Jean Pierre Raemdonck y su historia: “La erupción del Volcán Puyehue”

Nuestra pobre camioneta Ford F100 debajo de la ceniza.

Compartimos un nuevo capítulo de la historia de Jean Pierre: «les quiero contar como vivimos la erupción del volcán Puyehue en el año 2011».

A finales del 2010, junto con Paul y Antoinette Glassey, acabábamos de hacer un agradable viaje al sur de Argentina y Chile. Habíamos pasado por el pueblo chileno «Chaitén» que había sido enterrado dos años antes por lava y cenizas del volcán homónimo, y cuyos habitantes, en su mayor parte, habían sido evacuados. Un espectáculo desolador. En ese momento, no imaginábamos que nos pasaría algo así acá en Villa La Angostura, tan solo unos meses después, afortunadamente no tan dramático. Un pequeño terremoto en Chile, ocurrido  el día 2 de enero del 2011, cuando los Glassey se fueron, fue sin duda un primer aviso de la presión que debía haber bajo la Cordillera. Nadie sospechaba que nuestro volcán Puyehue pronto expulsaría tanta ceniza a la atmósfera durante seis largos meses.

Comenzó el sábado 4 de junio alrededor de las 15:30 horas.

Si bien, es un fenómeno natural como la lluvia, el granizo o la nieve, el problema es que no estamos del todo acostumbrados a ello, porque solo ocurre cada medio siglo. Una vez más me di cuenta de que la naturaleza está bien hecha. Gracias a estas caídas de ceniza llenas de minerales, el suelo recibe lo que le falta. Esto no es instantáneo porque la ceniza tarda más de un siglo en descomponerse y nutrir el suelo. Esto ha estado sucediendo durante cientos de miles de años. Es así como al excavar el suelo descubrimos varias capas de esta ceniza volcánica que cayeron en diferentes momentos. Cuando llegué a Villa La Angostura en 1961, un año antes, en mayo de 1960, había ocurrido en el sur de Chile un gran terremoto seguido de una erupción volcánica. Las orillas del lago todavía estaban cubiertas de ceniza blanca que había caído al agua y había sido arrastrada por el viento hasta las playas. Las cenizas más pesadas se habían hundido en el fondo del lago, matando a los peces. En el pasto había una capa de esas pequeñas piedras pómez que el suelo aún no había absorbido a pesar de las lluvias y la nieve durante un año y medio.

El sábado 4 de junio del 2011, cuatro días después de la muerte del padre Héctor, había comenzado. Por casualidad, me había ido al Mirador de la Península Quetrihué a tomar fotografías. Hacia las tres de la tarde, el cielo se oscureció sobre la cordillera con el sonido de una tormenta. Cuando bajé del Mirador, pensé que estaba lloviendo sobre el lago. De hecho, llovían las primeras cenizas.

El principio de la erupción visto desde el mirador de Quetrihué.

Una vez en el pueblo, supe que la carretera internacional de Chile acababa de cerrarse. En menos de dos días, la columna de ceniza volcánica que se elevó a más de 12.000 metros de altura cubrió toda el área de Villa La Angostura con una capa de 10 a 15 cm. Durante el cual los truenos y relámpagos se repitieron cada 20 a 30 segundos. El pueblo se encontraba en alerta y Defensa Civil era liderada por el amigo David Tressens, con la ayuda de bomberos, guardabosques, municipio, policía, gendarmería, prefectura, etc.,  todos de guardia.

Las distintas radios brindaban a los residentes consejos sobre riesgos respiratorios y de otro tipo. Un terremoto puede ocurrir en cualquier momento. Lo importante es mantener la calma y si es posible quedarse en casa. Aproveché la oportunidad para hacer trabajos esporádicos mientras Bernadette cancelaba nuestro viaje a Europa. No podríamos haber viajado de todos modos porque la ceniza volcánica llegó a Buenos Aires y los aeropuertos seguían cerrados.

