Orígenes y breve historia del Paseo de los Artesanos de Villa la Angostura

El artesano Norberto Diuorno, Alcira López de Palavecino, junto a Raíl Baeza, primer cartero del pueblo y Nahuel Diuorno. Foto: Mechi Palavecino 1997.

Villa La Angostura es un hermoso lugar turístico, ubicado al Sur de la provincia del Neuquén. Actualmente se encuentra habitada por aproximadamente veinticinco mil personas, sin embargo, históricamente, su distribución poblacional ha sido muy variable y especialmente reconfigurada luego de la mal llamada “campaña del desierto” a finales del 1800. En su segunda presidencia, el General Roca, decide crear en la región del Nahuel Huapi una colonia agrícola-ganadera, que vio su nacimiento oficial en 1902. A partir de allí comienza una nueva forma de habitar este paisaje al establecerse la nueva oleada migratoria que estaría representada en gran parte por colonos de diversos lugares del país y del mundo.

El Nahuel Huapi desde hacia siglos formaba parte de los circuitos económicos trazados por los pueblos originarios y los asentamientos europeos y criollos que se vinculaban con la región. Si bien en la colonia se vivía principalmente de la agricultura y la ganadería en pequeña escala, comenzaron a fortalecerse empresas que apostaron a la economía local, algunas de las cuales fueron financiadas por capitales trasandinos. Con la creación de la Dirección de Parques Nacionales en 1934 por el Dr. Exequiel Bustillo y del parque Nahuel Huapi, se da un cambio rotundo a la estructura económica de la región y se establece que el modelo agrícola-ganadero debía comenzar a reemplazarse por el turístico, haciendo hincapié en las bellezas naturales propias de la región y apuntando a generar espacios de disfrute para un turismo de elite.

Los primeros pasos hacia la nueva formación económica fueron muy difíciles, sobre todo porque no había mucha afluencia de turismo debido la falta de caminos y rutas que facilitaran el acceso a estos lugares, tan alejados de Buenos Aires, lugar de origen de la mayoría de los visitantes que llegaban a la zona.

Los primeros trenes llegarían a Bariloche en 1934, gestionando Exequiel Bustillo la construcción de caminos de tierra hacia la zona norte del Nahuel Huapi, lugar en el que se instalarían dos de las Villas turísticas proyectadas por Parques Nacionales: Villa la Angostura y Villa Traful. La traza y apertura de caminos se gestionaría desde la recién creada Dirección Nacional de Vialidad, a cargo de Allende Posse, amigo personal de Bustillo.

La escasa población (aproximadamente 300 habitantes a principios de 1930 y contabilizándose 1958 habitantes en el censo de 1960) vivirá  dependiendo del empleo público, municipal, provincial o nacional, y del comercio en pequeña escala, además de la agricultura y ganadería de subsistencia. El turismo, con el correr del tiempo irá también redefiniéndose, acorde a las diferentes políticas de gobierno del momento. Este no es un dato menor, ya que los intereses, gustos y necesidades de los visitantes, también irán diversificando en parte, la oferta de productos a brindar.

Llegamos así a la década de 1980, cuando en la gestión de gobierno del  Intendente Mariano Simbeni (1983/1987) se comienza a reglamentar el espacio público y por primera vez a regular la “Feria de productos de granja, artesanales y regionales”, por Ordenanza 239/85.

En un primer momento se diferenciaron Artesanos de Productores, considerándose a los primeros, aquellas personas que producían objetos de carácter estético-decorativo y los segundos, aquellos que elaboraban productos para uso y consumo (perecederos), caracterización que por supuesto fue orientativa y general, y teniendo en cuenta que en muchas ocasiones los artesanos también eran productores.

