparable.

Después de esta corta estadía en Suiza, por haber cargado un solo contenedor, regresaba rápidamente a Villa La Angostura para encontrar la familia y aprovechar la primavera para emprender lo antes posible los distintos trabajos en el Cerro Bayo.

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