En nuestro barrio “Las Balsas”, el suministro eléctrico fue suspendido. Por lo que nuestro generador de 5 kilovatios nos ayudó. Además de mantener funcionando nuestro congelador, nos permitió improvisar un nuevo sistema de suministro de agua con una de nuestras dos bombas de jardín porque el arroyo donde normalmente tomamos agua estaba lleno de cenizas. El gran trabajo fue quitar las cenizas de los techos. Nuestro encargado Pedro, siendo bombero voluntario, se fue para ayudar a limpiar los débiles techos de los barrios donde las familias corrían el riesgo de quedar enterradas en sus casas. Solo apareció unas horas para descansar y se fue a toda prisa. Nuestro segundo empleado, Aníbal, que sufría de asma, salía lo menos posible, pero aun así vino a ayudarme a limpiar los techos de la casa y del taller.

En ese momento llegó Pedro con una camioneta y seis bomberos con uniforme y máscaras para limpiar el techo del aserradero.  Para remediar a la ausencia de uno de nuestros inquilinos, tuve la suerte de encontrar a un joven que me ayudó a limpiar su techo. Después me quedaba el techo de la cancha de tenis, que abarca más de 1000 metros cuadrados de superficie, que empecé a limpiar e interrumpí de momento por la llegada de una ceniza muy fina, nociva para la salud.  Mientras Bernadette, además de cuidar a sus discapacitados, formó parte del equipo de logística de la municipalidad desde el día jueves 9 de junio.

Edouard en Córdoba tomó el autobús rumbo a Neuquén donde lo esperaba Pablo para viajar hasta Villa La Angostura. Como la casa de Pablo y Hélène no tenía luz ni agua, Pablo había llevado a Hélène y los niños a Neuquén a la casa de un amigo. Santiago, que sufría de una tos fuerte, estaba atendido allí por un médico amigo de Pablo y Hélène. Apenas llegado a Villa La Angostura, Pablo colaboró con su máquina, para ayudar a limpiar las cenizas en varios rincones del pueblo.

Unas Compañías militares y otras entidades vinieron de otros lugares para ayudar.  Había una gran solidaridad entre todos los habitantes del pueblo y de los que vinieron a ayudarnos.

Los concejales municipales ayudando a depositar leña recibida, en el salón del concejo deliberante.

Como no hay historia sin anécdota,  durante la noche de lunes a martes, a las 2.15 a.m., Bernadette me despierta anunciando que Mirta (nuestra cuñada) le había advertido por su celular que había un rumor de que  podía ocurrir un terremoto. Medio dormido, no entendía nada y no quería creerlo, nunca había escuchado que un terremoto fuera predicho con tanta precisión. Sabía que los animales advierten a menudo unos minutos antes. Sin duda, sienten que el suelo vibra antes que nosotros. Finalmente tomamos la decisión de vestirnos y fuimos a sentarnos en el comedor para pensar.

El primer día de la erupción, prediciendo que podría ocurrir un terremoto, no habíamos ingresado nuestros vehículos en el galpón por temor que  colapsara. Bernadette, al tercer día al ver su auto cubierto de cenizas, lo limpió y lo entró. Pero temiendo el temblor, lo saqué mientras Bernadette preparaba unas mantas y algo de comida por si tuviéramos que refugiarnos en su coche. Pensamos que nuestra casa rodante nos sería de gran utilidad en este caso. Cuando todo esto se organizó, la transmisión de radio local anunció que era una falsa alarma, que había despertado a todo el pueblo. Defensa Civil realizó una denuncia penal al autor de esta broma de mal gusto.

Una segunda anécdota que esta vez no fue broma es la de las elecciones provinciales previstas para el domingo 12 de junio del 2010. Todos imaginaban que se iban a postergar, pero el gobernador insistió en que se realicen. Como resultado, todos los que vinieron a ayudar desde otras partes de la provincia tuvieron que regresar a sus hogares y no iban a poder regresar a Villa La Angostura antes del martes. Lo que incluían a técnicos eléctricos, militares, policías y rescatistas de todo tipo. Además, las autoridades del pueblo insistían en que la gente se quede en casa.

Nuestro hábil electricista José Cardenas en acción.