Entre los primeros artesanos se encontraban Susana Erdmann (tejido y telar mapuche) y Pedro Di Lorenzo (platería), quienes narran que en un primer momento comercializaban sus artesanías en la Avda. Arrayanes, en el espacio comprendido entre la familia Fromhertz y la Inmobiliaria Inamot, contando con el permiso del Sr. Fejes, dueño de la misma en ese tiempo. Se sumaron a ese espacio Rita Pen con su esposo José Bretón y Pedro Cárdenas. Comentan también que los comerciantes en la avenida en ese tiempo, que no serían mas de diez, se molestaron por esta forma de venta que dijeron afectaba sus intereses y realizaron una fuerte denuncia contra ellos, con graves acusaciones. Frente a este hecho, la Sra. Marga Moure, integrante del gobierno municipal, decidió legalizar el trabajo de artesanos y productores, y los convocó a ocupar una vivienda que actualmente es el Registro Civil, para que se organizasen allí, conformándose allí con el tiempo la Casa de la Cultura. Recuerda la Sra. Di Lorenzo que en ese espacio se realizaron innumerables actividades culturales, acompañadas por la gestión de la Sra. Moure quien organizaba, desde Turismo Municipal, que las trafic con turistas estacionaran allí, con el fin de que participaran de las actividades y compraran los productos ofrecidos. Ya como Intendente, la Sra. Moure (1987/1991) continuará apoyando estas actividades, generando encuentros de artesanos y productores y posibilitando que los mismos pudiesen viajar a otros lugares de la provincia y promocionarse.

Otros de los primeros artesanos fueron Mariela Seguí y Gerardo Ghioldi (artesanías, muñecos y títeres de tela), Gino Martínez (artesanías en madera), Carlos Manosalva (maderas torneadas) y Pedro Cárdenas (artesanías en nudos y madera).

Los productores en ese tiempo eran Pedro Cárdenas, con la marca Pudú Pudú (dulces, licores y escabeches regionales), Analía Olloarce y Héctor Pino (escabeches y chacinados de ciervos, jabalíes y otros animales del lugar, quienes tuvieron el primer ahumadero del pueblo), Marta y Claudio Vega (productos lácteos de su granja), Mariela Seguí y Gerardo Ghioldi (chutney,  dulces y licores) y Segundo Cárdenas (productos de granja). Según narra Analia Ollarce, los  productores en esos primeros tiempos se reunían en la “Granja Vega”, en la zona del Puerto.

Durante la gestión municipal de Mariano Barria (h) (1991/1995), este espacio que reunía a los artesanos se incendia. Se define reubicar al grupo en uno nuevos puestos de madera, instalados en la Plaza de los Pioneros, frente a Gendarmería Nacional. Recuerdan los artesanos que, a pesar de estar cerca de la avenida, las ventas eran muy escasas ya que los turistas en general no llegaban hasta el lugar. Frente a esta situación, el ejecutivo decide trasladar las casitas de madera al predio que ocupa actualmente el Paseo de los Artesanos, detrás de la Terminal de Ómnibus, entendiendo que era fundamental encontrar un espacio que fomentara, de manera organizada, las ventas tanto de los pequeños productores como de los artesanos, que comenzaban a ser reconocidos y solicitados por los turistas que visitaban la región.

Comenzó a aumentar para estas épocas también el turismo que visitaba la localidad, acompañando las necesidades mismas de una población que iba progresivamente en aumento (según el censo de 1980 se cuenta con 2566 habitantes, y en el de 1991 con 4181 habitantes).  En ese tiempo no había en la localidad comercios específicos que vendiesen artesanías y productos locales, exceptuando “Las Brujas” en plena Avenida Arrayanes (de Graciela Arakelian y Alejandro Wolter) y tiempo después “Cug Hue” (de Adriana Verdecchia) en Barrio Las Balsas y Steinhaus (Rita Pen y José Breton) . El Paseo de los Artesanos históricamente ha funcionado en la región como impulsor de proyectos a pequeña escala, que en muchos casos permitió generar emprendimientos privados de mayor escala que aún hoy se sostienen en el tiempo. Algunos ejemplos de artesanos que comenzaron sus primeros pasos en el Paseo y actualmente pudieron instalar sus emprendimientos en otros espacios:

-Mariana Real y Diego Sierra (Cerveza Epulafquen), quienes llegaron a nuestro pueblo en 2001, decidieron producir cervezas patagónicas y en 2003 se integraron al Paseo para comercializarlas, durante cuatro temporadas aproximadamente. Recuerda la Mariana que había una Sociedad Rural de Villa La Angostura en ese tiempo, y que ellos firmaron el convenio para integrarse al espacio. Que estar con el público, con las personas que conocieron en el paseo y los contactos que se fueron generando alli, posibilitó en parte su crecimiento como emprendimiento. No pudieron sostener el espacio en el paseo, ya que el aumento de su producción imposibilitó poder estar atendiendo su puesto y se establecieron por cuenta propia, prescindiendo de aquel espacio.

-Rita Pen y José Breton (Casa de Artesanías STEINHAUS), tuvieron un puesto allí y con el tiempo alquilaron durante muchos años un local de artesanías en una galería céntrica.

-Irene y Claudio Baraona (Casa de Artesanías HARAPOS PATAGONIA), vinieron desde Buenos Aires a principios del año 2000. En uno de los puestos del paseo ofrecían sus tejidos en telar con variedad de lanas. Irene mencionó que al llegar aquí trabajaba con lanas con acrilico, y que, luego de algunas charlas mantenidas con la Coordinadora de Cultura en ese momento, Adriana Verdecchia, entendió que podría darle a los tejidos otro valor al ir incorporando lanas de animales autóctonos. Es interesante la mención de que en ese momento se discutía en el paseo la diferencia entre “manualista” -persona que incorpora un 30% de trabajo a la materia prima- y “artesano” -incorpora un 70% de trabajo al material-. Los Baraona permanecieron en el Paseo desde el 2004 hasta el 2007, fecha en que  alquilaron un local en la avenida que mantienen hasta la actualidad.

El turista que visita la localidad, y esta es una práctica que se sucede a nivel mundial, pretende llevarse algún “recuerdo o souvenir” que testimonie su paso por el lugar. La demanda de artículos regionales característicos que no se compren en otros lugares fue creciendo, incentivando a generar una oferta con sello propio que fuera diferenciando a Villa la Angostura de las localidades vecinas de San Carlos de Bariloche, El Bolsón y San Martín de los Andes y que a la vez fomentara el comercio local.

Durante la gestión Barria, se realizaron dos convenios, uno con los artesanos y otro con los productores, fijando las condiciones para el uso del espacio cedido por el municipio. Según testimonio de Marisa Vairolatti -quien junto a su esposo, Carlos Ferreyra, trabajaban el cuero y la madera- era necesario contar con dos años de antigüedad en el pueblo para poder comercializar sus trabajo en el paseo. Esta práctica proteccionista fue cambiando con el paso del tiempo, hoy se necesita solamente un año.

Según los registros, para 1995 se encontraban trabajando en el Paseo los siguientes artesanos y productores: Pedro Cárdenas, Marta y Claudio Vega, Marisa y Carlos Ferreyra, Julia Saux (panes, dulces y escabeches), Flia. Abregu, (quesos tipo Pepatto, que eran bolitas  de queso producido con leche de vacas Jersey, de su propiedad,con pimientas o pimentón), Norberto Diuorno (trabajos en plata y maderas pirograbadas, haciendo retratos en base a fotografías o copias de cuadros famosos, como el Guernica, de Picaso), Sr. Waldo Fortunio (arreglos florales y adornos de maderas), Sra. Vecqui (hilados y tejidos manuales) y Claudia Bordini (licores y vinos de montaña, muy famosos a nivel internacional, según el canal  “El gurmete”).