Edouard, apenas llegado, se unió a su segunda familia (la de los bomberos voluntarios) y ayudó al personal de EPEN a limpiar los transformadores y líneas eléctricas cubiertas de ceniza, que cuando están mojadas hacen un excelente conductor de corriente eléctrica. Lo que provoca cortocircuitos y deja al pueblo sin electricidad. Llovió la mayor parte de la segunda semana una mezcla perfecta de agua y cenizas que estropeó todo. Sobre los parabrisas de los coches se acumulaba una pasta arenosa y teníamos miedo de usar los limpiaparabrisas. Debíamos rociar continuamente el parabrisas con una botella de agua para ver con claridad. Después cuando paró la lluvia aparecieron nubes de cenizas blancas. La visibilidad era inferior a 100 metros. Era como una tormenta de nieve.

Sábado 11 de junio: “Varios caminos están cortados por las inundaciones y deslizamientos de cenizas y barro, ahora el volcán comienza a rugir nuevamente con fuerza. Lo que da miedo. Bernadette y Edouard acaban de llegar a casa cansados. Edouard finalmente se da una primera ducha desde su llegada de Córdoba y luego regresa al cuartel de bomberos. ¿Cómo irán los votantes a las elecciones de mañana? Las escuelas del pueblo, terminarán llenas de cenizas después del paso de tanta gente. Como si retrasar las elecciones durante 15 días cambiara los resultados de las elecciones. Quien no haya votado se arriesga a una  multa”.

Hoy, sábado 18 de junio: “Ha pasado una segunda semana. La ceniza cae muy disminuida y se convierte en un polvo fino, comparable al cemento por su peso, color y textura. Esto mezclado con la lluvia aplasto los techos y los árboles, lo que provocó daños en el pueblo. Muchos árboles y grandes ramas cayeron sobre las líneas eléctricas y telefónicas. Es así, que ahora estamos sin comunicación y con pocas esperanzas de que se restablezca la energía eléctrica. Nuestro generador «Honda» es útil, especialmente ahora durante estos días los más cortos del año”.

El pueblo ha estado sufriendo estos problemas con las líneas eléctricas y los teléfonos colocados entre los árboles durante más de 50 años. Cada tormenta de nieve es un desastre. Hemos sufrido esto en el Cerro Bayo. Cuando nevaba nos encontrábamos sin electricidad.

Los caminos por los que se encuentran estas líneas son ahora verdaderos túneles de vegetación aplastada bajo el peso de las cenizas.

Afortunadamente, la nieve aún no ha llegado. Dondequiera que he observado líneas eléctricas, nunca he visto instalaciones aéreas tan cerca de los árboles. Con suerte, esta vez nuestros funcionarios ambientales finalmente lo entienden.

Esta semana me quedé en casa ocupándome de la electricidad, del agua y de los techos. Afortunadamente, unos amigos vinieron a ayudarme para el techo del tenis y apareció Edouard con un equipo eficiente de bomberos   y un oficial del ejército.  En una hora, limpiaron la mitad del techo.

Esta ceniza, una vez en el suelo, alrededor del tenis formó un montículo de más de un metro de altura que moví con pala para evitar que la cancha se inundara con la primera lluvia. Fue un buen entrenamiento  para el tenis. Los jugadores volvían poco a poco cuando no había demasiada ceniza en el aire.

Mi entrenamiento de tenis.
Primer partido de tenis con el amigo Fernando, dos semanas después del principio de la erupción
Bernadette en el municipio.

Su principal labor era emitir pedidos para la compra de combustible y todos los elementos solicitados por los equipos de rescate, para el ejército, bomberos y otros voluntarios, así como para los trabajadores municipales. Como en estos casos siempre aparecen aprovechadores, hay que mantener los ojos abiertos. Y encuentra tiempo para tejer mantas para «Caritas», visitar a sus tres discapacitados y cuidar la casa.

Edouard  trabajó a full con  los bomberos, en el mantenimiento de los vehículos (especialmente limpieza de filtros de aire), limpieza de tendidos eléctricos, limpieza de techos, más un incendio y un accidente (brazo roto al caer de un árbol),… no le faltó trabajo.