El Paseo en ese tiempo era un lugar abierto, con puestos pequeños que funcionaban bien durante el verano, principalmente si había clima cálido, pero sumamente dificultoso en épocas de lluvia y frío. Por esta razón, tanto artesanos como productores solicitaron al municipio la posibilidad de techar el lugar. Ante la falta de respuesta, los productores, en asamblea, decidieron, después de la temporada de verano, comprar las chapas para resolver el problema, decisión a la que no se sumaron los artesanos. Las diferencias se sobrellevarán con el tiempo al comenzar a fortalecerse este espacio que fue tomando identidad propia.

Si bien en un comienzo, las temporadas eran reducidas, y el tránsito turístico que visitaba el Paseo sucedía en verano, luego del 2001, hubo un cambio drástico en la demanda de los visitantes. La crisis nacional, generó, entre muchas otras cosas, una circulación fronteriza masiva, instalando a nuestra localidad como uno de los puntos de consumo y venta más importantes para el turista chileno, debido fundamentalmente a nuestro paso Internacional, el Cardenal Samoré, que tiene la particularidad que esta abierto durante todo el invierno, a diferencia de otros pasos fronterizos que se cierran si las nevadas son muy fuertes. Este hecho elevó las demandas de los turistas y fortaleció el trabajo del artesanado y los productores, que ya eran reconocidos en los circuitos turísticos regionales y transcordilleranos.

El Municipio, años después, entendiendo que era una medida necesaria para optimizar el recurso, techará la totalidad  del paseo y realizará la instalación de su iluminación. En 2004, luego de muchas marchas y contramarchas, se aprueba la ordenanza Nº1427/04 que reglamenta el uso del paseo, complementada meses después por la ordenanza Nº1715/05.

En ese tiempo, recuerdan que pasaron por el paseo  Clara Ojeda (tejidos), Carlos Stadlin y su esposa (decupage), Eduardo Iglesias (lámparas y pantallas), Rubén Ortega (trabajos originalísimos en madera), Laura Cruz (duendes, lapiceros y otras artesanías en parcec), entre otros muchos artesanos. Cabe resaltar aquí que con la crisis del 2001, el paseo de los artesanos fue un elemento de contención social y una salida laboral para muchas personas que quedaban sin trabajo y posibilitó sobrellevar en mejores condiciones, la difícil situación económica.

La constitución del Paseo de  Artesanos y Productores como tal, se convirtió en un atractivo turístico fundamental para la localidad. Muchos de los artesanos y productores que formaron parte de él, comentan que estar trabajando allí les permitió poder ir comprando los implementos y/o maquinarias con los que montarían sus próximos emprendimientos, además de permitirles  establecerse de forma autónoma. Algunos de ellos continúan permaneciendo en el Paseo.

Entre los artesanos y productores que se fueron incorporando al paseo con sus trabajos en los últimos tiempos, se encuentran nuevos emprendimientos, cerámicas, oficios gráficos, diseños textiles.

Hoy, tanto artesanos como productores se reconocen como “Trabajadores de la Economía Social”, identidad superadora que permite evidenciar el fortalecimiento de un amplio sector de la sociedad angosturense que ha logrado visibilizar y pone en valor prácticas, saberes y sabores que ponen en el escenario regional a nuestra localidad.

Recientemente el Gobierno Nacional a través del Plan Federal de Ferias, dependiente de la Dirección Nacional de Políticas Integradoras del Ministerio de Desarrollo Social, los reconoce como Prestadores Turísticos, pudiendo aceptar el pre-viaje.

Mercedes “Mechi” Palavecino

Museóloga jubilada

Profesora de Historia UNComahue

  • ENTREVISTADOS/ CONSULTADOS

Irene y Claudio Baraona

Claudia Bordini

Pedro Cárdenas

Susana y Pedro Di Lorenzo

Norberto Diuorno

Carlos Ferreyra

Gerardo Ghiodi

Gisela Millán y Julián Isacch

Gino Martínez

Analía Ollarce

Marisa Vairolatti

 

 

 

 

 

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