Por mi parte, seguía yendo, como todos los martes, a “Asumir”, para dar mis dos horas de clase semestral. Mis alumnos estaban  muy apasionados por la historia de nuestro planeta desde su nacimiento hace 4.500 millones de años, durante los cuales la tierra conoció varios millones de terremotos y erupciones volcánicas, por el hecho que nuestra tierra es una ex estrella apagada, pero con su núcleo todavía incandescente, produciendo gases que se escapen con lava y cenizas.

El martes continuaré dándoles algunas nociones sobre los átomos, la ley de la gravedad, los satélites y los viajes espaciales. Me obliga a estudiar, lo cual es tan apasionante para mí. Mis alumnos son de edades muy diferentes (entre 14 y 50 años), niveles intelectuales y habilidades también muy diferentes.

Desde el año 2007, trato de mantenerlos con el mismo interés durante su tratamiento que dura de 18 a 24 meses. Principalmente trato de motivarlos para que lean, estudien y si es posible, aprendan un oficio, si todavía no lo tienen.

También armamos una máquina para fabricar ladrillos con arena volcánica.

Los moldes para la fabricación de ladrillos volcánicos.
Nuestra maquina “vibradora” Home-Made para fabricación de ladrillos.

Para enseñarles a trabajar con las manos habíamos construido el año anterior el taller de carpintería, donde nuestro buen maestro carpintero (Juan Krykalo) les hacía participar en diversas obras de construcción y mantenimiento de los edificios.

La carpintería ASUMIR en plena actividad.

La mañana del domingo 19 de junio del 2011, día del padre, Bernadette me regaló una hermosa caja de chocolates. Como debió de estar en su trabajo en el municipio, fui solo a la misa de las 11 horas. Nuestro Obispo había venido en autobús desde Neuquén para animarnos durante esta erupción. Celebró la misa con el Padre Federico y otro sacerdote. Como nuestro primer obispo Jaime de Nevares, Don Marcelo respira la alegría de vivir y sabe comunicarla.

Con Don Marcelo, Santiago Perrotta y el  Padre Federico.

Sábado 25 de junio del 2012, escribe Bernadette:

“Vivimos una tercera semana de erupción. Seguimos sin electricidad. El lunes 20 de junio, fiesta nacional en homenaje al General Belgrano creador de la bandera argentina, participamos del acto oficial donde se reunieron todas las fuerzas activas presentes en Villa La Angostura: soldados, gendarmería, policía, prefectura naval, parque nacional, bomberos voluntarios, etc., sin olvidar a las autoridades municipales y varios vecinos.

Edouard durante el izamiento de la bandera el lunes 20 de junio 2011.
El Intendente Ricardo Alonso saludando los numerosos voluntarios.
Nuestra concejal Angélica Roche tomando chocolate caliente con los soldados

Los primeros tres días de la semana, tuvimos suerte, el clima estuvo bueno y esto a pesar de que el hongo de cenizas del volcán se elevó a 8000 metros.

Afortunadamente, «para nosotros» las cenizas volaron hacia el lado chileno. Y lamentablemente “para nosotros”, el miércoles por la tarde, el viento cambió y una nube de fina ceniza volvió a caer de nuestro lado de la Cordillera, hasta la noche del jueves a viernes.

El buen tiempo del miércoles nos permitió reparar nuestra línea telefónica y así estar nuevamente conectados a INTERNET.

Hemos barrido varias veces la cancha de tenis donde nuestros jugadores están reapareciendo. Como nosotros, se están acostumbrando a este nuevo entorno.

Desde que comenzó la erupción, muchos han abandonado el pueblo, dejando sus hogares, que se han convertido en presa fácil para los ladrones que no pensaron que las marcas de sus zapatos y neumáticos estuvieran atrapadas en las cenizas. Estas huellas fueron fotografiadas por la policía que, por lo tanto han podido encontrar más del 50% de los objetos robados.

Ayer por la tarde llegó un camión lleno de comida, mantas, colchones, etc., para ayudar al pueblo. Le pedimos a la parroquia, un espacio donde podíamos depositar estas cosas y descargamos el camión en la escuela de las hermanas. Ayudamos a organizar la distribución. Lo cual no es tan fácil, teniendo en cuenta que siempre hay aprovechadores, más rápidos que los que realmente los necesitan.

Esta mañana, mientras Bernadette estaba ayudando a un grupo de la parroquia a empacar la comida, yo estaba haciendo la distribución a domicilio con  Susana Martínez, ex maestra, quien conocía a todos los pobladores.

No es fácil juzgar casos prioritarios. Además, muchos ya estaban en la miseria antes de la erupción y ahora sin duda agradecen al Cielo por enviar cenizas seguidas de comida y mantas. “No hay males que por bien no venga” y alabado sea Dios si esta erupción alivia un poco su miseria.

Hoy, miércoles 6 de julio del 2011, las cenizas siguen cayendo pero no de manera constante y mucho más fina. El viento también participa en esta distribución gratuita. Todos reciben su parte. El volcán nos hizo comprender que si hemos optado por vivir en su entorno debemos saber soportarlo y agradecer a Dios que aún no hemos sufrido grandes terremotos; mil veces mejor una erupción que un terremoto.

En realidad, no tenemos nada de qué quejarnos. Después de 20 días sin corriente eléctrica, esta energía tan útil  regresó. Recordé mi infancia en la finca de Zarren donde solíamos encender una sola lámpara de queroseno. La luz del sol marcaba nuestras vidas y  éramos muy felices.

El domingo debía llegar un segundo camión de comida, mantas, pañales, etc., pero llegaron dos, no lo podíamos creer. ¿Dónde íbamos a poner toda esta mercadería? Como teníamos que liberar los camiones lo más rápidamente posible, descargamos todo en el salón parroquial con el compromiso de retirar todo antes del fin de semana para la celebración de la misa dominical. Ahora Bernadette está ayudando a mover todas esas cajas de leche, arroz, fideos, etc. Tenemos que administrar todos estos alimentos lo mejor posible, sabiendo que la economía del pueblo no se recuperará hasta dentro de varios meses. Y las “ratas” no deben aprovechar la oportunidad. En realidad, la miseria en el pueblo no es comparable a la de los «barrios marginales» alrededor de las grandes ciudades como Buenos Aires, Neuquén o incluso Bariloche donde hay miles de desafortunados en muy poco espacio. Aquí, en general, cada familia tiene su hogar. Esto va desde la cabaña de madera y cartón muy rudimentaria hasta la casa construida con ladrillos y cemento, algunos de las cuales son pequeños chalets bastante cómodos. Algunos cuidan su propiedad y otros menos. En general, es más bien un distrito en desarrollo con sus pequeños talleres y pequeñas empresas, rodeadas de personas que trabajan para el estado o en turismo  y otras actividades.

Pese a todo, el Centro de Esquí Cerro Bayo ha decidido abrir este próximo fin de semana. Digo a pesar de todo, porque además de la erupción, la semana pasada, se incendió por completo un edificio, ubicado a 1500 m. que incluía un gran transformador y un generador de 260 caballos de fuerza. Sin esta central eléctrica, el centro no puede funcionar. Además, es poco probable que el aeropuerto de Bariloche esté abierto el viernes como estaba planeado. Sin mencionar que realmente hay muy poca nieve y que está cubierta de ceniza, lo que no es ideal para este deporte. Francamente, no veo cómo atraer a los fanáticos de los deportes de invierno en estas condiciones. Quizás estas condiciones puedan cambiar antes de finales de julio. Mientras tanto, esperamos el final de los caprichos de nuestro volcán con otra anécdota vivida durante estos meses de incertidumbres.

Un día, nos llegó la noticia que la Presidente de la Nación la doctora Cristina de Kirchner había comunicado en la prensa que nuestro problema de erupción era puramente psicológico, pero que se ofrecía a colaborar con una ayuda de la Nación para financiar la limpieza del sendero que lleva al Bosque de Arrayanes. Lo que representaba un lindo gesto de colaboración. Pero cuando apareció el cartel anunciando esta limpieza, no podíamos creer la suma sideral del presupuesto. ¿Cuántas de nuestras pequeñas empresas locales hubieran efectuado esta limpieza por muchísimo menos dinero?

Desgraciadamente, así es la generosidad de algunos de nuestros dirigentes, cuando colaboran con el dinero de los contribuyentes.

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